El doctor Carlos Morínigo es especialista en neumología y desempeña sus funciones médicas en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Ambiente (Ineram). En su momento, fue ministro de Salud, durante la presidencia de Horacio Cartes; director del Policlínico Municipal de Asunción bajo la intendencia de Óscar Nenecho Rodríguez, y, últimamente, gerente de Salud del Instituto de Previsión Social (IPS) hasta que, en marzo de 2024, denunció medicamentos faltantes y fue destituido.
Por el Día del Médico, publicó una escalofriante anécdota que revela la deficitaria situación de salud que viven pacientes y profesionales, y los límites de la vocación de salvar vidas, obstaculizadas por las condiciones materiales del sistema.
“Día del Médico: Entre la vocación, la lucha y la dignidad”
Con ese título, Carlos Morínigo compartió en su red social Facebook “solo un fragmento de nuestro día a día… de esos que no salen en los actos oficiales, pero que nos marcan para siempre”.
Morínigo recordó que el 27 de marzo pasado, en el Ineram, una paciente joven, de unos 26 años, aguardaba ansiosa retirarse, tras un año, una cánula de Montgomery, un pequeño dispositivo que se coloca en la traqueostomía para mantener abierta la vía aérea permitiendo respirar y hablar con normalidad.
La paciente, junto a su madre y su esposo, “rebosaban de esperanza”. Pero lo que debía ser un procedimiento de rutina en ambiente distendido, se complica con “una salida impresionante de sangre a presión”, una hemorragia incoercible.
“Este es un gran vaso”, dice el cirujano, mientras el sangrado no cede. “En ese momento, me temblaron las piernas”, recuerda Morínigo, pensando en la familia que esperaba afuera.
“La joven había ingresado caminando, feliz, esperanzada… y ahora estaba a punto de morir. ¿Quién le dice eso a una madre? ¿A un marido?”, reflexiona el neumólogo en su texto.
La situación requería abrir el tórax y cortar el esternón. Pero la realidad golpeó de frente. No contaban con esternótomo, el instrumento quirúrgico requerido para llevar a cabo la cirugía.
Tal es la voluntad de los médicos por salvar vidas, pese a todo contratiempo, que el residente de la sala salió corriendo, tomó su llave y fue a la casa del cirujano a buscar el esternótomo de su propiedad, particular, cuando el sistema debía ofrecerles uno. “Yo solo rogaba a Dios que no se accidentara en el camino”, dice Morínigo sobre aquel residente que, por la prisa, manejaba con exceso de velocidad.
Tras tres horas de cirugía, el tórax totalmente abierto y diez unidades de sangre transfundidas (la paciente perdió casi cinco litros), fue trasladada a terapia, intubada y con pronóstico incierto. Pero volvió a sangrar, reingresó al quirófano y salió en estado aún más grave.
“Una hija. Una esposa. Una madre. El servicio entero estaba destrozado”, rememora el texto.
La anécdota tiene final feliz, ya que tras 15 días, salió de terapia. Viva. Sin embargo, el sistema no corre con la misma suerte. “Y ahí, dijimos BASTA”, expresa Morínigo.
La anécdota podría ser la crónica de una muerte anunciada, pero el milagro se instrumentó a través del trabajo de los médicos, aunque los instrumentales los habían solicitado desde el 2023, dos años antes. “Listas, recortes, rehacer pedidos, volver a pedir… y así llegamos hasta hoy”, señala el doctor.
“Nos vimos obligados a suspender cirugías de alta complejidad por no contar con los instrumentos básicos”, agrega.
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“Nos mintieron en la cara”
La “respuesta del sistema”, según cuenta el propio Morínigo, llegó cuatro meses después: “En julio de 2025 nos enviaron una sierra de ferretería para usar como esternótomo. Sí. Leyeron bien. Una sierra de ferretería”.
“No es un instrumento médico. No está certificado. Y si falla… ¿quién responde?”, se ve obligado a explicar lo obvio.
“Vinieron autoridades. Hicieron promesas. Nos mintieron en la cara. Y aún peor: Esta necesidad no figura en los presupuestos 2024, 2025 ni 2026. Nuestro presupuesto fue recortado y nadie explicó nada. Nadie dio la cara”, sentenció.
Morínigo recalca que la tarea de los médicos se trata de recuperar la salud de la ciudadanía, “pero con herramientas dignas”, subraya.
“No se puede sostener una vocación hecha de años de sacrificio dentro de un sistema deficitario que nos dice: “Hagan lo que puedan con lo que tienen”. ¡Carajo!, ¡hasta cuándo!”, exclama.
“Hoy, en nuestro día, no pedimos homenajes vacíos. Pedimos seguridad para nuestros pacientes, dignidad para nuestro trabajo, recursos para cumplir nuestra misión y respeto por la vida que sostenemos con las manos”, agregó.
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“A pesar de todo, seguimos. Porque creemos. Porque amamos. Porque tenemos vocación. Feliz Día del Médico a los buenos médicos del Paraguay. A los que no se venden. A los que resisten. A los que aún luchan con el corazón en la mano”, concluyó el escrito.
Que no se vuelva costumbre quejarse
Tras la publicación de su texto en la red social, Radio Monumental 1080 AM conversó con el doctor Carlos Morínigo. Allí, expresó que no debe volverse costumbre “este tema de que la gente se queje por falta de insumo o nosotros mismos nos quejemos por falta de instrumental o medios para poder proporcionar la salud a nuestros pacientes”.
Recordó además lo costoso que representa llegar a ser médico en Paraguay, desde lo económico, el tiempo perdido, la inversión de los padres, etc., y que esto no condice con las condiciones en la que se debe trabajar en el sector público.
Señaló que los médicos son humanos, por lo tanto, pueden equivocarse, “pero equivocarte porque no tenés las herramientas necesarias es un suicidio profesional y podés mandar al quinto infierno todos esos años de sacrificio, no solamente tuyos, sino de tu familia, de tus padres, de tus amigos”, expresó.
Sobre la sierra de ferretería en cuestión, dijo que en julio llegó al servicio y la jefa de quirófano le informó sobre la herramienta. “Yo miro y era la sierra esta… estas que se ven en ‘Compre Ya’ kuéra (sic), y le digo: ‘No te puedo creer. Ese no es para pacientes, no es el instrumental médico certificado’”, exclamó Morínigo.
“Lógicamente, jamás en la vida utilizamos y no creo que el cirujano quiera utilizar eso. Está ahí. Nos compraron. Yo sinceramente no pude creer. Me dijo: ‘Sí, doctor, este nos enviaron. Este nos compraron para nuestro esternótomo mientras tanto’”, agregó.
“Bueno, esa es la historia. Y nosotros ahí nos reunimos entre todos. No, esto no puede continuar así. Nosotros traemos nuestros equipos. Se rompen. Mientras nosotros cubramos el déficit que tiene el Estado no nos van a dar nunca y vamos a romper nosotros nuestro equipo siempre”, sentenció.
“No podemos, en esta condición, seguir haciendo cirugías de alta complejidad”, concluyó.
El precio de un esternótomo, según aseguró, ronda entre los G. 20 y 30 millones.