20 sept 2026

“Mi esposa me demostró que el amor puede vencer toda diferencia física o social”

Rubén López, de 96 años, nos cuenta cómo inició con su esposa, Teresa Berino, una pequeña zapatería en 1959, que con los años se convirtió en una de las empresas más conocidas de la capital.

Rubén López, de 96 años.jpg

Me llamo Rubén Guzmán López Villalba y nací en Villarrica del Espíritu Santo el 9 de agosto de 1930. Mis padres se llamaban don Juan Bautista López y doña Carmen Villalba. Soy el tercero de siete hermanos, aún sobreviven mis hermanas menores Esther, que vive en Montevideo, y Nimia, en Buenos Aires. El trabajo era una constante en nuestra familia, pero logramos salir adelante.

INFANCIA

Cuando tenía 5 años toda la familia se mudó a Concepción porque mi padre era pastor evangélico y fue enviado a predicar ahí. Más tarde, cuando terminó la revolución de 1947, la familia entera se asentó en Asunción, donde terminé el colegio en el “Comercio 1”, me gradué de contador público.

En 1951, mi vida cambió. Mi hermana Esther me pidió ayuda para que le enseñe contabilidad a ella y sus compañeras. Así fue como conocí a la mujer que cambiaría mi vida, mi futura esposa Teresa, hija de don Leopoldo Da Costa y Leopoldina Berino. Fue hace 75 años y lo recuerdo como si fuera ayer.

Su padre fue un alto funcionario del Gobierno y tenía una gran propiedad de 16 hectáreas en lo que hoy serían los barrios de Recoleta y Tembetary. Teresa era muy inteligente y no era de las que se complicaba. Era muy previsora, de soltera ya tenía casa propia. Nos llevábamos apenas un año, pero mi situación era muy distinta.

CARTAS DE MONTEVIDEO

Corría el año 1953 cuando empecé a cortejarla. Pero había un pequeño detalle, toda mi familia se tenía que mudar a Montevideo, Uruguay, por cuestiones laborales. Ahí trabajé en una zapatería llamada “Montgomery” y aprendí a usar máquinas eléctricas para fabricar calzados.

Teresa me demostró que el amor es una fuerza que vence cualquier diferencia física o social. Así que iba y venía tres o cuatro veces al año a visitarla y por supuesto, le escribía constantemente y ella también.

En 1957 volví definitivamente y traje conmigo, gracias a la venia de un diplomático paraguayo, las primeras máquinas eléctricas para abrir mi zapatería. Alquilé un salón sobre Pettirossi, y me di cuenta de que a la gente le costaba pronunciar “Montgomery”, así que le saqué la “t” y así nació Calzados Mongomery, a la gente le encantó.

Poner en marcha esas maquinarias también fue todo un tema. Eran trifásicas y la corriente en Asunción era monofásica, no existían las hidroeléctricas todavía, había una usina a leña en Sajonia que generaba corriente. Pero gracias a un amigo conseguí un medidor trifásico de la ANDE y las puse a trabajar.

FAMILIA

Con el negocio ya en marcha me animé y le propuse matrimonio a Teresa. Nos casamos en la iglesia San Francisco de Asís. Nuestro festejo fue en casa de mis suegros, muy íntimo. Mi familia no pudo venir desde Uruguay y no tuvimos luna de miel.

Nos fuimos a vivir por un tiempo al negocio, compré una cortina y ahí dividí el galpón en dos, de un lado el negocio y del otro nuestra habitación. Yo me encargaba de la elaboración y contabilidad, ella de las ventas y RR.PP.

Teresa era una mujer muy espiritual, devotísima de la Virgen María, a quien tenía como modelo de vida. A tal punto que me ayudó a cada momento, no importa que tan pesada fuera la cruz, ella seguía a mi lado.

Nunca tuve aspiraciones políticas ni hambre de poder. Mi sueño era el mismo que el de ella, una familia basada en el amor.

En 1960 nació nuestro primer hijo, Fernando; en 1962, Olinda; y en 1969, Óscar Darío, mi hijo tan querido que falleció hace 35 años. Teresa me ayudó a transitar ese duelo.

FELICIDAD

Cuando mis hijos fueron grandes, edifiqué una casa de ensueño para Teresa, con todas las comodidades. Quería regalarle esa casa en gratitud por todo, por haber iniciado conmigo desde un galpón. Y ella me dijo que no quería mudarse, que era feliz en nuestra casa de siempre. Teresa era una mujer extraordinaria, disfrutaba de las cosas simples de la vida.

Todavía tengo sus cartas. Aún de casados me seguía escribiendo. Hasta me dedicó un disco con versos y poemas. La mayoría de sus escritos están inmortalizados en una instalación que arme de madera y que colgué en el quincho de mi casa. Son como cuadros de lo que nos decíamos frente a los demás, en la privacidad de la habitación y en la complicidad de nuestra relación. Quien visite la casa siempre pasa frente y puede emocionarse con su letra manuscrita sobre papeles que se ven frágiles y oscuros por el inevitable paso del tiempo.

En la zapatería hubo gente que consiguió su primer y único trabajo hasta jubilarse. Recuerdo cuando nos expandimos al centro, recorrí bastante y encontré un lindo local sobre Mariscal Estigarribia frente a dos reconocidos centros comerciales. Pero había un problema, Philips del Paraguay también quería alquilarlo, el precio era de G. 40 mil mensual, una fuerte suma para la época; un pasaje costaba G. 7 recuerdo. Así que mejoré la propuesta al Dr. Jariton, que manejaba el inmueble. Y ahí estuvimos por más de 30 años.

LEGADO

Todo el progreso fue fruto de mucho esfuerzo, recuerdo las festividades de Navidad y Noche de Reyes en las que abríamos hasta tarde.

En diciembre de 2011 recibí otro golpe. Mi amada Teresa partió de este mundo víctima del cáncer. No pasa un solo día sin que la recuerde. En cada aniversario reservo media página para dedicarle unas palabras en un medio local.

Miro atrás y veo que en mi vida pasé por todo. Y lo mejor que me pudo haber pasado fue transitar la vida con la persona adecuada.

A veces me faltan las fuerzas, pero aún uso las escaleras, veo sin lentes, manejo, uso WhatsApp y hasta tengo redes sociales. Pero a pesar de todo lo que tengo y puedo, nada compensa la ausencia de la mujer que cambió mi vida. Y es mi mensaje para los jóvenes: hay cosas que el éxito no puede comprar.

  • “Teresa era una mujer devotísima de la Virgen María, a quien tenía como modelo de vida. A tal punto que me ayudó a cada momento, no importa que tan pesada fuera la cruz, ella seguía a mi lado”.
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