El PLRA anunció el retiro de sus candidatos del proceso de selección del contralor e instó a los demás sectores opositores a hacer lo mismo. La decisión busca marcar distancia respecto de un proceso que considera hegemonizado por la ANR. Más allá del hecho concreto, el caso permite analizar cómo se configura la estrategia de los opositores cuando enfrentan el predominio colorado.
El economista Albert Hirschman distinguió dos respuestas frente al deterioro de una organización. La primera es la salida, que consiste en abandonarla con la expectativa de que la ausencia provoque una reacción. La segunda es la voz y supone permanecer e intentar corregir aquello que funciona mal mediante la protesta o la disputa. A estas añadió la lealtad, que posterga la salida y permite que la voz siga su curso. Expresa la persistencia en un espacio que se considera importante preservar.
La utilidad de estas respuestas depende del contexto. La salida puede funcionar cuando bloquea una decisión, priva al actor dominante de un recurso o activa un nuevo curso. Pero si quien domina puede continuar sin los demás, la retirada tiene poco impacto. La posición del PLRA tiene un alcance testimonial, pues, dadas las mayorías de la ANR, no permite articular un bloqueo opositor. Puede dejar constancia de una postura, pero difícilmente altera el resultado. Al mismo tiempo, se pierde la posibilidad de plantear objeciones al proceso.
La voz tampoco permite prever un resultado inmediato diferente. La correlación de fuerzas favorable a la ANR hace que perder la votación sea el escenario más probable. Sin embargo, ejercer la voz puede producir otros efectos, como presentar las discrepancias, desnudar las estrategias de la mayoría colorada y mostrar que la decisión es otra imposición unilateral en su dinámica de copamiento.
Aplicada al sistema político, la lealtad tiene aquí un sentido puntual. No se trata de lealtad al proceso cuestionado ni de legitimar lo que hace la ANR, sino de lealtad a la competencia democrática y a la función de la oposición. Desde esta perspectiva, permanecer no es avalar. La presencia permite fiscalizar, disentir y presentar posiciones alternativas, aunque no existan posibilidades de triunfo.
La experiencia venezolana es una referencia útil, pero no equivalente. Las estrategias de boicot electoral no impidieron el avance del chavismo. Por el contrario, facilitaron el control de la Asamblea Nacional y dejaron a la oposición con menos recursos para organizarse. El punto no es que la retirada sea siempre una mala estrategia, sino que, si el poder puede imponerse de todos modos, la retirada puede facilitar su predominio.
El caso también muestra cómo la debilidad organizativa de la oposición condiciona su estrategia. La fragmentación y la falta de rumbo tienden a concentrar toda la discusión en la búsqueda de un candidato único que genere cohesión. Mientras tanto, el trabajo de construcción de cuadros, ideas, programas o mecanismos de coordinación queda postergado hasta un hipotético triunfo o se difumina al terminar el ciclo electoral. Entonces, la rueda vuelve a girar.
La competitividad de la oposición a mediano plazo no depende solamente de la selección de candidatos. También se relaciona con su capacidad para construir organización, controlar al poder y ofrecer alternativas, incluso en contextos de desigualdad de fuerzas. Salir, entonces, puede conservar la pureza testimonial. Ejercer la voz, en cambio, puede permitir construir de forma gradual una alternativa.
“La posición del PLRA tiene un alcance testimonial, pues, dadas las mayorías de la ANR, no permite articular un bloqueo opositor”.