No conozco a Deny Yoon Pak. De hecho, pocos lo conocen a fondo, pues no es amigo de hablar con la prensa. Sé, como todos, que es un fiscal que siempre ha demostrado valentía y que fue uno de los que lideró el megaoperativo A Ultranza, que desarticuló una red internacional de narcotráfico. Debe ser un hombre recto, pues incluso cuando llevó a los estrados judiciales al ex senador Erico Galeano, no fue atacado por los sicarios mediáticos del cartismo. No le habrán encontrado nada, supongo.
Tampoco conozco a Aldo Cantero, pero a diferencia de Pak, este sale con mucha frecuencia en la prensa. Lo notable es que no se hizo famoso por cosas buenas –que las tendrá, supongo–, sino por una sucesión de escándalos y controversias que mancharon su reputación. Es “Aldo Canta 50”, ese apodo inmortal que brotó de los audios de Raúl Fernández Lippmann cuando le explicaba al abogado Carmelo Caballero cómo se negociaban causas. Es el fiscal de los chats filtrados, en los que recibía –y obedecía– instrucciones del abogado de Horacio Cartes como si fuera su pasante, para imputar a miembros del Gobierno anterior por supuestamente revelar secretos que lo afectaban. Fue apartado de la causa e investigado, pero, increíblemente, la Fiscalía nunca incautó su teléfono y el caso quedó desestimado. Es el que, en plena feria judicial, pidió desestimar la denuncia en contra de los que firmaron el presunto título falso del ex senador Hernán Rivas, pedido que un fiscal adjunto tuvo que anular. Es el mismo que se encargó de imputar a la sindicalista Carolina Palacios por denunciar al fiscal general Emiliano Rolón y el que todavía tiene abierto un sumario por violencia familiar.
Al que sí conozco es al Consejo de la Magistratura. Un acto fallido de la Constitución de 1992 que arrastra una pésima reputación porque opera como una oficina de blindaje político y tráfico de influencias. Al priorizar el sometimiento partidario, el organismo ha convertido la selección de jueces en un simulacro burocrático en el que los méritos son ignorados para premiar la lealtad de figuras con graves cuestionamientos éticos. Así que no tenía demasiadas expectativas. Sin embargo, creo sinceramente que, esta vez, sus miembros se pasaron en la desfachatez. Es más, coincido con la abogada Cecilia Pérez, quien sostuvo que el Consejo de la Magistratura ha escrito una de sus páginas más vergonzosas.
En su juzgamiento, el fiscal del poder obtuvo siete votos y el que hizo temblar el crimen organizado, uno solo. Vale la pena citarlo: Luis María Benítez Riera. Aldo Cantero fue propuesto por el presidente del Consejo, Gerardo Bobadilla –dilecto heredero político del “significativo” Jorge Bogarín– y la propuesta fue apoyada en bloque por Alicia Pucheta, Enrique Berni, César Ruffinelli, Gustavo Miranda, el diputado Édgar Olmedo y el senador Édgar López.
La exclusión de Pak es una postal del funcionamiento real de una estructura donde la meritocracia queda bajo sospecha y donde los antecedentes incómodos parecen pesar menos que las conexiones políticas. Lo único que sorprende es la desmesura, la ausencia de disimulo. Acaban de demostrar, con una honestidad brutal, que el Poder Judicial está tan podrido que pueden decirle a la opinión pública “Miren, hacemos lo que se nos da la gana”.
Es también un mensaje con reminiscencias mafiosas a jueces y fiscales que deben enfrentar causas sensibles. En el papel, el Consejo de la Magistratura debe seleccionar a los mejores perfiles para fortalecer la Justicia. En la práctica, demuestra que la carrera judicial depende menos de la valentía y la independencia, y más de la capacidad de entender que la Justicia es un botín político y que hay que obedecer órdenes.
Así que ya sabe, fiscal Pak. No sea iluso; la próxima vez que tenga que elegir entre desbaratar una red de narcotráfico o ir a cantarle 50 a los poderosos, recuerde que aquí gana el que canta mejor.