13 jul 2026

El manifiesto del 4 de julio

En forma valiente y aún con recursos técnicos y físicos limitados, dignamente, el 4 de julio, con la Selección Paraguaya de fútbol, los paraguayos estábamos perdiendo el partido ante Francia en la Copa del Mundo. Una sociedad donde lo colectivo, el equipo, pesa más que lo individual. El próximo 14 de julio se celebra el Día de la Revolución Francesa de 1789, cuando le cortaron la cabeza a sus reyes y nobles, en función de “la libertad, la fraternidad y la igualdad”. Francia, que recibe a más de 100 millones de turistas por año, ha sido y es una de las culturas que sobresale entre las sociedades más igualitarias del mundo occidental.

Unos años antes de la Revolución Francesa, el 4 de julio (fecha de mi cumple), pero de 1776, hace 250 años, los Estados Unidos se independizaban de Inglaterra y, como decía Benjamín Franklin, estaban “construyendo y buscando mantener una República, si podemos”. Me gusta USA, siempre recuerdo a Paul Revere, quien logró la confianza de los colonos para hacer un equipo y pelear contra los ingleses con su famosa cabalgata en la medianoche del 18 de abril de 1775. Valgan estos dos ejemplos para nosotros los paraguayos, disciplinados por Stroessner con quien, cuando nos juntábamos para cualquier cosa, venía la Policía a decirnos “circule, qué están haciendo aquí, conspirando”. Somos una nación sin empresas de capital abierto que emitan equity, nadie confía en el otro, sin gobernanza corporativa, sin confiabilidad y asociativismo.

Es lógico que los que no se pueden juntar –y hacer una defensa permanentemente sólida, un mediocampo ingenioso y una delantera virtuosa– para subir el impuesto selectivo al tabaco o para oponerse a Rivas con título dudoso, pierdan ante Francia. Es predecible que los que mienten y son observados por el FMI en el déficit fiscal del 4% del PIB (que no es 2% como dice el presidente) deban aguantar por un poco de tiempo para luego mostrar la realidad en los resultados. Es imposible que una sociedad de único líder –que reina y gobierna sobre el Ejecutivo, Legislativo y más aún sobre el judicial– gane dependiendo de pocas figuras que son insuficientes para vencer las competencias. Le pedimos a Enciso, solo adelante, que sea valiente y que no se amilane ante los poderosos defensores, le exigimos a Gill que no se acobarde ante el ataque de los franceses y bien que lo hizo ante Alemania, pero nos quedamos callados ante las denuncias no dilucidadas de una Sra. Candado ante la mafia de los pagarés, ante los asaltos en las binacionales y ante supuestos narcopolíticos como el diputado Erico, que tuvo como defensor por un buen tiempo al titular del ejecutivo.

Estábamos tan felices cuando le ganamos a Alemania. Y ahí, conversando con mi amigo Hugo Duarte, politólogo, nos surgió la pregunta. ¿En qué mundo el Paraguay le puede ganar a Alemania? Solo en el fútbol. Es imposible en la ciencia, en la educación y en el desarrollo humano. Con la pelota nos juntamos y peleamos ordenadamente como equipo. Solo en el fútbol tenemos estrategia y apelamos a una táctica específica en cada partido. Este tipo de victoria ante Alemania fue y es un fenómeno cultural que debemos trasladar a otras dimensiones de la vida paraguaya. Nos dio la sensación de que las barreras son ficticias. ¡Qué bueno fue ese momento! El sistema y los poderosos que lo manejan no quieren enfrentarse con equipos organizados. Prefieren negociar uno a uno, les gusta la jugada individual, individuos aislados ante el poderoso para ganarles de a uno. La oposición que es mayoría en votos se come el amague en cada elección.

Urge conformar equipos para enfrentar al capitalismo de secuaces, sin mercado y sin competencia, y al primitivismo productivo, estos nos hacen perder en el mundo competitivo. Llegó la hora de mitigar el déficit infraestructural físico y social, en educación, salud, energía, habitación y transporte, entre otros. Es el momento del desarrollo humano. Basta de frustraciones. Este artículo es mi manifiesto por el día de mi cumpleaños. ¡Saludos cordiales!

Más contenido de esta sección