Paraguay presenta una estructura laboral y empresarial fuertemente dependiente del mercado interno y de la iniciativa privada de menor escala. En este ecosistema, las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) representan la columna vertebral sobre la cual descansa el sustento diario de la mayor parte de la población paraguaya. A pesar de ello enfrentan una alta invisibilidad en las políticas públicas, especialmente de aquellas que deberían apoyarlas de manera directa. Las mipymes constituyen un importante motor de la economía.
Según los datos oficiales publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes al primer trimestre del año 2026, un total de 2.460.186 personas de 15 años y más se encuentran ocupadas en el sector de las micro, pequeñas y medianas empresas. Esta cifra equivale al 76,8% de la población ocupada total del país.
En contraste, las grandes empresas absorben a solo el 12,7% de la masa laboral.
Al desagregar el universo de las mipymes, se observan nuevamente importantes brechas. Del total de la población ocupada, las microempresas (aquellas que emplean entre 1 y 10 personas) absorben al 63,7%, seguidas muy de lejos por las pequeñas empresas (de 11 a 30 trabajadores) con un 9,3%, y las medianas empresas (de 31 a 50 trabajadores) con el 3,8%.
Esta concentración en las microempresas refleja que la economía de los hogares se sostiene con iniciativas autogestionadas, emprendimientos familiares y unidades productivas de escala mínima que funcionan en los márgenes de la economía formal e informal. Más allá de los indicadores, la relevancia de las mipymes en Paraguay adquiere una dimensión ética, económica y social que es necesario considerar cuando se habla de desarrollo o bienestar.
En un país que carece de un seguro de desempleo y con una red de protección social de baja cobertura, el autoempleo y la microempresa constituyen mecanismos de supervivencia económica y amortiguador ante shocks de todo tipo. Ante la baja absorción de fuerza de trabajo de los sectores transables y tecnificados de la economía, las mipymes absorben el excedente laboral urbano y rural, reduciendo los riesgos de crisis sociales.
Asimismo, el sector desempeña un papel integrador fundamental desde la perspectiva de género y de equidad territorial. Las microempresas constituyen el principal canal de inserción laboral para las mujeres paraguayas, especialmente aquellas que lideran hogares monoparentales y que encuentran en el comercio minorista o la prestación de servicios la única vía compatible con sus responsabilidades de cuidado doméstico. De igual forma, en las zonas rurales evitan el desarraigo y la migración masiva y desordenada hacia los cinturones de marginalidad de las grandes urbes.
A pesar de su centralidad económica, las mipymes en Paraguay enfrentan vulnerabilidades crónicas que limitan sus oportunidades de transformación de unidades de subsistencia hacia emprendimientos de mayor productividad.
La complejidad de los trámites burocráticos, el costo de la formalidad, la falta de incentivos y la mala calidad de los servicios públicos generan que una fracción importante de estas empresas opere fuera del marco legal y con baja productividad. Esto impide que sus trabajadores accedan a la seguridad social de largo plazo como el Instituto de Previsión Social y condena a los propietarios a una exclusión financiera, viéndose obligados a recurrir al crédito usurero informal ante la imposibilidad de calificar para el financiamiento bancario institucional.
Para romper con este círculo vicioso, el Estado paraguayo debe contar con políticas públicas que permitan consolidar un proceso de simplificación de trámites burocráticos, digitalización de registros, acceso a servicios públicos de calidad e incentivos que faciliten el tránsito hacia la formalidad. Paralelamente, debe canalizarse un financiamiento preferencial a través de la banca pública de desarrollo acompañado de capacitación en gestión empresarial, innovación tecnológica y adopción de estándares de calidad.
Las mipymes constituyen un importante motor de la economía. Potenciar a las mipymes garantizará que los resultados del crecimiento de Paraguay se redistribuyan y que estas empresas contribuyan sustantivamente al desarrollo.