Aunque pueden ser y son muchas las causas de la pobreza, hay que reconocer que básicamente la causa principal de la pobreza personal y colectiva es el subdesarrollo humano, lo que equivale a decir el bajo nivel de la educación integral familiar y académica, ya que la misión, función y responsabilidad de la educación es esencialmente promover el desarrollo humano integral.
Solamente la educación familiar, la educación formal y la educación permanente en diversas modalidades formales, no formales, reflejas, nos posibilitan el desarrollo personal actualizado y liberador de la pobreza y las dependencias al acrecentar la autonomía.
Nacemos radicalmente pobres, desnudos, absolutamente incompetentes, y dependientes, sin saber ni hablar... y solamente gracias a la educación logramos salir de la pobreza radical.
En la medida en que la educación familiar y la formal son de baja calidad y los municipios, la sociedad y subsidiariamente el Estado no asumen su responsabilidad de educar, como dispone el artículo 75 de la Constitución Nacional, en esa medida nos quedamos en el subdesarrollo humano personal y colectivo, es decir, en la pobreza de la mayoría de la población, que no puede pagar la educación privada de calidad y viajar al extranjero para especializarse.
Jacques Delors propuso cuatro pilares fundamentales para la educación en el siglo XXI: Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, convivir y aprender a ser.
A estas alturas del siglo, ante los constantes y acelerados cambios, provocados por descubrimientos científicos y tecnológicos, que afectan sustancialmente no sólo a los modos de vivir y relacionarnos, sino a los modos de ser humanos, ante este panorama es necesario un quinto pilar fundamental: Aprender a aprender, para actualizarse constantemente.
Son pilares fundamentales para construir el complejo edificio del desarrollo humano y sostener la acumulación de nuevos conocimientos, que requieren el presente cambiante y el futuro desafiante.
Una sociedad, cuyas familias, municipios y Estado no capaciten a sus miembros para saber construir su edificio complejo del desarrollo humano integral con sus cinco pilares fundamentales, es una sociedad condenada a la pobreza y el subdesarrollo.
Si queremos que nuestra educación nacional realice efectivamente su misión esencial de ser liberadora del subdesarrollo humano y consecuentemente de la pobreza personal, es urgente un cambio de 180 grados en las políticas educativas vigentes.
En primer lugar, instalando la política de ajuste y fidelidad a las disposiciones sobre la educación en la Constitución Nacional y las leyes, porque el hecho es que el sistema vigente ignora total o parcialmente artículos fundamentales como el 73, 74, 75, 76, 113, 115 (inciso 13) y otros, como el 28 sobre la transparencia.
El desacato a las disposiciones constitucionales es injustificado, injustificable, incluso punible; esperábamos que este gobierno pusiera en orden el sistema educativo nacional y todavía no vemos indicios de cambio.
La urgencia es apremiante no sólo para poner la educación nacional en estado de derecho, sino también para mejorarla sustancialmente, ya que la omisión de los artículos citados afecta gravemente a exigencias y objetivos esenciales del desarrollo humano (como la educación para la cooperación y el desarrollo de la dimensión espiritual).
Nuestro sistema y sus procesos educativos son, de hecho, una máquina de producir subdesarrollo.