La ANR está desatinada en Asunción. Aún no sabe cómo encontrar una candidatura con efectos narcóticos que generen amnesia colectiva para olvidar la etapa catastrófica de Nenecho Rodríguez. Empezó a barajar naipes para evitar la réplica del nocaut de Ciudad del Este, donde Miguel Prieto dio el tercer batacazo demostrando que el dinero (la fuerza vital del Partido Colorado) es insuficiente cuando se han cruzado todos los límites morales.
En principio, el debate interno se cruzaba entre oficialistas y disidentes, en un contexto partidario. En el cartismo sobresalía la figura del concejal y actual titular de la Essap, Luis Fernando Bernal, y por el abdismo, el diputado Daniel Centurión. Revolotean otros nombres, pero sin el peso de los mencionados.
Hasta que apareció repentinamente en el escenario el nombre de Camilo Pérez, presidente del Comité Olímpico Paraguayo desde el 2011. Un hombre vinculado al mundo deportivo. La propuesta provino del quincho de la calle España, es decir de Horacio Cartes. Pérez confirmó que el presidente del Partido Colorado le hizo la oferta, que responderá en diciembre.
Cartes hace política con lógica empresarial. Busca ganar y con ese objetivo mueve las piezas que encajen en ese plan. Quiere emular la fórmula Hugo Javier en Asunción. En el 2017 decidió postular a un outsider en Central porque ningún dirigente colorado pudo romper la hegemonía del PLRA en el departamento, que administraba desde 1993. El locutor N° 2 fue un éxito como estrategia electoral, pero terminó en un desastre, confirmando aquella crítica de Nicanor Duarte Frutos a su partido, que se redujo a una mera maquinaria electoral que gana, pero no resuelve los grandes problemas nacionales.
En la devastada Asunción, la ANR suena hoy a grosería. No solo por la pésima gestión, sino por la protección impune del oficialismo al renunciado intendente que pelea contra molinos de viento en las redes sociales, insultando a todo el mundo, acusando a sus correligionarios de traición y vaticinando la derrota de su partido. Para superar esta etapa, el cartismo busca dar un giro drástico y para ello necesita un candidato que no parezca sospechoso.
Pérez es una figura despegada totalmente del Partido Colorado (es uno más de los 2.500.000 afiliados), con nula militancia. Un outsider. Desde este punto de vista aparece como una propuesta fresca que podría atraer votos más allá de los límites republicanos.
Algunos dirigentes del cartismo manifestaron su desacuerdo. El senador Beto Ovelar dijo que no es una figura apropiada. Nicanor Duarte Frutos habló de la marginación de los jóvenes líderes del partido. Bachi Núñez deslizó también su preferencia hacia Luis Bernal sin chocar frontalmente con la decisión de su jefe, es decir, la dirigencia oficialista de base no acepta, por ahora, la candidatura de Pérez.
Pero se sabe, en el quincho no se debaten propuestas. Se acatan órdenes, como lo definió el analista colorado, Leandro Prieto: “Honor Colorado funciona como una monarquía, porque no hay gente racional al lado de Cartes, son más bien cortesanos que se pelean por tocar la tela de la capa del rey”.
En breve se conocerá el epílogo de la vieja historia del lobo vestido de cordero. Camilo será una nueva figura, pero en un envase viejo que sigue sin dar las soluciones más urgentes a los capitalinos, como lo demuestra la gestión de Luis Bello, cuya única misión es mantener el statu quo, sin modificar un ápice una administración que solo beneficia a la clientela política.
Si se confirma la precandidatura de Pérez, deberá enfrentarse en internas con el candidato de la disidencia. De cómo se defina este pleito dependerá la unidad colorada en la Capital. La profunda grieta que divide a cartistas y abdistas es un riesgo para el partido, como se vio en el Este. Cualquiera que gane tiene sus virtudes y defectos. Uno que puede unir al partido, el otro que puede traccionar votos independientes. Los colorados definirán quién de ellos enfrentará mejor a una oposición que dará pelea con rostro de mujer.
EN LA OTRA VEREDA. A diferencia de la ANR, la oposición está actuando con madurez en su proceso aliancista. En este sentido, ha dado un paso clave hacia la consolidación de una sola fuerza en Capital. El viernes, las precandidatas Soledad Núñez, Johana Ortega y Arlene Aquino, acordaron realizar la encuesta la última semana de febrero. La mejor posicionada será la candidata que será oficializada el 2 de marzo. En el último tramo se sumó oficialmente Cruzada Nacional, con lo cual el arco opositor incluye prácticamente a todas las vertientes. Más allá de algunas escaramuzas propias de un proceso aliancista variopinto, parece ser un pacto sólido con reglas de juego claras. Solo les queda acordar las consultoras que realizarán la medición. La transparencia es clave para que la elegida no tenga reparos. Sólo de ese modo la ganadora tendrá un acompañamiento real, sincero, sin puñales bajo el poncho, en la dura campaña que le espera de cara a las municipales del 2026.