Rebeca Martínez y Carolina Raquel Aguilar fueron atacadas, secuestradas, torturadas y luego arrojadas al cementerio municipal de la ciudad de Eusebio Ayala. Las mujeres iban en una moto cuando fueron embestidas por una camioneta, luego las alzaron a la fuerza y minutos después fueron encontradas en el cementerio. La Policía confirmó la muerte de Rebeca, mientras que Carolina sigue luchando por su vida.
Al principio se consideró como un caso de feminicidio, pero luego la fiscala cambió la carátula; la cuestión es que, los investigados por este homicidio doloso agravado e intento de homicidio son prófugos de la Justicia, Édgar Clodomiro Rodríguez Merlo y Junior Ramón Delvalle. Se supo incluso que Rodríguez Merlo portaba una tobillera electrónica con señal de GPS y tenía libertad ambulatoria por un caso de robo agravado. Sí, señora, leyó usted bien.
El tratamiento de la noticia fue el de siempre. Las chicas estaban en una jineteada, y ella se puso a bailar con uno que no era su novio, el novio se enojó, y justo fue a pelear con uno que era narco. Pero nada de eso es relevante porque su pollera luego era muy corta y parece que estaba tomando.
Cuando todavía se estaban regodeando con los detalles morbosos sucedió el feminicidio de Deisy Paola Giménez, de 22 años.
De acuerdo con las imágenes de las cámaras de seguridad de la zona, Deisy llegaba caminando al minimercado donde trabajaba, y es emboscada por Aldo Alexis Duarte, de 26 años. Cuando lo ve, la joven comienza a correr y a pedir ayuda, pero el feminicida le cierra el paso, baja del auto y le dispara. En las imágenes se ve cuando el hombre la mira detenidamente, se acerca a ella y dispara nuevamente. A sangre fría.
Deisy había hecho la denuncia, pidió protección y consiguió una orden de alejamiento del Juzgado de la ciudad de Capiatá, pero una vez más el sistema no funcionó; el sistema falló y por eso seguimos sumando muertes de mujeres en manos de un varón machista.
A pesar de lo que digan los antiderechos, esa gente tan intolerante, el gran peligro no es lo que ellos llaman la ideología de género, un concepto inventado y que usan como un garrote. El gran problema en nuestra sociedad es el machismo, es la misoginia, y es la falta de reconocimiento de que las mujeres son personas. Y que como personas tienen dignidad y derechos.
En cada feminicidio toca volver a decirlo. El novio de Deisy no se levantó de su siesta aquel aciago día , agarró su pistola porque sí, y salió a la calle. De repente vio a Deisy que iba caminando a su trabajo, le dio un “arrebato de ira” y le pegó tres tiros.
Aldo tiene 26 años, no es un enfermo, no está mal de su cabeza, no tuvo locura temporal. El feminicida es un hijo muy sano de esta sociedad machista, que normaliza la falta de respeto, la burla, el destrato, la humillación, la denigración, la subestimación, el acoso, el abuso, la violencia hacia las mujeres.
Y no, no toda la violencia hacia las mujeres termina en un feminicidio; hay violencia física, sexual, psicológica, hay ciberacoso, hay amenazas; está el acecho digital, la publicación de datos personales y la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, entre otras formas.
En nuestro país se han romantizado expresiones como Kuña guapa, y otra peor, “che servihá”; y convivimos con manifestaciones explícitas de machismo normalizado.
Por eso, cuando el delantero de tu equipo, que es un tronco, y no mete goles, vos le gritás “princesa” desde la grada. ¿Y te acordás del Mundial?, cómo insultaban en las redes sociales a cualquier mujer que osara a opinar sobre fútbol. Porque no importa que una jugadora como Claudinha juegue en el Washington Spirit de la National Women’s Soccer League de Estados Unidos, y gane más que el bobotonto que juega en segunda división, porque para vos eso no es fútbol, porque es mujer.
Recuerdo la historia de una jugadora de Olimpia, hace unos años al ser elegida mejor jugadora, recibió de premio un juego de ollas. La noticia recorrió el mundo, fue una vergüenza. La jugadora no lo tomó a mal, sobre todo porque a su mamá le encantaron las ollas.
Ahora, imagináte, a Richard Ortiz con el mismo juego de ollas como premio, después seguimos hablando de la perspectiva de género.