15 abr. 2026

Casita encantada

Las iniciales inmersas en un corazón y grabadas en la corteza de un árbol fueron el motivo de inspiración de Nino Espínola y José Magno Soler. Por Mario Rubén Álvarez.

<em>Poeta y periodista-alva@uhora.com.py</em>

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En los árboles de plazas, parques y bosques suelen encontrarse corazones cruzados por el fuego de la flecha de Cupido (nombre romano del dios griego del amor Eros). Los nombres entrelazados o simplemente sus iniciales quedan como testimonio de romances encendidos que se expresan gráficamente en una corteza que se deja dibujar por la fuerza de la ternura compartida.

Esa imagen es la que atrajo la mirada y la inspiración de Nino (Saturnino) Espínola, músico, poeta y compositor nacido el 29 de noviembre de 1933, en Asunción. “Me llamó la atención eso que suele pasar desapercibido. No es que tuviera un significado específico para mí. Imaginé una casa rodeada de flores, con un árbol con marca de amor. Y escribí Casita encantada”, comenta Nino.

Su carrera comenzó siendo niño aún. Corriendo detrás de una pelota de trapo en el Barrio Obrero, conoció al que sería su dúo durante muchos años: Antonio Barrios. El que los invitó a compartir sus voces fue Cristóbal Cáceres, hermano de Emilio Bobadilla Cáceres. Los escenarios de las competencias de canto les tuvieron como participantes infaltables.

En 1949, el Dúo Barrios-Espínola bajó por primera vez al puerto de Buenos Aires. Les acompañaba nada menos que Emilio Bobadilla Cáceres.

“No grabamos, pero le encontramos a Abdón Garcete, quien nos contrató para formar parte de su conjunto. Volvimos a Asunción. Retornamos a Buenos Aires para cantar junto a la agrupación de Félix Pérez Cardozo. En nuestra ausencia, el gran arpista murió. Después cantamos también con Prudencio Giménez y grabamos con el conjunto San Solano, de Epifanio Méndez Fleitas, en Buenos Aires. Yo volví al Paraguay definitivamente en 1955", sintetiza rápidamente su trayectoria artística.

Ya con la letra en manos, la cosa era buscar un compositor para que le pusiera música a Casita encantada. El elegido fue José Magno Soler, cantante, compositor y poeta llegado al mundo el 6 de octubre de 1935, en Villa de San Pedro de Ycuamandyyú.

Su itinerario musical se inició en 1954, en agrupaciones de aficionados. “En 1957 formé mi primer conjunto. Lo llamé Nocturnal. Estaba integrado por los arpistas Papi Galán y Feliciano Peralta; el guitarrista Severiano Fernández y el contrabajista Juan Duarte. Mi hermano Sixto Milciades Rivas Soler era mi compañero en el canto”, rememora José Magno.

En 1958 se produjo un hecho capital en la vida artística de Soler: conoció al maestro bandoneonista y compositor César Medina. “A él le debo mi formación musical como vocalista”, cuenta con indisimulado orgullo. Desde entonces se dedicó profesionalmente a la música.

“Con el conjunto de don César grabé mi primer disco. Fue en el sello Guarania. De la grabación, como invitado especial en la guitarra, participó Nino Espínola. Después entré a la orquesta del maestro Aniceto Vera Ibarrola”, sigue contando.

“Don Mauricio Cardozo Ocampo --prosigue--, a su regreso al Paraguay, tuvo la idea de formar un conjunto folclórico que represente verdaderamente a nuestra música. Así se originó la famosa agrupación folclórica Perurima, de la que soy co-creador y la integré como cantante, formando un dúo con Reinaldo Sanabria. Grabamos siete discos. En 1973 participamos del Festival de Cosquín. Durante años actuamos en El Jardín de la Cerveza, de Francisco Fernández.”

Las trayectorias de Nino y José Magno se unieron para crear Casita encantada. “Si mal no recuerdo, fue hace dos años, en el 2007, que él me trajo la letra. Probé varias melodías y finalmente le quedó la polca canción con la que América Ferreira grabó”, concluye.

La letra

Casita encantada

En mi casita encantada

hay un árbol con leyenda

que luce como una prenda

hecha con mis propias manos.

En él están grabados

nuestros nombres enlazados

dos corazones en uno

felices como ninguno.

Mi casita está bordeada

de flores y hermoso lago

que hacen al paraíso

de un mundo jamás soñado.

Volver ya nunca quisiera

de aquel encantado valle

pero la magia del sueño

termina cuando amanece.

Letra: Nino (Saturnino) Espínola

Música: José Magno Soler.

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