19 jul 2026

Vacaciones de invierno, para recuperar cultura del encuentro en Paraguay

En tiempos de incertidumbre, es necesario fomentar la cultura del encuentro en nuestro país y fortalecer los principios de unidad nacional, sin una pretendida uniformidad que empobrecería la experiencia de vida comunitaria. El deporte y las vacaciones son ocasiones que hacen emerger los factores de cohesión social que pueden reconstruir el tejido moral del Paraguay.

Nuestro país tiene en su haber la presentación en Naciones Unidas de la celebración universal del Día de la Amistad, que ya está marcada en el calendario nacional del mes de julio desde hace décadas.

Esta expresión festiva tiene, sin embargo, implicancias culturales más profundas, que salen a flote en cada acontecimiento nacional, tales como la participación de la Selección Paraguaya en el Mundial de fútbol o el receso de invierno, tiempo en que los estudiantes y sus familias desarrollan actividades de vacaciones.

Para fortalecer las acciones de bien común, desde el Estado y desde la sociedad civil, no bastan los planes y la organización. Se deben fomentar también principios básicos de convivencia, como el diálogo con escucha abierta al disenso y “con lenguaje desarmado”, como menciona el papa León XIV en su encíclica Magnifica humanidad; así como respeto a las libertades básicas de conciencia, expresión, educación, asociación, y el desarrollo de virtudes sociales como la solidaridad y la tolerancia, etcétera.

También hace falta una decidida promoción de espacios de vida comunitaria que permitan fortalecer la sociedad ante los poderes de facto que manejan intereses, muchas veces contrarios a los comunitarios.

Las presiones de tipo consumista que fomentan experiencias superficiales y desbordes de la economía familiar en pos de un espejismo pasajero pueden resultar en ahondamiento de crisis personales y familiares no deseables. Contrariamente, a lo que se pueda permear en un ambiente cultural light, sin raíces, un sistema de vida ordenado, amistoso y austero, cargado de sentido común, empatía social y proyectos de vida saludable, constituye un camino más válido de desarrollo integral a largo plazo.

Ni el defecto que constituye el escaso acceso de los jóvenes a bienes culturales de valía, ya sea por la falta de propuestas o por su onerosidad, ni el exceso de consumismo de lo que ofrece el mercado cultural, son itinerarios deseables.

Lo ideal es que podamos contribuir al desarrollo armónico de niños, jóvenes y adultos, en pos del desarrollo de talentos personales y de aprendizajes significativos que sirvan para la mejora integral y apunten a una vida digna.

Es lamentable, la fuga de talentos nacionales en busca de mejores horizontes, así como la desatención de grupos específicos vulnerables, tales como el de los adultos mayores que no cuentan con una cobertura mínima para el acceso y la participación en las actividades culturales.

El Estado debe subsidiar las iniciativas culturales de la comunidad que apunten a este desarrollo armónico e integral, con valores humanos que se enmarcan en nuestra rica tradición cultural.

Es necesario pasar de un estadio de emotividad o nostalgia a uno de profundización de los valores de la cultura del encuentro, la cual implica un trabajo sensato y hasta audaz en favor de la educación de calidad, y el fomento de las relaciones personales de peso humanitario real.

Lo bueno y esperanzador es que la mayoría de nuestros compatriotas muestran una inclinación natural a esta forma de vida comunitaria y amistosa, sin perder identidad ante el flujo inmenso de datos y estilos de vida fragmentarios que se promueven a través de las nuevas tecnologías y de la virtualidad.

No podemos escapar a la contemporaneidad de la cultura del descarte y de la tecnologización extrema de las comunicaciones, pero sí podemos sacar un inteligente partido a esa realidad, detectando sus sesgos ideológicos y aportando nuestros valores comunitarios en la construcción de la vida social. Por eso, el deporte, las vacaciones, el mes de la amistad, son ocasiones que hacen emerger los factores de cohesión social que pueden reconstruir el tejido moral del Paraguay, el cual dará fundamento sólido al desarrollo integral.

El centro de toda acción sociopolítica y cultural debe ser siempre la dignidad de todas las personas que conformamos la sociedad paraguaya.

La cultura del encuentro sostendrá estructuralmente el Paraguay con prosperidad integral que todos anhelamos.

Más contenido de esta sección