En las manos y en la mente de Nelson, el dibujo, quizás el mejor ángulo de su hacer, crece expandido hacia la pintura, al grabado, al collage, al objeto, la instalación o la joyería, prueba de la existencia y el trabajo de un artista inclasificable, resuelto a caballo entre el Paraguay y el Brasil.
La propuesta y oferta de Martinesi traspasan la cualidad física de sus obras para plantear una exposición diferente, una experiencia sensorial alejada de lo convencional. Elije una operación disruptiva, estableciendo un montaje que se sale de marcos y normas atravesando paredes e invadiendo lugares poco ortodoxos. Se siente el atelier, el universo creativo y libre del espacio privado del artista conseguido a través de una ambientación lograda en la propia galería.
Sus maneras expresivas, el acento en la libertad, empatía y transferencia comunicativa hacen de Presente continuo más que un recorte de varias épocas y formatos, una emocionante situación: Pensar en su propia identidad y en la de sus fieles acólitos, un público de diverso origen, edad y pensamientos.
La muestra es una aleación declarada de anarquía, humor, amor, juventud y madurez que vuelve a confirmar, de nuevo, por qué el arte de Martinesi es tan necesario para oxigenar actitudes convencionales: Nos engancha a la frescura, a la vibración y a la energía de paletas altas, al trabajo tenaz, a seguir iluminando nuestra escena con una luz radiante.
Archivo de vida
Apreciar este conjunto heterogéneo instalado en las paredes de la galería sugiere una razón para valorizar expresiones que van del lápiz al ready-made, pero sobre todo a imaginar el resurgimiento del dibujo en la actualidad, un fenómeno que rememora la década de 1980 en Asunción, caracterizada por sus excelentes artistas dibujantes como Lucio Aquino, Luis Alberto Boh, Miguel Heyn o Julio González Marini, entre otros protagonistas. Demás está decir que el dibujo es un ritual diario que Nelson practica desde niño.
Y por supuesto, se debe inscribir aquí el fundamental legado del artista Livio Abramo (1903-1992) en la formación de Nelson Martinesi. Su compañía en la Escolinha de Artes y en el Centro de Estudos Brasileiros resignifica la labor generosa y actualizadora del maestro de varias generaciones de artistas paraguayos, ofreciendo en Presente continuo huellas de su obra, ideas e impacto en la cultura visual de nuestra escena.
Dibujar, como en un presente continuo podría ser la metáfora que Nelson ofrece como registro de experiencias, sentires y métodos. La exposición yuxtapone dibujos y grabados de gran precisión con otros intencionadamente inacabados; dibujos descriptivos junto a otros diagramáticos; así como dibujos figurativos entreverados con abstracciones. Si bien existen variaciones en la técnica, las imágenes, los materiales y el tamaño de las obras, lo que Nelson Martinesi nos presenta en este invierno demuestra una voluntad maximalista, una interacción barroca, un ejercicio o un exorcismo.
Como herramienta para la comprensión del mundo, el arte de Martinesi no sólo es plataforma para la contemplación, sino espacio para la invención y la especulación. Contingente, expresivo y pasional, tiene la cualidad de subrayar emociones y pensamientos íntimos para volverlos universales.
El archivo, o lo que es decir, las producciones recolectadas de los tránsitos nómadas efectuados entre Paraguay, Minas Gerais y Bahia siempre han ocupado un papel dentro de la historiografía del artista. Su exilio brasileño es un capítulo trascendente y central, haciendo que esta posición indeterminada de pasado, presente y futuro configure, sin embargo, una propuesta activa y vitalista.
Asignándose el adjetivo continuo a este atlas memorioso y renovado de imágenes, es, finalmente, comprender el poder transitivo y testimonial de una vida contada y cantada para todos. Recuerdos y vivencias construyen este edificio empírico y calculado de Nelson para brindarnos este espejo honesto, uno que pueda decirnos, sin rodeos, quienes somos y dónde estamos parados.