16 feb. 2026

CNC

A pocos meses de la partida del último de la soldadesca brasileña que ocupó Asunción y convirtió el Palacio de López inconcluso en una caballeriza humillante luego de la muerte del Mariscal en 1870, un Gobierno débil decidió una apuesta fuerte: Reconstruir el Paraguay desde la educación. Era el 4 de enero de 1877 cuando se fundaba el Colegio Nacional de la Capital.

Eso fue hace 149 años y el país era un gran osario arrasado por una guerra genocida que había convertido en holocausto a todo un país. Fueron en serio con la educación. No tenían directores que podrían conducirlo porque el 85% de la población había sido aniquilada.

Hicieron una búsqueda internacional y contrataron a un mexicano de apellido Escudero para que fuera su primer director. Para motivar, él recibía el segundo mejor salario del país luego del presidente de la República. Muy por encima de sus ministros y legisladores convocaron a los mejores jóvenes de todo el país en un centro de excelencia para reconstruir el Paraguay.

El CNC fue la semilla germinal de la nueva República del Paraguay que nació del gran cementerio que era el país después de la Guerra Grande. Fue la primera y gran apuesta del país en la educación. Esta que daría sus frutos para apurar años después la habilitación de la Universidad Nacional de Asunción en 1889. Fuimos el ultimo país en tenerla en toda América.

El Colegio Nacional de la Capital camina hacia la celebración de sus 150 años que fue el renacer de un país vencido, humillado y muerto.

De sus aulas salieron hombres y mujeres notables. Fue mixto, luego solo de varones y ahora volvió a ser mixto para reducir los niveles de violencia y alta presencia politiquera en sus aulas.

El colegio tuvo de todo. Anarquistas, derechistas, izquierdistas y sin orientación política.

Era imposible no participar en la vida pública si los compañeros traían consigo una realidad que muchas veces nunca nos habíamos dado cuenta de la carga de injusticia y desigualdad que tenia el país. Venían de todos los rincones y era un orgullo haber sido admitido en sus aulas. Las madres y padres madrugaban la apertura de las inscripciones.

Había que tener un promedio 9 de 10 en las escuelas y el ministro de Educación del tirano Stroessner temía tanto a su director Vasconcellos que rechazaba todo pedido de recomendación para el ingreso de algunos.

Toda su plantilla de profesores era integrada por gente venida de los claustros universitarios y la perspectiva del aprendizaje hacia posible que todos pudieran ingresar con facilidad a las universidades con sus cupos limitados y sus exámenes de ingreso rigurosos. Nadie en ese colegio no creía que podía llegar a las cúspides más altas del conocimiento.

Altamente politizado, el territorio se disputaba entre los adláteres de la dictadura en su centro de estudiantes que lleva el nombre de una fecha cuando estudiantes fueron acribillados frente al Palacio de Gobierno por pedir una reacción más vigorosa ante la invasión boliviana del Chaco Boreal. Ahí en esas aulas se hablaba de levantarse contra la dictadura, se aprendía civismo y se leía mucho.

Nunca olvidaré la apertura de la biblioteca moderna en 1975 y la posibilidad de leer La guerra y la paz, de Tolstoi que le volaba la cabeza a cualquiera que se animara a esa voluminosa y fascinante novela de la historia humana. El CNC era el gran colegio público en medio de un gobierno que invertía un miserable 1% del presupuesto en educación.

Nunca hemos sentido que fuéramos menos en todas las oportunidades académicas que tuvimos en el mundo y eso se construyó como convicción colectiva en un colegio surgido de las cenizas para convertirse en leño que diera vida a un nuevo país.

Hoy el colegio se encuentra intervenido por el MEC y las obras de reconstrucción del edificio siguen en marcha.

Es el gran momento de recobrar el sentido original que tuvo en nuestra historia, aplicando una currícula innovadora, asociándola de nuevo a los profesores de la UNA y dejar de lado la chapucera y mediocre política partidaria que lo rebajó y lo hundió. Fui egresado de la promoción del centenario del colegio en 1977 y ahora rumbo a los 150 años de su fundación, el CNC debe volver a ser glorioso, digno y orgulloso portaestandarte del renacer de la educación del Paraguay.

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