El laberinto es un circuito que te lleva por diferentes direcciones cuya salida normalmente es complicada. Así es cuando uno cae en estado de depresión. A veces, se encuentra la puerta para salir de la lucha interna y otras veces, no.
Es un tema que normalmente se aborda desde la ciencia para recomendar cómo evitar, cómo ayudar o tratar a una persona que la padece.
El 13 de enero pasado se recordó el Día Internacional de la Lucha contra la Depresión, por lo que aprovecho el tema para tratarlo también desde la voz de la experiencia, esa voz no médica, no especialista, no científica.
Por hacer de algún modo una comparación, la cabeza se convierte en una fábrica que funciona 24/7. Los obreros son las ideas y no descansan. El peor estado al que se puede llegar es a la saturación de esos pensamientos, cuando ya no son suficientes las palmaditas en la espalda o palabras de aliento.
Mientras la mente se inunda de ideas, no es bueno complementar con la soledad, porque alimentan más el trabajo del cerebro, este no descansa, y es cuando las alteraciones comienzan y afectan a la memoria, la percepción de la realidad, la concentración, las emociones. Volver de esa condición no es fácil, es como entrar a un laberinto en el que se puede terminar perdido o encontrar la salida por cuenta propia.
El miedo, la frustración, las restricciones, el fracaso, la tristeza por causa de una pérdida u otro motivo son algunas de las detonantes. Las causas son variables.
Salir de ese laberinto no es fácil y lo único que se necesita son voluntad y acompañamiento, que sean reales y genuinos. Los fármacos no son la solución o, al menos, no son la única solución porque hay casos en los que médicos sí los recomiendan para complementar tratamientos en caso de ansiedad, alucinaciones o paranoias porque sirven para controlar los niveles.
Las recetas casi más efectivas son las actividades físicas que se puedan realizar en compañía porque así las nubes de ideas negativas se dispersan.
Es difícil detectar cuando una persona tiene depresión, como así también lo es, saber cuando estamos padeciendo. Por eso es que no le damos la importancia que corresponde porque los síntomas no se ven.
Lo ideal es no llegar al peor de los escenarios y lamentarlo porque como decía al principio, una vez que entramos al laberinto, todo cuesta más.
El gesto triste no siempre tiene que ser señal de sospecha.
También hay que dudar de la sonrisa para aparentar una falsa felicidad. Tales fueron los casos del famoso actor Robin Williams y ex Miss EEUU Cheslie Krys, cuyas muertes fueron inesperadas.
Paraguay todavía no cuenta con cifras de la población que sufre depresión y al no tener números es más difícil saber edades, exigir o proponer políticas públicas. Ya es un gran paso contar con la Línea 155, en la que especialistas dan asistencia.
Si estás buscando la forma de ayudar a alguien con esta condición, una de las recetas que indudablemente no falla es tu compañía. Escuchá, no juzgues y buscá la manera de erradicar los pensamientos negativos. Construí un puente hacia la salida del laberinto y educá en el mismo sentido a tu entorno.