07 jul. 2026

Gustavo Benítez: Materia, intención y azar

En la exposición Cosas naturales inaugurada en BGN/ ARTE se plantea un recorte de la producción artística de los últimos años del artista Gustavo Benítez Galeano (Asunción, 1959). La muestra cruza el arte con la ecología y la artesanía, encontrando en un mismo espacio y tiempo diferentes técnicas, materiales, texturas y colores, interactúando entre dos núcleos temáticos, uno cósmico y otro térreo.

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Gustavo Benítez, Cobijo, celulosa, óxido de hierro, polímeros, 2O26.

Foto: Gentileza.

Por un lado, el montaje dispone la representación de cuerpos celestes o del infinito cósmico con sus espirales, vórtices, agujeros negros, lunas, meteoritos y fuerzas electromagnéticas. Otra dimensión, anclada en la Tierra, ubica al habitat físico en el cual los seres vivientes perciben la realidad, dónde los materiales primigenios señalan aspectos subjetivos e íntimos de la vida humana, animal o vegetal.

Al estar nuestras vidas conectadas y no separadas de la naturaleza, el artista establece vínculos delicados que resaltan e influyen en los destinos de los seres vivientes de una manera recíproca y multidireccional. La exposición explora las intersecciones, paradojas y la fragilidad de la relación con el mundo natural que nos rodea.

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Gustavo Benítez, Tapir adolescente, celulosa, óxido de hierro, polímeros, 2025.

Foto: Gentileza.

El proceso creativo de Gustavo Benítez es intuitivo, manual, muy físico, dejando también espacio y oportunidad para lo inesperado. En ese encuentro entre intención y materia se fundamenta este impulso del azar, de lo inesperado, al tiempo de propiciar experimentar una aventura creativa.

Racconto creativo

De Gustavo Benítez Galeano podría decirse que es un artista de importante trayectoria e influencia en el ámbito local, pero que ha decidido permanecer como invisible, similar a las obras que realiza. Gustavo es un artista visual que inicia su carrera muy precoz, y que ya en 1979 adquiere notoriedad mostrando una obra centrada en la investigación de nuevos lenguaje desarrollando “montajes”, incriptos en el arte de la instalación y evaluando el objeto como manifestación artística.

Como prueba de lo dicho, recordamos la exposición Proceso a dos páginas y su papel imaginario llevada a cabo en el Centro Cultural de España Juan de Salazar, en 1979. En ella, Gustavo utiliza materiales como diarios, pigmentos, madera, tela metálica o efectuando monocopias con barro, colocando al espectador en el centro de la escena del montaje.

Su formación posterior en Río de Janeiro, en la Escuela de Artes Visuales del Parque Lage transforma su hacer artístico y lo confronta a la materia reciclada de la celulosa y las fibras naturales que se convierten en su principal lenguaje expresivo. De la mano de la gran artista brasileña Celeida Tostes (1929-1995) comienza un viaje a través de fibras vegetales y todos los materiales naturales posibles, creando un universo de artefactos que apelan y manifiestan la vida.

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Gustavo Benítez, Fragmentos, celulosa, óxido de hierro, polímeros, 2O25.

Foto: Gentileza.

Su trabajo sostenido de 50 años sin pausas se consolida a finales de la década de los 80 y durante la de los 90, marcando con fuerza a varias generaciones de artistas contempóraneos locales. Sus obras han conseguido, con su insumisión a los dictados conservadores, influenciar la renovación de las artes visuales del Paraguay, cuestionando soportes convencionales y proponiendo la utilización de nuevos materiales y procedimientos para plantear nuevos paradigmas artísticos.

Lecciones de la noche

Las obras de Gustavo Benítez observan el mundo biológico diría, desde una acción y pensamiento micro-político en cruce con el simbolismo del arte. Y al hacerlo, su ambición filosófica o epistémica, es el poder reconocernos como seres vulnerables, efímeros y únicos, como agentes potentes capaces de transformar (o destruír) nuestro entorno.

