El guaraní se apreció entre el 19% y el 26% según como se mida frente al dólar en doce meses, y la preocupación ya alcanza a todos los sectores. El Banco Central emitió una nota técnica que atribuye la apreciación a la debilidad global del dólar, a mejoras estructurales y a la cosecha récord. Su diagnóstico elude la pregunta de fondo: bajo qué regla actúa el Banco Central, y por qué esa regla no está escrita.
El Banco Central actúa ante una suba abrupta del dólar y no ante una caída equivalente. Parte de esa asimetría es mecánica, porque las ventas compensatorias canalizan los dólares del sector público. Otra tiene razones técnicas que la nota expone con acierto: comprar divisas obliga a esterilizar, con costo cuasifiscal.
El artículo 50 de la Carta Orgánica ordena al Banco Central operar en el mercado cambiario respetando las tendencias fundamentales, y fija tres supuestos de intervención: atenuar las fluctuaciones estacionales, contrarrestar los movimientos erráticos de capital y las maniobras especulativas que perturben el mercado o el nivel del tipo de cambio. La ley no distingue entre subas y bajas.
La nota revela además un criterio. En 2025 el Banco Central vendió dólares porque el guaraní se desalineaba de los fundamentos y del comportamiento de las monedas de la región; pero en el 2026 el guaraní se apreció cerca del doble que la mediana regional y no compró. Si aquel desvío justificó vender, ¿por qué este no justifica comprar? Un criterio que se aplica en una sola dirección, no es una regla.
Se suele responder que las metas de inflación obligan a olvidarse del tipo de cambio. La Constitución da prioridad a la estabilidad monetaria, cierto, pero esa prioridad opera cuando la estabilidad entra en conflicto con la política cambiaria. Con inflación casi en el piso del rango meta, ese conflicto no existe. Abandonar el tipo de cambio a la buena de Dios no protege la estabilidad: daña a la economía en su conjunto.
El carry trade aprovecha ese vacío: consiste en tomar fondos en una moneda de tasa baja, como el dólar, e invertirlos en otra de tasa más alta, como el guaraní. En Paraguay el diferencial de tasas es modesto; la ganancia grande viene de la apreciación, y el único riesgo serio es una depreciación brusca. Ese riesgo queda cubierto para quien anticipa la conducta del Banco Central, que vende dólares cuando el guaraní cae, como hizo en 2025, y no los compra cuando sube. Ofreciendo un seguro gratuito pagado con reservas. El grado de inversión y la apertura del mercado de capitales, que la nota celebra con razón, abren también la puerta a esos flujos, que el Banco Central debe medir y estar atento a que no se especule con el guaraní.
En este escenario, pierde el exportador y el Fisco: según la DNIT, la apreciación restó cerca de USD 433 millones a la recaudación de 2026. Pero, el mayor riesgo llega cuando esos capitales se van: en un mercado poco profundo como el nuestro, una salida simultánea provocaría una depreciación brusca. Una regla no escrita premia a quien mejor anticipa a la autoridad, y hay quien sabe hacerlo. El Banco Central debería publicar su marco de intervención cambiaria, y publicar periódicamente la tenencia de no residentes en títulos en guaraníes.
Esto no debilita la autonomía del Banco Central: la refuerza, y con ella su credibilidad. Con una regla pública, todos saben a qué atenerse y nadie gana por adivinar mejor. Un banco central que publica su regla anticipa al mercado; uno que no la publica termina anticipado por él.