14 jul 2026

Casa enyesada, de Bettina Brizuela: 25 años

Para quién esto rememora un cuarto de siglo después, resuena el impacto de reconocer en la obra Casa Enyesada de la artista Bettina Brizuela (Asunción, 1969) un hecho artístico poderoso e inolvidable. Recuerdo su emplazamiento en el espacio público, en una calle de casas de fachadas italianizantes y realizada en 2002 en el microcentro de Asunción, y galardonada en la primera (y última) edición del Premio Faro para las Artes.

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Aspecto de la obra de Bettina Brizuela, “Mariscal Estigarribia 1020-1024” o Casa enyesada, del año 2021

Foto: Gabriela Zuccolillo/lorengozuccolillo.wordpress.com.

Esta obra de Brizuela traza un mapa afectivo de la vida pública y privada de la creadora, al tiempo de activar percepciones que la atraviesan. Casa enyesada es una obra para ser recordada, y que forma parte de una extensa serie de Bettina realizada con yeso traumatológico que data del año 2000, tomando como estructura formal los objetos encontrados, los objetos ensamblados a la manera dadaísta y surrealista, sean objetos muebles o inmuebles, como es el caso que me ocupa.

La artista aplica una estrategia de arqueología de la experiencia personal de vivir y ser y estar en nuestra metrópolis, desplazando por vía metafórica los afectos, la deriva urbana, y hasta lo imposible. Este hacer despliega un escenario frío, aséptico y hermético, congelando, como una losa blanca de silencio a tanta memoria, circunstancias de relaciones empáticas con el mundo y sus cosas.

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Casa Enyesada, como es conocida coloquialmente, es una obra donde la arquitectura cobra realce, al ser intervenida con un inesperado tono blanco.

Foto: Gabriela Zuccolillo/lorengozuccolillo.wordpress.com

Escayolado afectivo

La identificación afectiva entre casa y sujeto, realizada a través de la figura retórica de la metonimia (la traslación del individuo hacia un objeto o cosa identificada por éste), nos hace comprender otros aspectos. Una casa es también la gente que la habita, sus circunstancias; allí es donde los humanos y a veces sus mascotas, tienen la capacidad de identificarse, de sentirse seguros, de amar.

Cubierta e iluminada, nívea y alba, aún recuerdo a la Casa enyesada en una calle aristocrática de Asunción y a su hilera simétrica de naranjos agrios, irradiando, señalando ligereza mediante la alteración cromática de su fachada opaca. El color blanco consigue separarla de su entorno casi homogéneo, como estrategia plástica de interferencia en la percepción.

La valoración del tono blanco elegido por Bettina, propio de la operación de “enyesado” o “escayolado” puede vincularse con el volumen del objeto y a su materialidad; su peso visual es sinónimo de la experiencia real de experimentado el valor físico del recuerdo de esos objetos. De esta forma, un cuerpo blanco de grandes dimensiones como esta casa, es ligero pero a la vez, enorme.

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Vistas y detalles de la obra “Mariscal Estigarribia 1020-1024” (Casa enyesada).

Foto: Gabriela Zucolillo.

Blanco de ausencias

En estas líneas quiero subrayar la actitud, la orientación afectiva de fondo que incuba la experiencia estética de Bettina Brizuela y establece el marco profundo de su fértil carrera en el arte. Para ello, señalo a este episodio artístico como un pasaje temprano de intención artística y de proposición afectiva en nuestra escena.

La recepción por quienes vivimos esta experiencia estética y ética de la Casa Enyesada fue y es aún un acoplamiento de acción, emoción y reflexión resultante de la visión excéntrica de una casa cubierta total y delicadamente de yeso, encarnada en medio de lo inesperado del paisaje urbano y generando en el público una sensación de proximidad y conexión.

Especialmente atractiva por sus connotaciones psicologistas, la escala de la obra provoca una curiosa coordinación espacio-temporal ante su imponente presencia. Este gesto simbólico, trasunto de cuidado o manipulación médica, tiene el efecto ambivalente de resonar en cancelación. Tapiados a cal y canto, todos los elementos de la fachada, incluyendo puertas y ventanas, numeración y sus elementos decorativos, lograron ser tapados, bloqueados. Como final, sólo expresar que recordar hitos de la cultura visual local como Casa enyesada en sí mismo es gratificante, y aún más al comprender el ingente y necesario trabajo de archivo del crítico de arte Javier Rodríguez Alcalá, y cuya lectura ha inspirado esta nota.

Mi colega transporta la memoria de estos tiempos desde su completo sitio en Internet, y que recomiendo conocer para establecer otras relaciones espacio-temporales de numerosos y valiosos artistas de nuestra escena: https://lorenzozucolillo.wordpress.com/2015/10/09/recolecciones-de-bettina-brizuela-materiales-y-procedimientos/.

Todas las imágenes que ilustran esta reseña han sido tomadas del sitio de Internet www.lorenzozuccolillo.wordpress.com y son de autoría original de Gabriela Zuccolillo.

Escritor, crítico de arte y cine, es curador de exposiciones y programas fílmicos.
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