07 sept 2026

Skármeta, el cartero de Neruda

29946850

Antonio Skármeta

EFE

Antonio Skármeta, filósofo comprometido y enamorado del cine, encumbrado por un cartero falleció recientemente a los 83 años.

El escritor chileno, una de las máximas figuras de la literatura latinoamericana y autor de las célebres novelas El cartero de Neruda y Soñé que la nieve ardía, fue traducido a más de treinta idiomas y adaptado al cine; fue embajador en Alemania y presentador de televisión durante una década del programa El show de los libros.

Intelectual de izquierda, miembro del Movimiento de Acción Popular y Unitaria en los años del Gobierno del Frente Popular y el presidente socialista, Salvador Allende, Skármeta se vio forzado a abandonar Chile tras el golpe militar liderado por el general Augusto Pinochet (1973), que sumió al país en una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica.

Salió al exilio primero a Argentina y luego a Alemania, donde se radicó. En Berlín, desarrolló su pasión por el séptimo arte, ejerció como profesor en la Academia Alemana de Cine y Televisión, se desempeñó como director de dos películas, actor en varias cintas y escritor de decenas de guiones, varios de los cuales fueron dirigidos por el alemán Peter Lilienthal.

El escritor, que tras el retorno a la democracia y bajo el gobierno del socialista Ricardo Lagos (2000-2006) llegó a ser embajador en Alemania, nunca tuvo reparo en mostrar sus ideas, como en su primera novela Soñé que la nieve ardía (1975), en la que elogia el Chile socialista de Salvador Allende (1970-1973) o Insurrección (1982), libro en el que trata la revolución sandinista en Nicaragua.

Licenciado en Filosofía y Educación en la Universidad de Chile, creció como escritor bajo la influencia del pensador español Francisco Soler Grima, discípulo de Julián Marías y de José Ortega y Gasset, sobre quien escribió en 1963 su tesis doctoral Ortega y Gasset, lenguaje, gesto y silencio. Amante del pensamiento de Jean-Paul Sartre, Albert Camus y Martin Heidegger, un año después ganó una beca Fulbright y viajó a la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde escribió una segunda tesis, en esta ocasión en torno a la narrativa de Julio Cortazar, otro de los más grandes autores latinoamericanos.

La fama internacional le llegaría a través de sus novelas y en particular por la adaptación al cine de algunas de ellas. En particular de su libro Ardiente Paciencia (1983), de la que salieron dos películas: una bajo el mismo título y otra, la más famosa, como El cartero de Neruda.

Más contenido de esta sección
En natación, la brazada Trudgen, un estilo de natación que fuera innovador en el siglo XIX se atribuye a un inglés, Jack Trudgen, quien aprendió de los indígenas del Paraguay. Esta es la historia.
Encarada por trabajos plásticos, fotográficos, escultóricos y audiovisuales, la muestra Cuencas húmedas #2 reúne a dieciocho artistas en el Centro Cultural del Lago de Areguá a partir del domingo 6 hasta el domingo 20 de Septiembre. Los creadores son Amado Arrieta, Victor Beckelmann, Gustavo Benítez, Noelia Buttice, Eoin Byrne, Jorge Enciso, Gregorio Gómez (+), Mónica González, Wolfgang Krauch, Francene Keery, Leandre, Nelson Martinesi, Javier Medina Verdolini, Alejandra Mastro, Alfredo Mendoza, Johanna Reich, Juan Franco Maida y Lucy Yegros.
El 3 de setiembre se cumplieron 160 años de la caída de Curuzú, una de las jornadas más sangrientas de la Guerra de la Triple Alianza. Más de 1.500 hombres perdieron la vida en aquellos combates. Pero la tragedia no comenzó con el primer asalto, durante varios días, tropas paraguayas y aliadas se fueron acercando inexorablemente al enfrentamiento. Hoy reconstruimos, paso a paso, las jornadas previas a aquella batalla.
El 2 de setiembre, se cumplió un nuevo aniversario de la rendición formal del Imperio del Japón a bordo del acorazado USS Missouri, fondeado en la bahía de Tokio: el acto que puso fin a la Segunda Guerra Mundial. La fecha suele recordarse por su desenlace —la firma, las fotografías, el fin de las hostilidades— y rara vez por lo que estuvo a punto de no ocurrir. Porque en las horas previas a que el emperador Hirohito anunciara al pueblo japonés la capitulación, un grupo de oficiales del Ejército Imperial intentaron impedirlo por la fuerza. Entre los argumentos que invocaron para sostener que Japón debía seguir combatiendo, apareció, insólitamente, un país lejano: Paraguay.