Opinión

El MEC de los stronistas

René González Ramos Por René González Ramos

Sin asombro fuimos testigos de lo que planteó el nuevo ministro de Educación, Nicolás Zárate, sobre lo que fue la dictadura de Alfredo Stroessner.

Solo “gobernó con mano dura”, dijo del tirano torturador y acusado de violar hasta cuatro niñas por mes, según los testimonios de sus víctimas, que se cuentan de a miles.

Zárate asegura que su sueño era ser ministro de Agricultura y no de Educación. Termina siendo el claro ejemplo sobre uno de los aspectos que siguen vigentes desde aquel régimen. Accedió al cargo por el único hecho de ser aliado partidario del presidente de turno y no por capacidad o por sus años de carrera dentro de las instituciones estatales.

Según el ingeniero, son los historiadores los únicos que están calificados para hablar sobre el stronismo. No cuentan para él los testimonios de las 107.987 personas afectadas en sus derechos humanos durante esos 35 años.

No cuentan las 18.722 personas torturadas ni las 3.470 exiliadas. Datos, no opiniones.

Tras el repudio que generaron sus palabras, aclaró que es una persona democrática, pero no se contradijo en absoluto en su admiración al gobierno de Alfredo Stroessner.

A 33 años de la caída de la dictadura, el stronismo permea en todo el sistema educativo.

En el 2021, el escritor e investigador Mariano Damián Montero nos recordaba en nuestro correo semanal el caso de la escuela de colonia Curupayty, en Eusebio Ayala, que lleva todavía el nombre de uno de los más grandes represores de la época, el torturador Patricio Colmán.

Otro centro escolar de Pozo Colorado se llama igual. Las placas conmemorativas stronistas también permanecen colgadas en las paredes de las escuelas y colegios públicos de todo el país. Estas chapas siguen en el colegio nacional Ysaty, en la escuela Elisa Alicia Lynch del barrio Ricardo Brugada y en la escuela Delia Frutos, de la zona de Sajonia, por citar algunas. Una directora me comentó hace poco que “las autoridades en el MEC no quieren hablar de los problemas”. Desean ocultar las aulas bajo árboles, los corredores como salas de clase y las miles de injusticias que sufren a diario docentes, alumnas y alumnos. Una herencia más del stronismo que continúa. El miedo a la protesta.

Pero la misma educadora, con un tono desafiantemente esperanzador, afirmó después que ya no tienen miedo de hablar y de dar la cara porque no se puede seguir callando lo que sucede en el sector.

La educación es compromiso de todos, dice el lema más utilizado por el ministerio. Y con mucho compromiso con la educación y con la historia, los estudiantes del Colegio Técnico Nacional dieron una hermosa lección de revisionismo histórico. Extrajeron la placa que homenajeaba al dictador y que estaba instalada en la entrada misma de la institución.

Ni me imagino lo que diría Zárate si algo similar se reproduce en estos días. De sus antecesores Juan Brunetti y Eduardo Petta, ni hablar.

El primero hace dupla para las presidenciales con el vice, otro que reivindicó lo “objetivo” de Stroessner en el campo. En ese campo, donde persiguieron, torturaron y mataron a estudiantes y a docentes como Arturo López Areco. Mejor olvide al segundo. Gracias.

Más atrás, está Enrique Riera. El ministro que pidió que, si van a protestar, que lo hagan un fin de semana. Quien se ofuscó cuando los secundarios y secundarias lo trataron de stronista, pero ordenó la censura de materiales didácticos y se ofreció a quemarlos en una plaza pública de ser necesario.

Encima, como sucedía desde 1954 en adelante, pidió a todos los maestros y maestras del país que se tiñan de rojo y que voten por su jefe en las elecciones generales.

Está claro que con personas así al frente del ministerio, muchos directores y docentes tienen vía libre para seguir dictando autoritarismo en las escuelas del país. Pero los dinosaurios van a desaparecer.

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