06 sept 2026

Salud pública, prioridades y bien común

La salud pública presenta un complejo escenario con innumerables desafíos y problemas.

Hoy, gracias a la movilización de los médicos, la volvemos a tener más de frente, asumiendo que se encuentra con una palidez preocupante. Y la cuestión no pasa solo por la inyección de más dinero del presupuesto de la nación ni por el simple incremento salarial para el personal de blanco o la construcción de más y modernos hospitales. Estos son factores relevantes, sin duda, pero a la postre no son los absolutamente determinantes.

En los últimos años hubo avances, pero altamente insuficientes con respecto al crecimiento de la demanda y el agravamiento de problemas estructurales del sector.

El presupuesto del Ministerio de Salud Pública creció 121,7% en una década y hubo mejoramiento a nivel de infraestructura, pero, al mismo tiempo, no se atacaron las deficiencias de fondo del sistema: Mala gestión, alta corrupción. Mucha fachada y pocas transformaciones de fondo.

Son frecuentes los reclamos respecto a falta de insumos y medicamentos en los hospitales públicos; el calvario para conseguir un lugar para internación o camas para terapia es algo habitual, y ni que hablar del reto de contar –a tiempo prudencial y razonable– con turnos para cirugías o consultas especializadas.

Lastimosamente, nos encontramos ya respirando el tufo electoral que frena las acciones a mediano y largo plazo, pues los políticos, es decir, legisladores, concejales y hasta ministros y miembros del Poder Judicial, entre otros actores del Estado y el Gobierno comienzan a modificar sus prioridades dejando en muchos casos en un segundo plano el bien común y el interés general de la República para dar paso a los intereses personales, de su movimiento o partido político. Primero se hace lo que conviene al proyecto político personal o partidario y luego lo que urge a la gente.

El mejoramiento del sistema de salud en Paraguay no pasa solo por destinar más dinero del PGN, sino también –y principalmente– por eliminar las estructuras de corrupción que desangran al sector con licitaciones amañadas, incluso en contubernio con las empresas proveedoras; pasa por una gestión de excelencia y honestidad de los recursos, con sistemas de control de parte de organizaciones extra institucionales; pasa por enfrentar el robo de medicamentos e insumos que ocurre con la complicidad de funcionarios de las instituciones; por crear mecanismos para la capacitación y la contención del personal, incluso apuntando a un trato cada vez más humano a los pacientes. Destinar más fondos sin realizar cambios en estas estructuras de gestión, administración y ejecución en las instituciones, sería arrojar recursos a un barril sin fondo; seguir alimentando a la peligrosa bacteria incrustada en el sistema y que la devora internamente.

Considerando que se trata de un tema sensible para la población, corresponde asumir la salud pública como “emergencia nacional” y plantearse el problema en primera persona, es decir, desde la pregunta referida a lo que uno como político, institución o ministerio, incluso organización civil no gubernamental, puede aportar concretamente para enfrentar esta realidad con sus deficiencias y reclamos. Y esto implica acciones para frenar los circuitos de corrupción y también apretarse los cinturones, es decir, asumir sacrificios concretos, apuntando a la eliminación de los gastos superfluos para fortalecer los servicios públicos a nivel sanitario.

La salud pública saldrá del escenario complicado en el que se encuentra solo mediante un compromiso real y concreto del presidente de la República, de los líderes políticos, parlamentarios y titulares de los poderes del Estado, de priorizar con todas los recursos y las herramientas posibles el mejoramiento del sistema al más corto plazo. Estamos ante un escenario crítico e infectado.

El sector necesita ingresar a terapia y su recuperación requerirá de tiempo y atención especiales. El desafío es asumir la necesidad de cambio en primera persona y no pasar la culpa o la carga al “otro bando” o al bolsillo de la institución de al lado. De eso se trata empezar a construir desde el bien común en todos los ámbitos.

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