27 oct 2026

Con Berta Rojas disfrutan hasta los hongos

El 31 de octubre del año pasado, maravillado por el entonces reciente disco de la concertista de guitarra Berta Rojas, publiqué en Instagram una reseña de La huella de las cuerdas.

Esta semana el álbum fue propuesto “para la consideración” de los premios Grammy en EEUU, en tres categorías: Mejor álbum de música global, Mejores notas de álbum y Mejor diseño de empaque. Se trata seguramente de la propuesta artística más ambiciosa de la carrera de Rojas, una obra maestra no solo sonora, sino visual e intelectualmente profunda. Porque creo que estamos ante la primera producción paraguaya que puede aspirar a un premio de la gran industria. Reproduzco aquella reseña:

“El hongo de mi pie disfruta desde el Chaco paraguayo”, escribió un usuario en YouTube hace cinco meses, en la cuenta de la guitarrista Berta Rojas. La asuncena de 59 años acababa de subir el video en el que, sorprendiendo a todo el mundo, interpreta junto al compositor argentino Gustavo Santaolalla una versión del Main Theme de The Last of Us, la popular serie de televisión de HBO, basada en el también popular juego. Cinco meses más tarde, aparece el álbum La huella de las cuerdas, que incluye aquella versión, y no podemos más que seguir dándole la razón a aquel expresivo usuario: efectivamente, hasta las formas más minúsculas y persistentes de vida disfrutan de la magia de los dedos de Rojas, en el confín más escondido del mundo.

Es el milagro cotidiano de la gran música el que se confirma, otra vez, con este feroz homenaje a las distintas guitarras, a los distintos instrumentos de cuerdas de América Latina, a sus compositores y a sus intérpretes a lo largo del continente, en once composiciones que abarcan siglos de historia y tienen en común al instrumento que de España pasó a América para tener unas formas y unos sonidos todavía más ricos y diversos. Se puede decir que, de hecho, es lo que viene haciendo Rojas disco a disco, homenajear el arte guitarrístico de América; pero este caso es especial por la investigación inherente a la propuesta presentada en un libro y un vinilo de 180 gramos, por su carácter específicamente audiovisual, por la mezcla de letra impresa, cantada e instrumentación simple y orquestal, por los sonidos de un espacio geográfico e histórico amplísimo armonizados por la sugestión de las cuerdas, por la app de realidad aumentada que permite ver en tres dimensiones los variados instrumentos ejecutados en el álbum, etc.

Vihuela, guitarra barroca, jarana huasteca, quinta huapanguera, cuatro puertorriqueño, bandola andina, tiple colombiano, guitarrón chileno, entre otros, son los instrumentos que suenan en los dedos de artistas como la argentina Evangelina Mascardi, el paraguayo Lincoln Almada, el mexicano Eloy Zúñiga, la portorriqueña Fabiola Méndez, los colombianos Hermanos Saboya, los chilenos Manuel García, Francesca Ancarola y Alfonso Ureta, el brasileño Pedro Franco, más el citado Santaolalla.

La huella del códice nos trae los ecos de anónimos pioneros coloniales; El canario nos lleva al México mestizo del jolgorio popular; Tierra mía, que está cantada, a las cumbres utópicas de los Andes; una versión monumental en medley con guitarra y arpa de Che la reina y Arroyos y Esteros da un vuelo de pájaro emotivo por sobre paisajes bucólicos del Paraguay, entre otras composiciones resaltantes a la primera escucha.

Pero la que más resuena, al menos en mis oídos, es el Tríptico sudamericano conformado por El mar, La montaña y Los llanos, magnífica obra compuesta por la galovenezolana, residente en Lisboa, Elodie Bouny.

Orquestada de una manera impecable, la primera parte tiene la impetuosidad distintiva del mar; en la segunda, tras una calma aparente, la montaña deviene intensidad surrealista; en la tercera, uno puede sentir algo así como una mezcla de Herminio Giménez con Ígor Stravinski, de la tristeza de los trópicos y subtrópicos y la intensidad de la selva y los montes agrestes.

La grabación de este Tríptico sudamericano es de veras un gran triunfo artístico.

Qué más decir de Rojas y su arte. Que no tiene techo aún, es la síntesis, y que se halla aún en plena posesión de su instrumento y de su lenguaje programático profundamente latinoamericano y, a la vez, paraguayo con vocación universal.

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