01 may. 2026

Sembrar memoria para reconstruir nuestra nación

Prólogo al libro Las orgías del General, una crónica sobre las niñas víctimas sexuales de la dictadura stronista, de Andrés Colmán Gutiérrez. Este es el registro más completo y documentado de la pedofilia dictatorial, que muchos aún pretenden negar.

Rogelio Agustín Goiburú
Médico e Investigador

Corría el año 2008. Faltaban apenas cinco meses para concluir los trabajos de la Comisión de Verdad y Justicia para entregar el Informe Final a los tres poderes del Estado, cuando desde la Unidad de Investigación de Desapariciones Forzadas y Ejecuciones Extrajudiciales de la CVJ resolvimos iniciar las investigaciones referidas a las violaciones sexuales del dictador, a sabiendas de que en tan breve lapso de tiempo solamente podríamos abrir una puerta para casos que necesariamente deberían y deben ser investigados en profundidad, pues estos delitos gravísimos contra los derechos humanos no pueden quedar impunes y secuestrados en el olvido.

No existe referencia en toda Latinoamérica acerca de en cuántas dictaduras y casos de terrorismo de Estado, con algunos de los conocidos genocidas que gobernaron sádicamente a nuestros países —como la Argentina con Videla, Massera, Agosti y sucesivos militares: Pinochet en Chile y otros en Brasil, Bolivia, Uruguay, etc.—, haya habido militares tan criminales como ladrones y perversos pedófilos.

Es tan lamentable, triste y doloroso que habiendo nuestro país padecido el terrorismo de Estado más extenso en Latinoamérica, el mandamás asesino que condujo arbitrariamente el destino político, social y económico de nuestra patria, sumiéndonos en la triste realidad de hoy, a casi 35 años de su derrocamiento, haya sido además un salvaje pedófilo que arruinó la vida de cientos o miles de criaturas.

Hay que contar que, según testimonios de algunas víctimas, referenciadas en este libro, como de la esposa de unos de los militares que trabajaba de chofer de Popol Perrier, se animó en marzo de 2008 a contar que aproximadamente tres a cuatro niñas por mes eran llevadas de esa casa sobre la calle Carlos Gómez, del barrio Sajonia, por el mismísimo general Alfredo Stroessner, rumbo a otros sitios: estancias y mansiones rurales en Misiones, Ayolas, Puerto Rosario, Luque, Limpio, etc., para ser violadas, previamente drogadas y/o alcoholizadas, tanto en forma individual como en orgías o violaciones colectivas.

Muchas de esas criaturas, con promedios de edad de entre 12 y 14 años, jamás regresaron a sus casas y lugares de origen junto a sus familias. Otras tuvieron “la suerte” de ser ofrecidas en matrimonio a jóvenes y no tan jóvenes oficiales solteros de las Fuerzas Armadas.

Además del dictador Stroessner, otros altos oficiales de su entorno, “inspirados” en la conducta perversa del jefe, también dieron rienda suelta a sus instintos para someter sexualmente, con total impunidad, a niñas y adolescentes, cuando les venía en ganas.

En la Comisión de Verdad y Justicia recogimos testimonios desgarradores de otros casos de jóvenes mujeres, de 16 a 20 años, abusadas y torturadas por altos oficiales militares, en diferentes años.

Por ello, este trabajo, Las orgías del General, convertido en libro por el amigo Andrés Colmán Gutiérrez, viene a visibilizar esta trágica historia y a recuperar esa memoria que produce tanto dolor en la gente sana de nuestra sociedad. Ese dolor que necesariamente se podrá superar a partir del conocimiento de estos hechos aberrantes, cometidos contra la dignidad humana, desde las altas esferas del gobierno dictatorial.

Estos testimonios deben servir para que la Justicia investigue, impute y condene a los culpables y que, aunque mucho ya estén muertos, sirva como material de enseñanza y que sus nombres sean recordados como lo que han sido: asesinos, torturadores, ladrones, pedófilos, y que la ciudadanía nunca más acuda a las urnas depositando su confianza en sus herederos políticos.

Recordar, hacer memoria, es un acto reparador. Si los paraguayos y paraguayas queremos construir una democracia para todos, con justicia social y soberanía, si queremos vivir felices en nuestra patria, si deseamos aportar nuestro esfuerzo para recuperar la esperanza, debemos empezar por despertar del letargo en que nos sumergió el terror de los 35 años de dictadura.

Este libro viene a tocarnos el hombro para que nos despertemos. Viene a invitarnos a reflexionar. Viene a ofrecernos un abrazo para llorar juntos y a invitarnos a soñar por el Paraguay que todos y todas nos merecemos.

No es cierto que “antes éramos felices y no lo sabíamos”. Lo que sí es cierto es que antes se violaba a criaturas, se torturaba a compatriotas que luchaban por una patria democrática, se asesinaba y desaparecía a los mismos, para abonar, sembrar e instalar el modelo de un país excluyente, mafioso, corrupto, ajeno y dependiente, que padecemos.

Gracias, querido amigo y compatriota Andrés, por este magnífico trabajo. Es de esperar que, sembrando memoria, estos hechos nunca más se repitan y que la verdad y la justicia se constituyan en herramientas para que, con amor y dignidad, podamos ser capaces de reconstruir nuestra nación.

Rogelio Agustín Goiburú es médico, investigador, defensor de los derechos humanos. Participó como experto de la Comisión de Verdad y Justicia (CVJ). Es titular de la Dirección de Reparación y Memoria Histórica, del Ministerio de Justicia. Dirige el Equipo Nacional para la Identificación de Personas Detenidas y Desaparecidas entre 1954 y 1989 (ENABI). Ha podido hallar hasta ahora casi una treintena de cuerpos de víctimas de la dictadura, personas consideradas desaparecidas y ha obtenido las primeras identificaciones de esos restos. Él mismo es hijo de un ilustre desaparecido, el doctor Agustín Goiburú, reconocido luchador contra la dictadura de Stroessner.

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