19 jul 2026

Roa Bastos: El exilio y los vínculos intelectuales

Mirta Roa recuerda las amistades literarias de su padre, la nostalgia por Paraguay y la manera en que transformó el dolor del exilio en creación.

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Casaccia, Roa Bastos y Vargas Llosa

Foto: Archivo UH.

Yesica Vera Zarza

A sus 80 años, Mirta Roa Mascheroni recorre una vida atravesada por el exilio: vivió 30 años en Argentina, 30 en Venezuela y desde hace dos décadas reside en Paraguay.

Como en la entrega anterior abordamos la mirada del escritor uruguayo Mario Benedetti sobre la obra de Roa Bastos, quien lo consideró una de las voces fundamentales de la literatura latinoamericana, hoy profundizamos con la hija del autor de Yo el Supremo para seguir conociendo sobre las redes intelectuales que tejió el escritor paraguayo durante sus largos años de exilio.

Mirta confirmó el hecho de que no conservan correspondencia entre Augusto Roa Bastos y Mario Benedetti en el archivo familiar. Sin embargo, dijo que existió una relación de respeto y admiración mutua. Agregó que ambos compartieron el dolor del exilio y una profunda preocupación por el destino de América Latina, por lo que coincidieron en numerosos encuentros literarios y culturales.

“Mi padre mantuvo amistad y contacto con muchos escritores e intelectuales de su tiempo. Recuerdo especialmente a Tomás Eloy Martínez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Juan José Saer, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti y, por supuesto, a Benedetti. Admiraba a Borges. Eran vínculos construidos alrededor de la literatura, pero también de la defensa de la libertad, la democracia y la cultura latinoamericana”, expresó.

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Mirta Roa, junto a su padre, Augusto Roa Bastos.

Foto: Archivo UH.

Mirta recordó que el exilio marcó profundamente la vida familiar, ya que no fue solamente una distancia geográfica, sino que significó vivir con la nostalgia permanente del Paraguay, con la esperanza de volver y con la incertidumbre de no saber cuándo sería posible. Sin embargo, mencionó que nunca vio en su padre resentimiento. “Transformó ese dolor en creación. Continuó escribiendo, investigando y enseñando, convencido de que la cultura podía vencer al olvido”, resaltó.

En ese sentido, indicó que en su casa siempre hubo muchos libros, ya que sus padres leían y ellos en imitación, también lo hacían. “Carlos, mi hermano, prefería la poesía y yo, los cuentos. Papá traía hermosos libros para nuestra edad, y recuerdo con mucho cariño, Las travesuras de Naricita, de Monteiro Lobato; Azabache, de Anna Sewell; Totó el bueno, de Cesare Zavattini; Miguel, perro de circo, de Jack London; Cuando la tierra era niña, de Nathaniel Hawthorne, entre otros”, refirió.

Paraguay en el corazón de Roa

En otro momento, Mirta habló de la emoción con la que hablaba su papá de su tierra y aunque estuviera lejos, el Paraguay nunca dejó de habitar su corazón ni su literatura. “Nuestros padres tuvieron que irse de Paraguay, pero Paraguay nunca se fue de ellos”, aseguró.

En 1967 Mario Benedetti escribió que Roa Bastos tenía la rara habilidad de usar la frustración del Paraguay como un espejo para reflejar lo más puro del hombre paraguayo. Ante esa reflexión del escritor uruguayo y consultada sobre si el exilio potenció esa mirada o fue un precio demasiado alto para la literatura del Premio Cervantes, Mirta respondió que ambas cosas son ciertas ya que el exilio fue un precio muy alto desde el punto de vista humano.

“Lo privó durante muchos años de vivir en su país, de compartir con su gente y con su familia en plenitud. Pero, al mismo tiempo, esa distancia le permitió contemplar al Paraguay con una perspectiva más amplia y universal. Nunca dejó de escribir sobre su país; al contrario, el Paraguay se convirtió en el centro de su obra. Desde lejos pudo comprender con mayor profundidad sus heridas, sus contradicciones y, sobre todo, la extraordinaria fortaleza de su pueblo. Su literatura logró trascender lo local porque hablaba del Paraguay sin dejar de hablar de la condición humana. Esa es, quizás, una de las razones por las que sigue siendo un autor vigente”, enfatizó.

