10 abr. 2026

Un pirata ladrón de sueños

Soy el pirata Jack es el álbum de historietas de Roberto Goiriz, un cómic que invita a un viaje inolvidable junto al legendario pirata Barbarroja. La obra fue recientemente presentada, aquí compartimos su prólogo con los lectores.

Andrés Colmán Gutiérrez
Periodista y escritor

El legendario pirata Barbarroja andaba rondando hace rato a Juan, un joven con una aparente existencia normal en la Asunción de nuestros días o a Jack (como el barbudo insiste en llamarlo), o a su creador Roberto Goiriz.

Ya habíamos podido leer un primer capítulo de estos intrigantes personajes en Huellas en la Tormenta, ese voluminoso y lujoso álbum que Goiriz publicó en 2017, celebrando sus cuarenta años de carrera artística profesional como historietista.

Aquella primera historia nos dejó con muchas ganas de más, y ahora Roberto al fin responde a nuestras expectativas, ofreciéndonos la primera saga completa del pirata Jack, que, lejos de habitar el reiterado clásico escenario de los mares del sur, emprende oníricos viajes estelares en un velero impulsado por los sueños, a través de los mares de la magia y la fantasía, de la ciencia ficción y los misterios.

Barbarroja, entre muchas versiones, es un personaje fundamental de la serie de historieta Dago, escrita por nuestro querido y recordado maestro Robin Wood. Es una recreación del histórico y legendario Hayr al-Din Jeireddín, el histórico almirante en jefe de la flota otomana, conocido como “el azote del Mediterráneo”, cuya vida —en las historietas de Robin— es salvada por el esclavo veneciano, en uno de los mejores episodios ilustrados por Alberto Salinas, convirtiéndose el también llamado Beylerbey en el mejor amigo y, al mismo tiempo, peor enemigo de Dago.

De modo que por aquí hay un homenaje implícito al gran guionista, el escritor paraguayo más leído en el mundo, con quien Roberto trabajó en varias obras, como Isabella, historia de un fantasma; Hiras, hijo de Nippur, Warrior-M y esa impactante novela gráfica 1811 sobre la Independencia del Paraguay.

Pero la versión de Barbarroja que Roberto presenta en esta nueva serie es también un homenaje intertextual a tantas novelas e historias de piratas, desde la clásica La Isla del Tesoro, de Robert Luis Stevenson, pasando por la también clásica historieta Roland El Corsario, del maestro Héctor Germán Oesterheld y Luis García López, que se publicó durante años en las revistas de la Editorial Columba, o por las muchas versiones multimedia del capitán Garfio en las historias de Peter Pan, o por las imparables colecciones de películas de la franquicia Piratas del Caribe con el reiterativo capitán Jack Sparrow personalizado por el alucinado Johnny Depp, hasta las canciones de Joan Manuel Serratt (Una de piratas) y Joaquín Sabina (La del pirata cojo), sin mencionar a los tantos piratas políticos que abundan en el Paraguay.

Soy el pirata Jack tiene un planteamiento que define el mejor estilo narrativo de Roberto Goiriz. Hay un punto de partida de aparente normalidad cotidiana, en donde irrumpe abruptamente un pasaje a la fantasía, en este caso del joven Juan, que visita los territorios de su infancia en uno de los clásicos callejones de la capital paraguaya, el Pasaje Recalde, cortado por la calle Parapití, que conecta sin embargo a otros paisajes enigmáticos, entre ellos una modesta canchita de fútbol.

Es allí donde reaparece Barbarroja, el pirata que persigue a Juan tratando de robarle sus sueños, esta vez invitándolo a un recorrido por un misterioso pasadizo que conecta a un extraño puerto y a una misteriosa aduana en donde un barco velero plateado flota en el aire.

Así empieza todo. Con un ritmo de acción por momentos vertiginosos, con una composición gráfica muy dinámica, Roberto nos lleva de viaje sin otra intención que el de hacernos vivir una gran aventura, pero en el trayecto no faltan los toques de ironía, el humor sarcástico, las críticas a la burocracia y al sistema, la amenaza de los oscuros miembros de una organización llamada Black Friday que buscan impedir el viaje, y el pedido casi desesperado de la tripulación para que Juan/Jack pueda soñar, porque el barco solo despliega sus velas con la materia de los sueños y, en ese mundo fantástico, “se agotaron los sueños”.

Esta nueva serie de Goiriz es una fábula encantadora sobre un mundo materialista en donde ya casi no existen los sueños, pero en donde los soñadores tienen el poder para mover el mundo.

Es una reivindicación de la utopía, a la que muchos hoy consideran “fuera de moda”, pero también es un bello homenaje a tantas clásicas historias de piratas que leímos en nuestra infancia y adolescencia, historias que hoy se reinventan en nuevas dimensiones, demostrándonos que la aventura no ha llegado a su fin, que solo es cuestión de navegar por nuevos mares, para convencernos de que los sueños todavía pueden cambiar el mundo.

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