15 jul 2026

Gobierno no puede eludir responsabilidad en los casos de gatillo fácil

El caso de presunto gatillo fácil ocurrido en la ciudad de Alberdi y que involucra a policías del Departamento de Ñeembucú nos enfrenta una vez más al cuestionamiento acerca de la preparación de los agentes. Según informó la Fiscalía, el vehículo del joven de 22 años recibió 37 impactos de bala. Es hora de preguntarnos todos, ¿en manos de quién está la seguridad ciudadana?

El más reciente caso de presunto gatillo fácil que ha conmocionado a la sociedad nos obliga a reflexionar sobre la calidad de la formación que están eventualmente recibiendo los policías, y también pensar en la cotidiana violencia institucional.

Comenzó con el asalto a un supermercado en la ciudad de Alberdi, cuando hombres armados, fingiendo un allanamiento de la Secretaría Nacional de Antidrogas, tomaron rehenes y se llevaron dinero de las cajas registradoras. La Policía presumía que habían huido hacia la Argentina, pero posteriormente se toparon con los autores del asalto y hubo un enfrentamiento donde hubo un fallecido, un herido y dos detenidos. El abatido resultó ser un policía con orden de captura y sospechado de ser líder de una banda criminal implicada en un asalto a cambistas.

El procedimiento prosiguió en la zona hasta que Federick Nahuel Cáceres Sosa, de 22 años, quien estaba regresando de una fiesta de cumpleaños en la madrugada de aquel domingo, se encontró con la barrera policial.

El final ya es conocido, el joven no detuvo el vehículo y durante la persecución los agentes realizaron 37 disparos.

Nahuel Cáceres era el segundo de cuatro hermanos, practicaba el fútbol y se estaba preparando para practicar en su nuevo club desde agosto. Y, según declaró su tío Harold: “Los asaltantes recorriendo por el monte y ellos en la ruta. A mi sobrino le jugaron. Acribillaron el vehículo. A él le acertó un disparo en la cabeza. Con las cosas que están pasando es difícil que te quedes. Yo, por ejemplo, no me voy a quedar. ¿Dónde voy a saber si son policías o delincuentes los que me quieren atajar?”.

El caso se está investigando como uno de gatillo fácil y de momento el Ministerio Público ordenó la detención de ocho agentes policiales, aunque no descartan más detenciones.

El término gatillo fácil proviene de la Argentina, fue acuñado para denunciar el uso desproporcionado, arbitrario o ilegal de armas de fuego por parte de las fuerzas de seguridad. Nació en mayo de 1987, cuando la policía bonaerense asesinó a tres jóvenes de la localidad de Ingeniero Budge, mientras se encontraban tomando una cerveza.

El hecho movilizó a familiares y vecinos, y la masacre es conocida como el primer caso de gatillo fácil.

Aunque el término no es originario de nuestro país, lamentablemente, se han producido numerosos casos. En 2022 Juan Daniel Ortigoza, asesinado erróneamente a tiros por la Policía Nacional, cuando se encontraba en una estación de servicios con su novia, y un niño de dos años; también está Richard Pereira, quien en 2016 fue herido por agentes de la Comisaría Cuarta Metropolitana y quedó en silla de ruedas; y Anderson Medina, quien recibió un disparo al pasar por una barrera policial irregular en el año 2012, en el kilómetro 10 de la ruta José Gaspar Rodríguez de Francia.

Quedó con serias lesiones en la columna.

Se deben mencionar los casos de abuso, no siempre acaban en ejecución, como el del joven Nahel, muchas veces los abusos por parte de la Policía son de uso de la fuerza de manera desmedida, a veces normalizada.

A pesar del tiempo que llevamos en democracia, la Policía aún mantiene prácticas de la época de la dictadura.

Sobre todo, es hora de revisar la decisión del Gobierno de acortar los tiempos de preparación de la formación de los agentes.

Es inaceptable que por la mediocre formación de agentes se ponga en riesgo la vida de la población.

El Gobierno debe asumir su responsabilidad por sus malas decisiones; ya no se debe seguir poniendo en riesgo la vida ni la seguridad de los ciudadanos, así como también se debería resguardar a los futuros policías con mejor capacitación.

Es importante remarcar que en un sistema democrático las personas deben poder salir a las calles sintiendo seguridad y no miedo de la policía.

Al final, solo queda satisfacer el deseo de los afligidos padres de Nahuel: “Lo que pasó ya está y lo que pedimos es justicia, que se esclarezca esto, porque es una vida tan joven que nos quitaron”.

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