12 abr. 2026

Macarena y Almudena Ruiz: “No imaginamos una Semana Santa sin Tañarandy”

Las hijas de Koki Ruiz. Macarena y Almudena no dudaron en continuar con la tradición de Tañarandy, la cual retrata la Pasión de Cristo del Viernes Santo.

Koki Ruiz dejó los legados vivientes más importantes: sus hijas, Macarena (38) y Almudena Ruiz (28), quienes desde chicas acompañaron a su padre en todo lo que significa Tañarandy y, tras su fallecimiento en el 2024, tomaron la posta con valentía y ayuda de toda su familia.

“Mi papá falleció en diciembre y la Semana Santa fue en abril, o sea que nos quedó cerquita. Mi hermana y yo quedamos al frente y en medio del duelo tuvimos que decidir, pues ninguna de las dos imaginamos una Semana Santa sin Tañarandy; no queríamos que se pierda y sentimos que debíamos continuar”, recuerda Macarena.

Ella es pintora, desde pequeña le gustaba dibujar, le gustaban las historias, los cuentos, las películas y dibujaba lo que veía en ellas. Entre los sueños de la joven y la familia en sí está crear la Fundación y Museo Koki Ruiz para que la gente conozca el trabajo que él hacía, sus pinturas e historia. “Con la Fundación nos gustaría dar talleres, charlas para formar a gente que esté interesada; por ejemplo, en la talla en madera, conocer más sobre las reducciones, teatro, etc.”, comenta Macarena.

Lo que más recuerda de su niñez es la unión familiar. “Recuerdo a mis primos prendiendo los candiles, recorriendo el Yvága Rape y la cantidad de gente que venía a colaborar”, detalla.

Por su parte, Almudena es docente. Desde chica también quería ser pintora, porque era lo que veía hacer a su papá. Entre sus sueños está realizar un documental sobre Tañarandy. “Me quedó pendiente el deseo de hacer un documental con mi papá. Como yo estudié cine en algún momento de la universidad, hice un trabajo sobre el Viernes Santo de Tañarandy. Fue un pequeño borrador que a mi papá le había gustado mucho; entonces desde ahí ambos hablábamos de hacer algún día un largometraje documental”, relata.

“Yo fui grabando cosas a lo largo de este tiempo, cuando él todavía estaba con vida, pero eso se interrumpió con la enfermedad. Después él se fue, pero me doy cuenta de que a mí todavía me queda ese deseo, quizá con más razón por el deseo de preservar su vida en un documental”, añade.

Para ella, la decisión de continuar con el legado de Koki fue algo muy automático, en el sentido de que las dos están muy arraigadas a todo lo que significa este evento. Aunque confiesa lo duro que resultó el duelo.

En su infancia, su padre la hacía participar de los cuadros vivientes, lo cual le encantaba, un año actuaba de angelito y otro año de otro personaje. “Yo recuerdo las noches de luna llena en las que ensayábamos en el frente de la barraca y había un montón de gente mirando; era algo especial y lo sigue siendo hasta hoy”, confiesa.

Logística

Muchas personas están involucradas en la organización de este tradicional encuentro. Las hermanas están en la logística, luego están quienes preparan la escenografía de cuadros vivientes, la luminaria, la gente que prende los candiles, los que actúan en los cuadros vivientes. Hay personas de la comunidad, de instituciones, funcionarios de la ANDE que deben apagar las luces, bomberos que ayudan con el descenso de Cristo y otras escenas. “Se podría decir que estamos más de 100 personas”, indica la hija mayor.

Ambas coinciden que la organización de este evento conlleva un gran sacrificio. “Ahora nosotras entendemos toda la presión que él sentía, no lo expresaba, o cuando ya estaba muy sobrepasado nada más suspiraba porque estaba preocupado”, explica Macarena.

“No teníamos idea de cuánta responsabilidad realmente cargaba en los hombros y eso fue algo que descubrimos recién estando en ese lugar”, añade Almudena.

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