Con respecto a la referencia de Mario Benedetti, Mirta contó que Roa decía: “Para mí, el Paraguay ha sido siempre una especie de gran espejo muy luminoso que de pronto ha sido trizado en muchos fragmentos. Lo que yo he hecho en mis novelas ha sido justamente reunir estos fragmentos del gran espejo roto para que pudiera volver a dibujarse la imagen profunda de una colectividad”.

Roa Bastos padre

“Mirtuchi”, como le decía de niña cariñosamente su padre, habló también acerca de lo mucho que le entusiasma hablar de su papá y admitió que a su versión más joven le diría que disfrute más el tiempo junto a él, que haga más preguntas y que escriba muchos más recuerdos.

Sostuvo que, a 21 años de la partida de su padre, piensa que tendría que haber sido más demandante pero que por respeto y pudor, no hizo más preguntas, se quedó con ellas y ahora querría conocer las respuestas. “Cuando somos jóvenes creemos que nuestros padres siempre estarán allí y no imaginamos cuánto valor tendrán, con los años, sus palabras y sus silencios”, apuntó.

20 años de la Fundación Roa Bastos

Mirta comentó que hoy siente como una misión seguir preservando y difundiendo el legado de su padre y que, a través de la Fundación Augusto Roa Bastos, que este año está cumpliendo 20 años, intentan que las nuevas generaciones descubran no solo al gran escritor, sino también al hombre comprometido con la cultura, la educación y la dignidad humana. “Cada lectura de sus obras y de sus cartas, me permiten comprender la dimensión humana de mi padre. Y eso quisiera transmitirle a los jóvenes”, manifestó.

Destacó que con motivo del aniversario, publicaron La Europa que vio Augusto Roa Bastos con la investigadora Carla Fernandes, un material que reúne lo que escribió durante el primer viaje que hizo a Europa, invitado por la British Council. Las crónicas ofrecen un testimonio directo de su mirada, además de conocer una etapa poco difundida de la trayectoria intelectual de quien años más tarde se convertiría en uno de los grandes escritores de la lengua española.

La investigación de Fernandes aporta el contexto histórico y literario necesario para comprender la importancia de estos escritos en la formación del pensamiento y la sensibilidad de Roa Bastos, además de situarlos en el marco del periodismo paraguayo de mediados del siglo XX. Estas crónicas las enviaba al periódico El País, hoy Última Hora, con el nombre de La Inglaterra que yo vi. Con esta publicación, la Fundación pone a disposición de investigadores, docentes, estudiantes y lectores un valioso documento que amplía el conocimiento sobre la obra y la vida de Augusto Roa Bastos, reafirmando su compromiso con la preservación y difusión de su legado cultural.

“Cuento mis exilios por las bibliotecas perdidas”

Esta frase es de Augusto Roa Bastos y narra acerca de la cantidad de libros perdidos que eran del autor y que, debido a las mudanzas obligatorias por el exilio, se desconoce el paradero de una parte de ellos.

En este sentido, su hija contó que ahora están haciendo un libro con el investigador estadounidense Daniel Balderston y Carla Fernandes. Este se va a presentar este año en la Feria del Libro de Encarnación que se llevará a cabo del 1 al 5 de setiembre.

Lleva el nombre de Libros perdidos: tesoro recuperado, porque para los hijos y para los críticos es un tesoro. “Para nosotros, sus hijos, es muy entrañable porque son libros que estuvieron en nuestra casa, que formaron parte de nuestro hogar, que estuvieron más de 20 años dando vueltas por ahí y de repente llegan de una forma misteriosa, casi como un cuento de Roa, a nuestras manos otras vez”, relató.

Señaló que la socióloga argentina Celina Brítez es la heroína del hallazgo de unos 174 libros que fueron entregados hace 4 años. Así nació la idea de este libro que reúne los testimonios de todas las personas que participaron en el rescate y del porqué son importantes, ya que realmente no se trata del libro como objeto ni como literatura sino que ellos, subrayados, marcados, señalados, muestra cómo era la forma de trabajo de Roa.

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