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No hay cuevas para huir

En setiembre del 2017, el ignoto gobernador de Paraguarí saltó a las noticias nacionales cuando abandonó Honor Colorado para sumarse al movimiento Añetete. A Miguel Cuevas no le gustó que Horacio Cartes se decantara por Juan Carlos Baruja. Fue un pase clave en términos electorales. En Paraguarí, un territorio abrumadoramente cartista, Mario Abdo Benítez le ganó a Santi Peña por 5.220 votos. En la lista por la diputación se impuso Cuevas, mientras que el oficialismo ganó en las boletas para la Gobernación y Senado.

Entonces, el entonces presidente, Cartes, “descubrió” la corrupción de su gobernador, que por cinco años, según las investigaciones periodísticas de sus propios medios, dilapidó fondos públicos.

Miguel Cuevas cuenta con orgullo que fue zapatero. Pero, esta no es la historia del self made man, del hombre que se hizo a sí mismo gracias a su creatividad o innovación a la hora de emprender negocios. El mismo lo dice, casi como una confesión. Su vida económica cambió drásticamente gracias a la política: fue intendente, administrador del puerto de Paranaguá en la era Nicanor (donde aparentemente amasó una fortuna). Fue nicanorista, cartista y ahora abdista. Siempre en el lado oportuno del poder.

Cuando el político acumula dinero, busca la gloria. Y se dispuso a llegar al podio más alto. Fue elegido presidente de la Cámara de Diputados. Su candidatura fue propuesta entonces por José María Ibáñez, quien lo calificó como un “compañero que representa fielmente al partido”, quien de esta manera definía el perfil político, traicionado por el maravilloso inconsciente que grita verdades más allá de la voluntad. Cuevas no se conformó con su jugoso cargo y se encargó de meter a toda su familia a la función pública, obviamente con la aquiescencia del Gobierno. Tanto fue el escándalo, que sus dos hijas se vieron obligadas a renunciar. Una de las 14 propiedades allanadas por la fiscala Irma Llano corresponde a su hijo, beneficiado a los 18 años con tierras destinadas a la reforma agraria.

INSALVABLES. La lenta investigación fiscal al diputado, así como al senador Javier Zacarías Irún, pone en entredicho la independencia del Ministerio Público, que hoy tiene dos casos muy sonados y que reflejan la pulseada del poder político con la independencia fiscal/judicial. Uno es protegido de Cartes y el otro de Marito. En esta guerra política, la Fiscalía debe mostrar que no responde a los poderosos, o al menos que se va liberando de ellos. A simple vista es imposible que justifiquen su grosera fortuna, y solo en un país de alta corrupción judicial se explica que sigan legislando a pesar de sus escandalosos procesos.

Los casos Cuevas, Zacarías, Rivas, Cardozo y otros políticos que frenan sus causas gracias a la permisividad judicial que pone nuevamente al Parlamento en el centro de la escena. Hace días nada más, el Senado se vio obligado a autodepurarse por presión ciudadana, expulsando al polémico Víctor Bogado, quien a lo largo de su carrera legislativa zafó numerosas denuncias de corrupción, gracias a su poder político en los diferentes gobiernos.

En política hay una frase que evoca el infierno: “Le soltaron la mano”. Significa que el poder o tus aliados te han dejado huérfano, sin apoyo. Es cuando el teléfono ha dejado de sonar. Ya sucedió con el diputado Ulises Quintana y otros que sin pertenecer al nuevo oficialismo, están pagando el precio de la orfandad política. Unos con la cárcel, otros expulsados del Congreso.

Cuevas es un lastre para el Gobierno. Y aunque Marito le tenga afecto, porque gracias a su trabajo electoral en Paraguarí sumó votos para su difícil triunfo, al igual que Quintana en el Este, no tiene otra alternativa que darle la espalda por su propia sobrevivencia.

En las elecciones, los votos indeseables se diluyen en números. En el poder, se convierten en un gran problema.

MOMENTO COMPLICADO. Así como el titular de la Senad, Arnaldo Giuzzio, le sigue dando oxígeno a su Gobierno con las exitosas operaciones antidrogas que destronan políticos y desnuda la corrupción policial, el presidente necesita otros resultados, sobre todo en el área económica, que le sigue dando dolores de cabeza. Ya advirtió probables cambios en agosto y las movidas apuntan a ministros que no han logrado construir una gestión eficaz. En la milla verde ya caminan algunos condenados.

El caso Cuevas será revelador para calibrar el compromiso de las instituciones en la lucha contra la corrupción. De acuerdo a la celeridad fiscal y la decisión judicial, se verá si al ex humilde zapatero devenido a millonario político, le arrojarán el salvavidas o le soltarán la mano.

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