06 abr. 2026

Héroes de verdad

Hoy en Paraguay se recuerda la muerte del Mariscal Francisco Solano López, en Cerro Corá, hecho que dio fin a la Guerra contra la Triple Alianza. Una contienda que llenó los libros de historias de hazañas y patriotismo. Esta es una fecha que nos invita a mirar hacia atrás y nos hace revivir el espíritu nacionalista. Sin embargo, en pleno 2026, toca preguntarse si el heroísmo paraguayo solo existe en las letras de los libros o si evolucionó en una resistencia cotidiana.

Mientras los discursos oficiales exaltan el pasado, los verdaderos héroes civiles –aquellos que sostienen un sistema de salud precario o defienden la educación pública en las calles– enfrentan batallas que aunque no se pelean en las trincheras, definen con igual fuerza el destino de un país.

Si de algo estoy seguro de que ser héroe en el Paraguay de hoy no requiere de pólvora, sino de sostener la integridad en un entorno que a menudo premia lo fácil. Hoy, la patria se defiende en la vigilancia ciudadana y en la construcción de una ética pública que honre el sacrificio de aquellos que dieron sus vidas por una bandera.

Al cumplirse un nuevo aniversario de la epopeya nacional, el recuerdo nos invita a despojarnos de esa idea del héroe con su uniforme militar para convertirnos en ejemplos ciudadanos en un contexto de crisis en la Caja Fiscal, de un IPS en decadencia y una justicia que no llega. El heroísmo ya no es morir por la patria, sino tener el coraje de vivir en ella honestamente.

Vivir con honestidad, es un gran desafío cuando estamos rodeados de un sistema en el que el clientelismo político suele ser el camino rápido al éxito. En un escenario en el que la afiliación podría definir tu futuro, un héroe es lo más próximo al ciudadano que elige la meritocracia y la honestidad.

Los héroes civiles son todo lo opuesto a aquella clase política que este domingo se llenará la boca con loas al patriotismo y ofrendas florales, mientras en la práctica deshonra cada valor que dice defender. Esos mismos sectores que hoy elogian el antiguo heroísmo son los que, a través de la corrupción estructural, el nepotismo en las instituciones y el saqueo de los recursos públicos, bombardean el bienestar ciudadano, ensuciando el recuerdo de quienes defendieron con honor a los suyos. No hay mayor traición a la patria que invocar el nombre de los héroes para justificar un sistema que prioriza el beneficio de unos pocos sobre el sacrificio de sus compatriotas.

Héroes son los docentes y trabajadores que salen a las calles a defender una jubilación digna frente a la crisis de la Caja Fiscal. Ser héroes, es también es exigir que los fondos públicos se gestionen con la misma entrega con la que se defendió el territorio.

Hoy, más que nunca necesitamos ciudadanos que vigilen el uso del dinero público, que exijan Justicia independiente y que no se rindan ante la apatía política. El mayor homenaje a los caídos en batalla no es un desfile o las flores que se llevan hasta un nicho, sino que es construir un país de donde nadie quiera huir por falta de oportunidades.

El heroísmo en el Paraguay ya no se destaca por portar medallas, se manifiesta cada madrugada en las paradas de colectivo, donde miles de ciudadanos libran su propia batalla contra un sistema de transporte público colapsado que les roba tiempo, dignidad y vida antes de comenzar la jornada. Son esos trabajadores quienes, a pesar de las precarias condiciones laborales y de un salario que se diluye frente al costo de vida, deciden no rendirse. Su resistencia es un verdadero ejercicio de patriotismo silencioso; el de aquel que sostiene la economía de un país que, cada día, les da la espalda.

En cada trasbordo bajo el sol, en cada hora extra no remunerada, en cada mes sin que el patrón lo agregue al Instituto de Previsión Social, se escribe una hazaña tan legítima como la Cerro Corá, recordándonos que sobrevivir con honestidad en la precariedad es, quizás, hoy la forma más reluciente del coraje civil.

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