El mundo está asistiendo a un nuevo boom de los commodities. Este fenómeno es observable en términos de incrementos de la demanda estratégica, suba de precios y de grandes saltos tecnológicos y de innovación. Y algo más importante, con el impulso de la creciente demanda de materias primas, la geopolítica global está sufriendo cambios tectónicos en la dialéctica de intereses en conflicto que están transformando las relaciones de fuerza y poder entre las naciones. Es el segundo auge de commodities del presente siglo, siendo que el primero fue esencialmente agrícola. Ahora se relaciona con el trípode agropecuario, minería y energía. Incluyendo petróleo, gas y electricidad. El mundo necesita comer más y mejor, la logística exige petróleo, la IA requiere tierras raras para componentes cada vez más sofisticados y electricidad en cantidades crecientes. Un informe del Scotiabank para sus clientes advertía de eso hace meses. Anticipaba superciclos para minerales, oro y petróleo, granos, etc.
La guerra en Irán y el problema logístico en el Estrecho de Ormuz mostró al mundo la vulnerabilidad en la dependencia petrolera de un paso geográfico que elevó los precios de los hidrocarburos en cuestión de semanas. La crisis de la agricultura y los fertilizantes despertó con la guerra de Ucrania. Y las tierras raras, que no son ni tierras ni raras (después explico) –donde China es número uno y Brasil es dos– están moviendo la balanza en términos de hegemonía hacia la China sobre los EEUU. Estamos en un punto de inflexión, tal como destaca en su portada de esta semana la revista Time titulada “The Reunion”, sobre la cumbre en China entre Xi Jinping y Trump. Como resultado, Trump claudicó cancelando la venta de armas a Taiwán por un valor de USD 13 mil millones. Los conflictos y guerras entre naciones son causas y efectos, a la vez, de una acelerada corrida en busca de minerales críticos, comida y energía. Ya fueron en el pasado, ahora están de vuelta. En pocas palabras, dependiente de las tierras raras chinas, se podría decir, quizá todavía en forma provisoria, que Trump entregó a Taiwán para agradar a Xi Jinping. El presidente oriental le advirtió a Trump sobre la necesidad de dejar de apoyar a la isla porque eso podría desencadenar una guerra, apelando para eso a un clásico de la cultura occidental, “La trampa de Tucídides” –citada por Graham Allison para explicar la inevitabilidad de la guerra cuando emerge una potencia que disputa a otra anterior– en una demostración de su riqueza intelectual y como parte de su pensamiento estratégico. El presidente estadounidense, quien se gastó en alabanzas a la China, cuando le tocó la oportunidad, no reaccionó con bravuconadas, sino que se quedó callado y sumiso. Quizá no acontezca una Guerra del Peloponeso moderna, porque parece que Trump está dispuesto a ceder en el tema Taiwán para evitar que China siga bloqueando minerales críticos que son la base de la economía digital estadounidense. En respuesta, en la reunión se le prometió al chino que EEUU le venderá volúmenes mayores de granos, para lo que el Comité Central del Partido Comunista considera que es su mayor interés geoestratégico, la seguridad alimentaria. Ante este escenario, Brasil está preocupado, porque eso sustituye parte de sus exportaciones de soja. Y esto importa también a la zona brasiguaya, la de la reforma agraria brasileña de bajo costo, realizada en un Paraguay con débil institucionalidad.
Este escenario internacional exige de la inteligencia paraguaya para el 2028 tener un proyecto. Y el Paraguay no tiene ningún proyecto, quizá el Estado ni tenga inteligencia. Este Gobierno y cualquier Gobierno que se venga debe pensar en forma estratégica sobre cuál será el papel del Paraguay en un mundo donde los commodities volverán a estar de moda. Brasil tiene reservas de petróleo, otros minerales críticos y alta tecnología (Embrapa), enorme territorio y capacidad agrícola. Bolivia tiene litio. Argentina tiene tierras raras, mucho gas en Vaca Muerta y minerales por explorar. Chile tiene la minería ya desarrollada. Y así por delante. Ser detentor de reservas minerales y capacidad para plantar soja es importante, pero muchos commodities se transforman en productos finales solo en la China. Y nosotros mientras tanto estamos entregando hidroenergía a bajo costo a la criptominería (a veces robándola de la ANDE), manteniendo tarifas políticas en la electricidad sin reinversiones en infraestructura, estamos hablando de proyectos gigantescos (no sabemos si es puro humo) de data centers con un Taiwán desmoralizado ni sabemos cuánto oro sale de Paso Yobái violando leyes para enriquecer a políticos y empresarios inescrupulosos, y estamos con una agricultura con alta tecnología y bajos controles medioambientales. Los commodities están en la tierra o es posible plantarlos en pocos lugares del mundo. Las tierras raras son 17 elementos de los cuales 4 están en todo el mundo, y no son muy raros. Y pueden estar en Paraguay. Por tanto, para surfear en esta nueva ola de oportunidades, el país necesita un nuevo Gobierno con mayor calidad institucional que no entregue soberanía energética como siempre se hizo, que sepa y cuide lo que hay en el subsuelo y que controle la agropecuaria conforme con las normas que exige el mercado internacional. ¡Saludos cordiales!