22 may. 2024

Tongazos

La democracia es sobre todo un conjunto de valores en su forma y en su fondo. Es una manera de entender la diversidad, la confrontación y las disidencias. Cuando estas cuestiones dejan de tener validez solo se impone la prepotencia, la villanía y la insolencia. El resultado es simple: se pierde el sentido de ella. Hacia eso vamos con lo acontecido en el Congreso esta semana con el debate sobre el mal parido proyecto de Hambre Cero sobre el que incluso uno de los voceros de oficialismo no sabe aún de dónde saldrá el dinero que ya pueden imaginarse a lo que conduce. Los hambrientos alumnos estarán obligados a convertir el ayuno intermitente en una política de Estado de alimentación, ya que comerán una vez y solo durante 180 días. Hambre Cero en las jornadas escolares y hambre total los 185 restantes. No importa claro que hayan llegado con severos problemas de alimentación luego de sus primeros cinco años de vida. El dinero proviene de los fondos de Itaipú anteriormente direccionados al denominado Fonacide, que será sustituido por un consejo administrador donde la ignota y siempre corrupta Opaci será parte.

El llamado proyecto insignia del gobierno de Peña va camino a ser algo peor que el fracasado Metrobús. Más de 300 millones de dólares por año no resolverán el problema de alimentación de millones de niños pobres a los que habría que implementar políticas públicas que hagan que sus progenitores recobren la memoria de alimentar a los suyos y se generen oportunidades que recuperen el orgullo de proteger con tres comidas diarias a sus hijos. Ese es el verdadero proyecto que tiene que implementarse, pero es eso lo que este gobierno tremendamente ineficaz en su gestión no quiere ni puede hacerlo. Los que pierden recursos en esta merienda de negros están preocupados porque ven que se les recortarán una serie de ventajas que venían de los recursos de Itaipú que fueron triplicados durante el gobierno de Lugo. Esto se reducirá año tras año hasta que dentro de siete años no se tenga un solo guaraní destinado para el Hambre Cero porque habremos usado todo lo que hoy le regalamos al Brasil. Ahí el ayuno será como hoy permanente de nuevo los 365 días del año. Si se dejara de robar algo de los 1.600 millones de dólares al año sobrarían los recursos, pero nuestro oficialismo y socios jamás se cortarían su propia carne.

La prepotencia fue clara al evitar una audiencia pública sobre el tema donde el país tuviera que escuchar las verdades a las que tapan sus oídos o reprimen a empellones la mayoría en el Congreso. Ni los ministros del Ejecutivo fueron a dar explicaciones para demostrar que no les interesa ni guardar las formas. Además, no admitieron la derrota en el desafuero de Abdo que convocaron a una extraordinaria para que como retaliación se les devolviera los fueros a Rivas y Galeano, entre otros. El mensaje fue: “Ya que no pudimos con Abdo así que ninguno de los nuestros, incluidos los narcos o estafadores, serán llevados a la Justicia”. Esta, finalmente, es solo la sirvienta de ellos y les sacan un peso de encima con esa decisión. No se molestarán ni chillarán, simplemente, agradecerán. Han violado abiertamente el artículo 248 que habla sobre la independencia del Poder Judicial. Han detenido procesos judiciales en marcha, con lo cual se exponen a juicios políticos, sanciones de cinco años de ejercicio de función pública y otras penas. Es muy grave lo acontecido.

El mensaje que enviamos como país es de un primitivismo rampante. Una nación poco seria que pretende que lo traten como tal en las negociaciones con Argentina, Brasil o EEUU, pero que se muestra pueril, tonta y agresiva como un niño malcriado cuando de lidiar con sus problemas se trata.

A tongazos no vamos a ir a otra parte que no sea el precipicio. Cuando las formas y el fondo de la democracia sean tomados como cuestiones secundarias ante la mayoría que se detenta, solo les quedará al pueblo responder de la misma manera. Y, en la confrontación, perdemos todos. A lo kachiai y a los tongazos pierde la democracia y se congratula el autoritarismo. Miren a la amiga del Gobierno, la Venezuela de Maduro como espejo. Ahí así empezó todo.

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