20 jul 2026

Mario Ferreiro: “La recuperación de adicciones no es para inteligentes, sino obedientes”

Dueño de una de las voces más reconocibles del país con años de experiencia en la comunicación, pero que también dio sus pasos por la política. Su lucha más dura; las adicciones y en esta nota da su testimonio de vida.

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Me llamo Mario Aníbal Ferreiro Sanabria y nací en Asunción, Paraguay el 30 de mayo de 1959. Mis padres fueron militantes febreristas (PRF) se llamaban Marcelino Rodolfo Ferreiro, empresario industrial y Angelina Ramona Sanabria, abogada. Mis hermanos: Rodolfo José, Enrique (fallecido), Roberto, Marta, Elvira y Adolfo, ex senador nacional.

Inicios

Desde mi temprana infancia realicé los estudios tanto primarios como secundarios en el Colegio Jesuita Cristo Rey, de donde tengo gratos recuerdos y amistades que hasta hoy perduran.

Me gradué del colegio el mismo año en que la dictadura militar de Alfredo Strossner intervino el Cristo Rey, hecho que dejó una profunda huella en la memoria de aquellos que recorrimos los pasillos ese año.

Me inicié en el periodismo casi de forma casual, ya que mi objetivo era ser arquitecto y de hecho cursaba los estudios superiores en la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Ya había dado mis primeros pasos como columnista en Última Hora y con espacios radiales aunque menores, siempre mi padre apoyándome.

Cuando falleció papá en 1980 decidí dar un golpe de timón profesionalmente y volcarme de lleno a la labor periodística y fue ahí donde se inició mi faceta profesional.

Durante mi trayectoria profesional en el ámbito de la comunicación, he tenido el privilegio de entrevistar a distinguidas personalidades, entre las que se incluyen Augusto Roa Bastos, Joaquín Sabina, Mercedes Sosa, Vicente Fox, Rafael Correa, Luis Alberto Spinetta y Joan Manuel Serrat. Hasta salí en un documental de Netflix de R.E.M. en su paso por Paraguay, “Losing My Religion” en 2020.

Sombras

Pero en mi vida no todo fue luces, también hubo sombras que por la gracia de Dios logré sortearlas.

En 2002 tomé la decisión que me salvó la vida. Decidí ingresar al programa de Narcóticos Anónimos. Y de esa forma inicié un largo y personal camino que me llevará toda la vida. Un día a la vez.

Lo primero que hacemos casi como una estrategia es decirle al adicto con deseos de recuperarse que necesita tener fe en algo. Puede ser en las luces que traen cada mañana, en el aroma de las flores, o en la música de artistas como John Coltrane, Miles Davis, John Lennon o McCartney.

Hace años, mis hijas me llevaban a la Iglesia los domingos y, aunque en ese entonces no comprendía mucho debido a la vida tan agitada que llevaba, más tarde me di cuenta de que era una muestra del amor de mi familia. Ese cariño fue un refugio en mis noches más oscuras.

Una de las fantasías más comunes del ser humano es creer que tiene control sobre todo lo que le rodea.

Ni siquiera las personas más poderosas del mundo lo han logrado; así lo vimos con grandes figuras. Podemos encontrar ejemplos locales también: Todos albergamos la ilusión del control, que es igualmente una ilusión del ego.

Creo que el problema fundamental radica en que nos enseñaron todo de manera equivocada. En lo personal, absuelvo a mis padres de culpa, ya que siempre desearon lo mejor para mí.

Sin embargo, todo un sistema educativo y cultural está construido sobre creencias erróneas. Cuando alguien enfrenta un problema serio, como una adicción, es necesario desandar el camino y reaprender muchas cosas.

Me sentí algo ofendido, pensando que era alguien preparado, pero este proceso no es para los inteligentes, sino para los obedientes. Todo apuntaba hacia la eliminación del ego. Algo que la mayoría de las religiones buscan a su manera.

Sor Regina Sian, mi entrañable amiga desde hace muchos años, ha sido un faro de esperanza en tiempos difíciles, junto con su comunidad. Sobresale por su dedicado trabajo apostólico en la prevención del alcoholismo y las adicciones a las drogas, además de su incansable esfuerzo por ayudar a adolescentes y jóvenes que enfrentan estos problemas.

En varias ocasiones tuve la oportunidad de entrevistarla, pero llegó el día en que comprendí que necesitaba ayuda para enfrentar este desafío; no podía hacerlo por mi cuenta. A menudo, esto genera un sentimiento de derrota porque tendemos a confiar en nuestra formación y en nuestro intelecto. Pero ella me enseñó que la clave está en la humildad.

No se puede ofrecer lo que no se posee, eso es bíblico. Si pretendo cambiar por mi esposa, por mis hijos o por mi mamá, el verdadero cambio debe venir de mí mismo.

A veces la gente me dice que debo tener una gran fuerza de voluntad. Sin embargo, el adicto pierde esa fuerza de voluntad.

Lo que se puede tener es buena voluntad para dejar de consumir, y esos son conceptos extraordinarios desarrollados por adictos de los años 50 en los EEUU, incorporados en grupos que hoy están presentes en todo el mundo, formando una especie de filosofía de recuperación.

Política

Mi paso por la política lo hice con la firme convicción de que todos los ciudadanos debemos prestar nuestro concurso ante toda iniciativa de cambio en el Paraguay.

No me arrepiento ni un solo minuto de haber asumido dos candidaturas; una para presidente en el 2013 y otra para intendente de Asunción en 2015. En ambos casos creo firmemente en haber ayudado en la idea de que el cambio social y político es posible en el Paraguay.

En 2017 renuncié por ética al cargo de intendente por una extraña acusación fiscal en mi contra, caso conocido mediáticamente como “caja paralela” de la que salí sobreseído en 2023, cerrando así uno de los capítulos más dolorosos, pero aleccionadores de mi vida.

En mi vida pasé por muchas pruebas, como diría Borges: “La vida está hecha de momentos”. Algunos buenos, algunos malos, muchas bendiciones muchas pruebas, entre éxitos y difamaciones, de todo.

La sanación es un proceso, no un suceso. La aceptación es fundamental. Siempre digo al igual que nuestro Señor “Hágase tu voluntad y no la mía”.

Me casé dos veces, al igual que él.

Del primer matrimonio con Patricia Pessolani tengo tres hijos: Jade, Mauricio y Florencia. Del segundo con María Elena Male Caballero, dos: Dylan y Michelle. Y también de Melissa Ferreiro.

Actualmente después de dos años de separación pude encontrar una pareja que es contadora pública y Lic. en Marketing.

“No me arrepiento ni de la candidatura presidencial en 2013 ni para intendente en 2015. En ambos casos creo ayudé a la idea de que el cambio sociopolítico es posible”.

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