Comprender que el mundo físico y astronómico, como en todo proceso de entropía, es decir de uso, destrucción y muerte, va gastando su energía y se va degradando puede ser el significado posible de esta imaginería. Pero el pensamiento simbólico, la fuerza y las ganas de vivir y trascender contenidos en el arte, crea cosas nuevas, o estas cosas naturales como las llama el artista, como ejemplos de valores cualitativos superiores.

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Vista de la exposición Levedad corpórea del tiempo con el artista Gustavo Benítez en la Galería Exaedro, 2O24.

Foto: Gentileza.

La entropía es algo serio, y cada día y cada noche ocurre inevitablemente en los cuerpos un memento mori. El gran tema de la muerte es palpable hoy en este Antropoceno, o como dá en llamarse al tiempo o etapa del ser humano industrial, capitalista, urbano y egoísta instaurado hace dos siglos. El Antropoceno es la prueba de una cultura necrofílica que arrasa la vida humana y gran parte de la vida animal, vegetal y mineral, traicionando el pacto mutualista entre ella y el arrogante Homo sapiens.

Como un biófilo, o alguien que ama la vida, Gustavo Benítez es el autor de una exposición rebosante de ética, o de una bio-ética cuyo programa es tocar directamente nuestra existencia. Al crear obras-talismanes estimulantes, produce, intencional y azarosamente, conjuros para evitar la enfermedad, la tristeza o la muerte.

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Muestra Guardianes del bosque con el artista Gustavo Benítez. Instalación de
fibra vegetal extraída de Ficus enormis (Guapoy). Manzana de la Rivera, 1994.

Foto: Gentileza.

Selenita

La impresionante Luna llena brillante que nos recibe en la galería, causa un raro encanto en su plenitud a los terrícolas visitantes a la muestra Cosas Naturales. Una Luna que lo es todo, suma y símbolo de todas las cosas (de este mundo y las del espacio), que es matriarcal y patriarcal, estampa de estados de ánimo y hasta de retratos indirectos aludiendo a sus fases.

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Gustavo Benítez, Luna, celulosa, óxido de hierro, hilos de algodón, 2023.

Foto: Gentileza.

Influído por la luz violácea que emana su recuerdo, se cumple en esta imagen una justicia poética, lejos de cualquier sensiblería romántica. En los versos del escritor Leopoldo Lugones (1874-1938) en su Lunario Sentimental de 1909, y que Gustavo leyera con fervor en las oscuras noches de la pandemia, puedo encontrar imágenes retóricas que confirman identidades renovadas para este original relato visual, entrevista como “ombligo del firmamento, lenteja de un péndulo inmenso, ampolla de alabastro, ondina de las estelas, hada de las lentejuelas, témpano prematuro, cara sin ceño, azufrado rostro sin orejas, custodia, cero en lo infinito (...)”.

Acercándose estas líneas al amanecer de esta fabulación selenita, acompaño al paciente lector con el caudal simbólico y cultural de la Luna cultivado por otro gran artista. Elijo la imagen en movimiento del cineasta y mago Georges Mélies (1861-1938), que en su film Viaje a la Luna de 1902, transmite la ilusión de un lugar al que llegar, un cuerpo celeste devenido personaje, uno o una con el que todos podemos interactuar.

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Gustavo Benítez, Luna, celulosa, óxido de hierro, hilos de algodón, 1994.

Foto: Gentileza.

La mención a esta película de Meliés no es casual: Las imágenes en blanco y negro fueron proyectadas sobre una Luna de grandes dimensiones de Benítez fungiendo de pantalla, en una sesión realizada en el año 2023. Propongo volver a reprisar esta sesión fílmica de Un voyage dans la lune en la galería BGN, para así quizás entender, que a pesar de los cambios ecológicos en nuestro planeta y en la metrópolis guaraní, la Luna sigue allí, como blanca certeza de apoyo, solidaridad y compañía.

Escritor, crítico de arte y cine, es curador de exposiciones y programas fílmicos.
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