Opinión

Pero nuestro gran problema es Chile...

En una semana se cumplirán 33 años del golpe de estado que nos liberó de Alfredo Stroessner. No nos libró sin embargo de los estronistas, pero bueno, la lucha continúa.

Brigitte Colmán Por Brigitte Colmán

Hay que recordar quién fue el dictador, que por 35 años fue dueño de vidas y haciendas en el Paraguay. Recordar todo lo malo que hizo, no glorificarlo como sigue haciendo la ANR, Asociación Nacional Republicana, en su sitio web.

Sabemos que era militar y que en 1932 fue enviado al Chaco, donde interviene en la batalla de Boquerón. Al respecto, circula todavía por ahí una historia de cuando Stroessner abandonó su mortero, esto no figura en la bio de la ANR por supuesto.

En 1954 un golpe depone al presidente Federico Chaves, y el poder queda provisoriamente en manos de Tomás Romero Pereira; en las elecciones de aquel año Stroessner asciende a candidato único, y después electo presidente de República. “Completó el período hasta 1958 y luego sería reelecto en 7 oportunidades”, ese es el resumen de la dictadura para los colorados.

De las 20.000 personas detenidas ilegalmente y torturadas y de los más de 400 desaparecidos no se enteraron nunca. Como tampoco de las diversas tropelías de su general mortero: la repartija de 8 millones de hectáreas tierras del estado a sus amigos y correligionarios, de cómo compraba lealtades y ejercía funciones como el primer pedófilo de la República; además de perseguir a las ligas agrarias cristianas, los sindicatos, los partidos de oposición, perseguir la libertad de expresión, prohibir las manifestaciones ciudadanas y enviar al exilio a miles de paraguayos.

Más de 70 años en el poder llevan los colorados, 35 de los cuales bajo una dictadura con su legado de despotismo y mediocridad. Ellos son responsables directos de la dictadura de Stroessner y llevan demasiado tiempo mal gobernando este país. Perdieron el invicto en 2008 cuando Fernando Lugo les derrotó en elecciones libres y democráticas, aunque lograron rectificar la mala decisión popular un tiempo después con un juicio político express, para el cual colaboró un significativo sector de la “oposición”.

El dictador estaría orgulloso de los logros de los colorados.

De las escuelas que caen a pedazos, de los niños y adolescentes pobres que no tienen acceso al internet, pues la escuela pública es un fracaso lo mismo que la salud pública que colapsa lo mismo por accidentes de tránsito, por el dengue y por el coronavirus.

Del IPS, manejado siempre por los colorados, que estafa a los trabajadores que nunca encuentran cama para internación. De los servicios públicos administrados por los colorados, de los cortes de agua y de energía eléctrica. De la justicia complaciente con el clan Gonzalez Daher, que no le busca a Dalia, y mantiene en la cárcel al muchacho que hacia aceite de mariguana y al que robó mandarinas.

Estos 33 años del fin de la dictadura pasarán inadvertidos para el gobierno y para el Partido Colorado que jamás celebraron la democracia. Un gobierno y un partido que siguen teniendo el mismo discurso de hace 70 años, que siguen pregonando una democracia sin comunismo, sin comunistas y sin todos esos que se creen libres y con derechos.

Nadie resume tanto el coloradismo como el senador más antiguo del República, que en medio del despelote en que vivimos dice que el problema es Chile.

Y nos quiere meter miedo cuando dice que “Se van a enfrentar dos modelos de vida, nuestro modo de vida tradicional cristiano, familiar, solidario, frente a los que nos proponen otros sectores de libertinaje, de lo que yo considero una degeneración sexual, de lo que yo considero una bomba de tiempo, a punto de estallar en anarquía”.

El senador pidió cuidar al país para que no suceda lo que está ocurriendo en Chile: “Cuidemos nuestro país para que no nos venga una desgracia similar”. (LN, 17 de enero, 2022). Tranqui senador, nuestra desgracia comenzó hace más de 70 años.

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