24 jul. 2024

El Paragua’u del cartostronismo

En varias ocasiones –una vez con un texto enteramente dedicado–, en estas “Filias y Fobias” se escribió sobre Las aventuras de Pinocho, la “Historia de una marioneta” que el escritor y periodista italiano Carlos Collodi publicó por entregas, primeramente, y en volumen en 1883. La última vez fue apenas en abril pasado, cuando la estudiante de una secundaria pública de San Pedro, Luana González, le pidió expresivamente al denominado en este espacio “autómata del bando de los contrabandos”, Santiago Peña, que se anime a ser un presidente real: “Si Pinocho pudo ser un niño de verdad, Santiago Peña puede ser un presidente de verdad. Tiene que dejar de ser un títere”, exigió.
Aquella vez, la intervención de la estudiante en un contexto de crónica y agudizada crisis educativa fue de una magistral inteligencia que dicho sea de paso, al denostador de la educación pública y ahora ex presidente del Congreso (reducido súbitamente a simple espectáculo de feria), Silvio Ovelar, acaso provocó en lo íntimo una de esas sonrisas imbéciles a que nos tiene acostumbrados. Sin embargo, como señalé entonces, González iba directo al aspecto menos popular y más esencial de Pinocho –su carácter de muñeco inanimado que quiere convertirse en humano–, no al más conocido rasgo suyo: Su inclinación a la mentira que, en consecuencia y automáticamente, provoca el crecimiento de su nariz.

El primer informe constitucional del Ejecutivo al Parlamento está lleno de estas mentiras que en la marioneta creada por Geppetto tenían dramáticas consecuencias, pero que en el caso de la marioneta de Horacio solo tiene aplausos corporativos y aprobaciones perrunas, meramente burocráticas, publicitarias.

A más de la conocida y señalada cantinela de excusado que el autómata dedicó al gobierno anterior (también colorado, como todos los gobiernos desde hace casi un siglo, excepto uno que voltearon con ayuda del desesperadamente extraviado Partido Liberal), se hizo notar profusamente el hecho de que Peña haya hablado a la nación como si aún estuviera en campaña. El coloradismo, es bueno convencerse de ello, desde 1989 está en perpetua campaña esquizoide, aunque cada tanto brote algún Pedro Alliana hipócrita para negarlo con una simple performance también esquizoide. Aún así, el tufo electoral del discurso del presidente es de una hediondez nacional llena de excremento tecnocrático, además de extemporáneo, que es lo de menos viniendo de los colorados. A lo que están acostumbrados estos coprófagos es a hacerte comer mierda haciéndotela pasar por un manjar. Uno sofisticado supuestamente, según el nuevo evangelio corporativo del cartostronismo mafioso, empresarial y pragmático, profundamente ignorante y vulgar en el fondo… y en la superficie.

El Informe leído abundó en formas no personales e inciertas del verbo, chorreantes de gerundios, con giros del tipo “estamos impulsando”, “estamos construyendo”, “estamos llevando a cabo”, para significar simple y llanamente, en la mayoría de los casos, que se está “continuando” lo que el monstruoso gobierno anterior comenzó. Mientras tanto, la verdadera agenda legislativa, ejecutiva y judicial, dedicada a la vertiginosa acumulación de capital que el club de lavadores, financistas, empresarios inmobiliarios, importadores y agroexportadores “está llevando a cabo”, estuvo apenas latente o directamente ausente del speech marquetinero del presidente, un supuesto Paraguay poderoso que persigue instalar fraudulentamente el cartostronismo: Porque es lo suyo.

Otros apéndices y expresiones culturales propios, como el nuevo y orgulloso presidente pugilístico del Congreso, Basilio Núñez; el posiblemente convicto intendente de Asunción, Óscar Nenecho Rodríguez; la Selección Paraguaya de y Daniel Garnero y Robert Harrison –reconciliado obligatoriamente con Cartes mediante Alejandro Domínguez, tras la derrota del abdismo– tuvieron una semana con suerte dispar, pero nada de Paraguay poderoso: solo el Paragua’u típico del cartostronismo.

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Luis Carlos Irala