Paraguay está atravesando un momento económico que merece ser observado con más atención de la que muchas veces recibe. No solamente por sus propios indicadores, sino porque instituciones financieras de alcance global comienzan a mirar al país con una lectura cada vez más favorable. Un reciente informe de JP Morgan sobre Paraguay, fechado el 2 de setiembre de 2026, vuelve a poner sobre la mesa un concepto que durante años parecía difícil de asociar con nuestra región: Estabilidad macroeconómica con crecimiento.
El dato que dispara el análisis es contundente. La inflación mensual de agosto fue de cero por ciento, luego de dos meses consecutivos de deflación. Como consecuencia, la inflación interanual descendió hasta el uno coma cinco por ciento, su nivel más bajo desde mayo de 2013, excluyendo el año excepcional de la pandemia. Más importante aún, ese registro se ubica en el piso del rango objetivo de inflación.
No se trata de un dato aislado, JP Morgan señala que la inflación núcleo que utiliza como referencia, denominada Core X1, registró una variación mensual negativa del cero coma uno por ciento y una inflación interanual de apenas cero coma nueve por ciento, la más baja desde fines de 2009.
Detrás de estos números hay varios componentes. Los precios de verduras y carne roja explicaron buena parte de la sorpresa a la baja y contribuyeron a que el rubro alimentos registrara una caída mensual del cero coma ocho por ciento. En sentido contrario, los combustibles aumentaron cuatro coma seis por ciento mensual, compensando parcialmente esa reducción. Los servicios, por su parte, mantuvieron una inflación algo mayor, con un aumento del cero coma dos por ciento mensual y tres coma siete por ciento interanual. La relevancia de todo esto va mucho más allá del precio de la canasta familiar.
En economía, la estabilidad es un activo. Una inflación controlada permite a las empresas proyectar costos, a los inversores calcular retornos con menor incertidumbre y a las familias preservar mejor su capacidad de compra. Cuando estas condiciones se sostienen en el tiempo, el país comienza a construir algo mucho más difícil de obtener que una buena tasa de crecimiento circunstancial: Credibilidad.
Y allí aparece probablemente el aspecto más significativo del análisis de JP Morgan. El informe no describe una economía estancada con inflación baja. Por el contrario, al referirse a las perspectivas de la política monetaria paraguaya, menciona expectativas inflacionarias ancladas y un crecimiento real del producto interno bruto firme. La combinación no es menor.
Buena parte de América Latina ha sufrido históricamente ciclos de crecimiento acompañados por inflación, depreciaciones abruptas, desequilibrios fiscales o cambios repentinos de política económica. Para cualquier inversor internacional, la previsibilidad constituye entonces una ventaja competitiva. Paraguay tiene allí una oportunidad extraordinaria.
El desafío consiste ahora en transformar la estabilidad macroeconómica en una plataforma para atraer capital productivo, incorporar tecnología, generar empleo de mayor calidad y aumentar la productividad. Una economía estable es una condición necesaria para el desarrollo, pero no suficiente. El verdadero salto ocurre cuando esa estabilidad se convierte en inversión.
También sería un error interpretar los datos actuales con complacencia. El propio JP Morgan proyecta que la inflación volverá a acelerarse desde setiembre debido, entre otros factores, a efectos estadísticos, una mayor inflación de bienes transables y posibles presiones sobre los alimentos asociadas a El Niño. Para finales de 2026, estima una inflación cercana al tres coma tres por ciento interanual, todavía ligeramente por debajo del punto medio de la meta del Banco Central, que el informe ubica en tres coma cinco por ciento.
Esa advertencia es saludable. La credibilidad económica no se construye celebrando un buen número, sino preservando las instituciones y políticas que permiten obtenerlo.
Por eso, probablemente la noticia más importante del informe no sea que Paraguay tenga hoy una inflación del uno coma cinco por ciento. La noticia es que empieza a consolidarse una percepción internacional de Paraguay como una economía relativamente previsible, estable y disciplinada. Y esa reputación puede valer muchísimo.
El capital internacional no busca solamente rentabilidad. Busca seguridad jurídica, estabilidad monetaria, reglas previsibles, infraestructura y capacidad institucional. Paraguay tiene todavía desafíos importantes en varios de esos campos, pero posee hoy una base macroeconómica que numerosos países de la región quisieran tener.
La pregunta que deberíamos hacernos, entonces, no es solamente cómo logramos mantener la inflación bajo control. La verdadera pregunta es qué vamos a hacer con esta estabilidad.
Porque si Paraguay consigue combinar disciplina macroeconómica con reformas institucionales, inversión en infraestructura, educación, tecnología y apertura al capital internacional, la estabilidad puede dejar de ser simplemente una buena característica de nuestra economía y transformarse en una auténtica estrategia de desarrollo.
Tal vez allí se encuentre una de las oportunidades más importantes de esta generación: que el mundo deje de mirar al Paraguay únicamente por su potencial y comience a mirarlo por sus resultados.