Hoy meditamos el Evangelio según san Mateo 20,1-16. La parábola de los obreros de la viña es una de las explicaciones más gráficas del Reino de los cielos y, por extensión, de cómo debe ser la respuesta humana a la llamada divina. La imagen de la viña tiene mucha raigambre bíblica y es empleada habitualmente en el Antiguo Testamento para simbolizar la acción de Dios sobre el pueblo elegido, asemejado este a un campo de viñedos que se cuida con esmero y debe producir buen vino de salvación.
Jesús se refiere a la contratación de jornaleros que trabajan el campo. Como sucede con otras parábolas, el desarrollo de la historia nos desconcierta y desafía nuestros criterios y esquemas. En principio, parece que los obreros contratados a primera hora tienen razón cuando dicen que han trabajado mucho más que aquellos que el amo contrata a última hora de la tarde. Si el amo es bueno con estos por trabajar un poco, ¿por qué su bondad no se refleja más con los que han trabajado más?
En cambio, el amo responde a uno de los que se quejan: “Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿acaso no conviniste conmigo en un denario? Toma lo tuyo y vete; quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿No puedo yo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O es que vas a ver con malos ojos que yo sea bueno?”.
En cierto sentido la lección de la parábola versa sobre la caridad hacia Dios y hacia los demás, ya que todos nos acogemos y beneficiamos de la misericordia divina, (que cuenta con una viña y puede dar trabajo a quienes carecen de él), no tiene sentido exigir a Dios supuestos derechos de justicia, o quejarse de que otros se beneficien de su amor. Ya que Dios es magnánimo, nos pide a todos ser magnánimos como Él.
El papa Francisco lo explicaba así: “Con esta parábola, Jesús quiere abrir nuestros corazones a la lógica del amor del Padre, que es gratuito y generoso. Se trata de dejarse asombrar y fascinar por los “pensamientos” y por los “caminos” de Dios que, como recuerda el profeta Isaías no son nuestros pensamientos y no son nuestros caminos. Los pensamientos humanos están, a menudo, marcados por egoísmos e intereses personales y nuestros caminos estrechos y tortuosos no son comparables a los amplios y rectos caminos del Señor. Él usa la misericordia, perdona ampliamente, está lleno de generosidad y de bondad que vierte sobre cada uno de nosotros, abre a todos los territorios de su amor y de su gracia inconmensurables, que solo pueden dar al corazón humano la plenitud de la alegría”.
(Frases extractada de https://opusdei.org/es-py/gospel/2026-09-20/)