16 jul 2026

El voto por miedo a la revancha

La democracia a estas alturas en El Salvador ya no puede ser entendida con su significado original, es decir, como un sistema a través del cual existen contrapesos que permitan opiniones diferentes a las del gobierno de turno y ahora reelecto.

Sofía Martínez Osorio

Latinoamérica21

“¡Bukele, Bukele, Bukele!” se escucha a una sola voz bajo el balcón del Palacio Nacional en el que Nayib ofrece un discurso de victoria. Es la primera vez, después de ocho décadas, desde que el General Maximiliano Hernández Martínez prolongara su mandato por 13 años. Junto a su esposa, Gabriela de Bukele, Nayib repite una y otra vez que el pueblo salvadoreño permitirá seguir ganando la guerra contra las pandillas gracias al voto emitido en los comicios “democráticos” celebrados el 4 de febrero.

Nayib Bukele se ha autoproclamado ganador. Hasta ese momento el Tribunal Supremo Electoral (TSE) solo había escrutado el 22% de las actas, pero el candidato por Nuevas Ideas (N) ya se había apoderado del Órgano Ejecutivo y de 58 escaños de 60 en la Asamblea Legislativa, obteniendo así la mayoría de las diputaciones.

Democracia: Palabra caprichosa que según los griegos significa “el poder del pueblo” y de acuerdo con Nayib también. El candidato afirmó en su discurso que en “la historia del mundo, desde que existe la democracia, nunca un proyecto había ganado con la cantidad de votos que lo ha hecho en plena libertad y democracia”. Hasta este 5 de febrero, el TSE no había acabado el conteo de votos, pero la victoria sigue intacta y en redes sociales el candidato reelecto ya ha recibido múltiples felicitaciones a través de X (antes Twitter).

Sin embargo, la democracia a estas alturas en El Salvador ya no puede ser entendida con su significado original, es decir como un sistema a través del cual existen contrapesos que permitan opiniones diferentes a las del gobierno de turno y ahora reelecto. Esta vez, con mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa, se ha eliminado definitivamente la separación de poderes. Pero la población no es consciente de ello. La encuesta preelectoral del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) arrojó que el 68% de la población no está de acuerdo con que un presidente concentre todos los órganos del Estado, pero el 70% se mostró de acuerdo con la reelección presidencial.

El camino a la reelección se ha venido trazando paulatinamente, desde la imposición de nuevos magistrados hasta una serie de reformas electorales como la reducción de 84 a 60 parlamentarios y la disminución de municipios de 244 a 44, las cuales tenían una sola finalidad: Borrar del colectivo ciudadano a la oposición. Es así, como poco a poco se ha ido desdibujando la presencia de los partidos de oposición, tarea que no ha sido muy difícil para el oficialismo y en estas elecciones ha quedado demostrado que la oposición en El Salvador no se ha unificado y está a punto de extinguirse.

Unos comicios irregulares

Ha sido una jornada electoral larga y llena de irregularidades. 24 horas después, El Salvador sigue sin datos oficiales en su totalidad acerca de los ganadores de estos comicios. A la hora en la que Nayib se proclamaba vencedor con un 85%, las cifras no cuadraban con los escrutinios realizados hasta ese momento por el TSE. Antes de las 19 horas, Nayib había publicado en X: “De acuerdo con nuestros números hemos ganado la elección presidencial con más del 85% de los votos y un mínimo de 58 de 60 diputados de la Asamblea”.

Pese a todo, el día de la elección, esta no fue la única irregularidad. A la mitad del día el candidato a la presidencia interrumpió el silencio obligatorio y, con el uso de recursos estatales, ofreció una conferencia dedicada a atacar a los medios de comunicación nacionales e internacionales, así como a repetir nuevamente que el voto de los salvadoreños era necesario para no perder ni un solo escaño en la Asamblea Legislativa. De ser así, según el mandatario, la oposición liberaría a los pandilleros y podría haber una revancha. Este fue el discurso acordado en conjunto con los diputados del mismo partido que dieron entrevistas en los diferentes medios.

