26 feb. 2026

El fucking optimismo mágico pendejo

El aire caliente te azota el rostro como un castigo divino. El tráfico es un pantano de bocinazos y malhumor. Es la hora pico. El letargo es eterno. El tiempo parece diluirse en una neblina espesa y atemporal.

Sacás el teléfono para distraerte. Vas a los medios. Ves a las autoridades diciendo que este país no para de crecer y luego te acordás de que lo único que al parecer suben son los precios. Mirás un poco más y vez una ex parlamentaria llorando porque no recibió coima, luego a otra diputada festejando sus 35 años en una fiesta faraónica que dice pudo costearse a crédito. A vos, con suerte, te enviaron por tu cumple un sticker y fue la persona que te había negado el préstamo para tu cumpleaños. El fastidio se te enreda como una víbora maliciosa en medio del estómago. Entrás en WhatsApp de los ex compañeros para tratar de domar la ira. Te salta un mensaje: “Vos podés brillar”.

“Naciste para ser feliz. Que nadie impida que vueles alto”. Se te sube un poco el ánimo, pero seguís sin volar por el odioso tráfico. Saltás a TikTok: “Siempre soñaste con ser tu propio jefe. Sin horarios. El futuro es tuyo. Asociate a nuestra plataforma de viajes vips urbanos”.

Se te cae un poco el ánimo. No es por nada, decís, pero ser taxista glorificado no era el sueño después de tantos años de estudios. El maldito bicho de tu estómago se te sube lentamente con una sonrisa cínica y viperina. Entrás a X y desde una cuenta denominada “No sos millonario por tu culpa”, un extraño coso te comienza a zaherir diciendo que sos un fucking pobre porque carecés de la viveza de ser como él que, teniendo 20 años, se hizo millonario vendiendo una cosa que ya ni te interesa saber. Entonces, el bicho de la rabia se te sube a la cabeza. Tirás el teléfono con fastidio, culpa e impotencia; y bocinás como un poseso.

Si es tu caso, has caído en la trampa del pensamiento mágico pendejo.

No sos el único. Es la epidemia de la era de las redes. Medio mundo está buscando el éxito, la felicidad, el dinero, la pasión o lo que sea que te quieran vender. Lo peor es que te quiere culpar a vos para no conseguirlo. Hay una exacerbación del individualismo. Del hacelo por vos mismo. Rige el pensamiento simplón, exacerbado por las redes sociales y la seudovida de éxitos de influencers y ridículos por el estilo, de que podés lograr algo con el solo hecho de desearlo. Los especialistas ven tres rasgos coincidentes en este fenómeno.

Narrativas personales exageradas (omisión del contexto en que se dan, privilegios y otros), promesas sin evidencia (no te dan una muestra práctica de cómo hacerlo, solo se apela a la emoción, al deseo, tipo “visualiza y lo lograrás” y sandeces parecidas) y una estética aspiracional y falsa (lujos, cuerpos perfectos y rutinas días imposibles).

La enfermedad social actual es la dictadura de lo positivo. El optimismo zonzo y por decreto. Tener una mirada alentadora en medio de situaciones malas ha dejado de ser una herramienta de resiliencia para convertirse en una exigencia moral, un imperativo existencial. Como apunta la psicóloga Barbara Ehrenreich en Sonríe o muere, esta cultura obliga a las personas a reprimir el dolor, la duda y la crítica, bajo la amenaza de que “atraerán lo negativo”. El resultado: una sociedad que glorifica la negación y castiga la vulnerabilidad. Pero todo es negocio y vos sos el producto. Detrás de esta fachada hay una industria que explota la inseguridad, la comparación social y el miedo al fracaso. Como señala el filósofo Byung-Chul Han, en La sociedad del rendimiento, el sujeto contemporáneo se autoexplota en nombre de su libertad, creyendo que todo depende de su voluntad.

Esta nefasta industria genera al incauto adorador de las frases hechas frustración crónica (vos sos el único responsable del fracaso), desconexión emocional (te aíslan o te autoaislás en tu supuesto fracaso, empobreciendo la empatía personal y social) y lo más peligroso, como sociedad, es una gran despolatización (se dejan de lado las causas estructurales de la coyuntura y todo se vuelca a odiseas personales, en las cuales las autoridades ni siquiera ayudan).

Pero hay que aclarar algo. No es que no valga la cultura del esfuerzo personal, ni los desafíos, ni los sueños. Tampoco está contraindicado tener una visión optimista de las cosas y buscar la superación en la adversidad. La crítica no es al qué, es al cómo. Si todo dejamos en manos del individuo sin ningún tipo de soporte, estamos castigando al esfuerzo, a la iniciativa privada, ya que le quitamos responsabilidad de colaboración al entorno personal, a los gremios, a la sociedad y, sobre todo, a las autoridades. Así se premia al sistema de compartimientos estancos, a la ley del más fuerte, no del más hábil.

La exacerbación del individualismo corroe el tejido social. Sin sociedad, sin familia, sin ayuda, sin Estado, no somos nada, somos presa fácil de muchos males, desde el populismo hasta la crisis existencial personal. Respecto al optimismo, hay toda una escuela de la psicología que revaloriza esto desde los noventa.

Pero hay que ser claros: pensar que vas a estar en la playa en febrero puede servir para que hagas un plan para ese objetivo, pero jamás vas a estar en la playa por el simple deseo.

Pero ¿cómo se combate esto? Sencillo, apelando a lo que ya es una nueva especialidad de la psicología: el optimismo inteligente. El sitio español Escritos de Psicología explica lo que es: “El optimismo inteligente es una habilidad crucial que combina la positividad con un enfoque realista. Implica reconocer lo bueno en las situaciones, pero también aceptar los desafíos y limitaciones. ¿Por qué es importante? Porque permite tomar decisiones informadas mientras se cultiva una mentalidad positiva”. No ceses en tu optimismo. No dejes de luchar. Como dice Epicteto: “Cada dificultad en la vida es una oportunidad para mostrar cómo puedes estar por encima de ella”.

No dejes de soñar, preguntar, buscar, planear. Elegí un mentor, buscá un ejemplo. Viví con propósitos. Pero dejate de los fucking, bro, vulgares pendejos vendehumos.

WhatsApp Image 2025-11-14 at 10.47.34 AM_64164509.jpg

Más contenido de esta sección