05 ene. 2026

Editorial

Si la política, en general, y la administración de la res pública y el Estado, en particular, se plantearan de nuevo como meta principal el bien común, tendríamos una epifanía como nación, y sería un criterio válido a la hora de evaluar el mejor o peor desempeño de nuestros gobernantes, partiendo del principio esencial del reconocimiento, la promoción y la protección de la dignidad de todas las personas, y teniendo en cuenta la condición humana, con sus potencialidades únicas y limitaciones, iluminando así un contexto cultural cada vez más materialista y pragmático.