Gustavo Leite, el senador cartista que relativiza la semiesclavitud del criadazgo porque forma parte de la cultura paraguaya como el tereré, ha vuelto al Senado luego de fungir de embajador en EEUU por 11 meses. No supo decir qué negocios concretó para el país, pero comentó con orgullo que el presidente Donald Trump le dedicó 10 minutos y que fue la conversación más enriquecedora de su vida. Tampoco quiso revelar de qué hablaron, aunque prometió que cuando “sea muy viejito, si Dios me da mucha salud, escribiré sobre esa reunión”.
En su primer día de retorno a la labor legislativa desplegó una propuesta de Gobierno “Vivir mejor”: Citó sus ideas empezando por la reducción de gastos superfluos por 400 millones de dólares, saldar deudas, alertar sobre el fin de la energía en 3 años, hasta penas máximas a la corrupción. Su recorrido incluyó además seguridad, turismo, gobernanza. En fin, todas las áreas del Estado.
Se fue como embajador y volvió con perfomance de candidato.
Habría que esperar para saber cuáles son las intenciones políticas de Leite. Cuando un colorado coquetea con un discurso disidente, empieza a “ver” el sufrimiento de la gente y los errores de los gobernantes. La permanencia de su discurso dependerá de lo que busca. Si le conceden, olvidará sus críticas y fingirá demencia nuevamente. Si no denuncia la vergonzosa corrupción y mencionar a sus responsables, es otro canto de sirena que hay que desoír.
Hay que tener en cuenta el calendario político para detectar a los farsantes. En tiempo de internas partidarias, florecen los críticos y su aguda visión de la realidad. Repentinamente son todos anticorrupción y representan el “cambio”. Apenas finaliza la disputa interna, el perdedor inclina la cabeza, olvida sus consignas y se entrega al abrazo republicano. Esperando alguna migaja que le dejarán por el camino porque no hay nada más frío y solitario que la llanura.
Es tiempo de elecciones. Es tiempo de hacer pedidos, reclamar deudas impagas. Nada es casual. Incluso puede ser mero teatro porque hasta la unidad granítica necesita “disensos” para vender fachadas democráticas.
CABALLO DE TROYA. Ayer, el presidente de la ANR, Horacio Cartes, encabezó el lanzamiento oficial de los intendentables colorados. Allí, el presidente de la República, Santiago Peña, prometió bajar a las graderías para ayudar a “coloradizar” todas las intendencias del país.
Esto significa que todo el aparato del Estado (dinero público) financiará la campaña de los candidatos y los funcionarios públicos priorizarán a los “correligionarios”.
Cartes repitió una frase que ya forma parte de su discurso: “Cuando al partido no le va bien, al Paraguay no le va bien”, en una perfecta definición de partido/Estado.
La vida, indudablemente, es más maravillosa desde la lente colorada. En el acto político no hubo discursos sobre cómo llevar el desarrollo y el progreso a los municipios. No hubo recomendaciones para dejar de robar.
Ni siquiera como retórica hipócrita se mencionó la necesidad de superar la escandalosa corrupción de los intendentes ni advertencias de poner fin al blindaje del partido en la Cámara de Diputados. No hay mirada introspectiva ni vergüenza alguna.
Tanta es la soberbia que ya ni necesitan mentir con floridas promesas.
Ninguna autoridad comprometió ayer a Camilo Pérez a depurar la administración, a reconstruir Asunción, a sacarla de su quiebra técnica y moral. No hubo reconocimiento de los errores. Están concentrados en mejorar el caballo de Troya, esa trampa que llevará en su vientre a los mismos concejales que destruyeron la Capital, y así continuar la fiesta de todas las mafias posibles, desde el robo del asfalto, las coimas o el planillerismo.
Allí no se habló de la gente y sus necesidades. En ese lujoso local lejos de la tradición colorada, solo se habló de la campaña, de cómo Peña dejará sus labores como presidente de la República para convertirse en un operador más para “coloradizar” el país, mientras se encuadra a Cartes.
Allí, en esa burbuja, el país no tiene problemas. El debate sobre cómo salir de la dura realidad de la falta de medicamentos, de empleos formales, del humillante transporte público, de la pobreza estructural que deja fuera del sistema a miles de personas, o del violento retorno del EPP matando a policías y civiles queda postergado hasta el 4 de octubre.
La prioridad del Gobierno es el triunfo de los colorados. Toda la energía institucional estará destinada a la campaña electoral porque el objetivo es eliminar la disidencia en el país. Todos los recursos serán destinados a aceitar los insondables gastos electorales que se disfrazarán de necesidades de urgencia.
El director de orquesta ha marcado el inicio, pero serán los ciudadanos los que decidirán la música que quieren oír.
Textual
“Yo no iré (por ayer sábado) a la convocatoria de Honor Colorado, como muestra de solidaridad y respeto a los correligionarios que fueron y son perseguidos; muchos funcionarios públicos, candidatos nuestros, que se lanzaron; entre ellos yo soy uno de los perseguidos. No necesitan verme ahí porque no quiero abrazarme con los corruptos. No quiero avalar la corrupción y es un acto de solidaridad con los que injustamente son perseguidos por no alinearse al oficialismo. Por eso necesitamos marcar postura”. (Arnoldo Wiens, precandidato presidencial de la ANR)
Lo que hay que saber
ABRAZO EN PAUSA. Horacio Cartes invitó a Mario Abdo al lanzamiento de campaña, pero el ex presidente declinó la oferta. No hubo respuesta cartista, pero su actitud generó molestia.
LETAL. El atentado en Naranjito que cobró la vida de dos policías y un civil marca el retorno del EPP, dejando en ridículo al Gobierno que había asegurado su casi desaparición.
PRO-RIVAS. Luego del escándalo del título falso del senador, los diputados de la ANR siguen apoyando la corrupción al aflojar las medidas para ser miembro del jurado de Magistrados.
REGRESO. El senador Eduardo Nakayama decidió volver al PLRA, partido al que renunció para probar un liderazgo independiente. El nuevo presidente Alcides Riveros lo convenció.