Pero esta campaña de miedo no se quedó solo en discursos. A pesar de que el Código Electoral impide propaganda tres días antes de los comicios, en cada bloque informativo, en televisión nacional y en transmisión en vivo, aparecía repetidamente publicidad del Gobierno de El Salvador con una voz en off diciendo, “El Salvador es nuestro”. El anuncio invitaba a la población a votar para no regresar al pasado, “un pasado al que nadie quiere volver” donde las personas estaban encerradas en sus casas y no los pandilleros. La única manera de mantener a los pandilleros encarcelados era a través de la reelección presidencial y mayoría legislativa.

La gente tiene miedo. Fue así como Nayib y sus diputados enarbolaron una y otra vez el régimen de excepción y la seguridad ciudadana a lo largo de esta jornada electoral, con frases cortas en un discurso que buscaba alimentar la sensibilidad de la población e impregnarse en el inconsciente popular. El alegato en contraposición de los derechos humanos de la gente de bien contra los de los pandilleros ha servido de incentivo a la población para ir a votar, no solo por cumplir con el deber ciudadano, sino, por miedo a una revancha pandillera.

Este ha sido un día de primeras veces. Fue la primera vez que en las papeletas aparecía el rostro de los candidatos presidenciales y también fue la primera vez, en la historia reciente del país, que se vive una escasez de información referente al conteo de votos. A las 22:22 horas del 4 de febrero, la página de la única institución que podía garantizar un proceso electoral transparente y democrático dejó de actualizar su información: El sistema falló.

Pero, en estas elecciones, este no ha sido el único fallo; falló la oposición por falta de fondos provenientes de la deuda política y el TSE cuando aceptó una candidatura en contra de la constitución. En el escrutinio final, el TSE decidió a última hora del 5 de febrero que, para el conteo de votos para la elección de diputados, abrirán la totalidad de los paquetes electorales para realizar el conteo papeleta por papeleta.

Al final del día, en la plaza Gerardo Barrios de El Salvador, Nayib terminaba su discurso jactándose de haber acabado con las pandillas en su mandato anterior y garantizando al pueblo salvadoreño que los pandilleros no van a salir libres: “Gracias a Dios, El Salvador pasó de ser el país más inseguro al más seguro del continente occidental”, pero “estos próximos cinco años, esperen a ver lo que vamos a hacer”. El discurso finaliza con un beso a su mujer y comienzan los fuegos artificiales al ritmo de It’s the end of the Word as we know it (es el fin del mundo tal como lo conocemos) del grupo R.E.M.

Más contenido de esta sección
El escritor y director creativo argentino estuvo en Asunción promocionando sus libros Justo ayer y Despoblados, dos obras que abordan la memoria, la infancia y los imaginarios del interior bonaerense.
Quizás valga la pena preguntarse en este punto por qué las pinturas y las películas de Enrique Collar han tenido tanto éxito en las últimas décadas. ¿Se deberá ésto a una reacción, a una pulsión identitaria en la renovación del imaginario humano y físico del Paraguay mestizo?.
El escritor y profesor de Literatura Pedro Peña estuvo en Paraguay presentando cuatro de sus libros. Uno de ellos, adaptado al cine.
En la exposición Cosas naturales inaugurada en BGN/ ARTE se plantea un recorte de la producción artística de los últimos años del artista Gustavo Benítez Galeano (Asunción, 1959). La muestra cruza el arte con la ecología y la artesanía, encontrando en un mismo espacio y tiempo diferentes técnicas, materiales, texturas y colores, interactúando entre dos núcleos temáticos, uno cósmico y otro térreo.
La inteligencia artificial ya no es simplemente una conversación sobre algoritmos ni sobre si los robots reemplazarán determinados empleos. Se ha convertido en el principal campo de disputa por el poder económico, político y tecnológico del siglo XXI.
Esta noche, cuando Paraguay y Estados Unidos salten al césped del estadio de Los Ángeles —el SoFi de Inglewood, California— por la primera fecha del Grupo D del Mundial 2026, el grupo que completan Turquía y Australia, los relatores repasarán el historial deportivo: aquel 3-0 norteamericano en Montevideo, en el Mundial inaugural de 1930, o el 2-1 del amistoso de noviembre pasado. Pocos recordarán que el verdadero primer enfrentamiento entre ambas naciones no se jugó con pelota.