31 may. 2026

Cardenal Martínez: “La violencia, el sicariato y los abusos contra niños marcan con dolor nuestro presente”

El cardenal Adalberto Martínez Flores, arzobispo de Asunción, advirtió sobre las heridas que atraviesa el país, entre ellas la violencia, el sicariato, la corrupción y los abusos contra la niñez. Fue durante la Fiesta Patronal de San Agustín, Obispo y Doctor de la Iglesia.

Misa cardenal en parroquia, fiesta de san agustín

El cardenal Martínez habló de las realidades que aquejan al pueblo paraguayo.

Foto: Gentileza

Durante la misa, celebrada en la parroquia San Agustín y Santa Mónica de Loma Pytã, el cardenal se refirió a la realidad del país.

“Nuestra realidad paraguaya nos interpela. Aunque somos un pueblo tradicionalmente religioso, de profundas raíces católicas, vemos con dolor las heridas que marcan nuestro presente: violencia, sicariato, abusos contra niños y niñas, corrupción, desigualdad, micro y macrotoneladas de tráficos de drogas, de comerciantes homicidas. Estas situaciones hieren de muerte la concordia y nos hacen caer en las profundas divisiones que causan discordia y quiebras del tejido social”, expresó en su homilía.

El purpurado recurrió a la imagen del ñandutí para ilustrar la necesidad de recomponer la sociedad. “La vida –dijo– se construye con hilos entrelazados en armonía y cada hilo tiene su lugar, cada color aporta al conjunto”.

‘‘Pero si un hilo se rompe o se corta, todo el entramado de redes sufre y se resiente. Así ocurre con nuestra sociedad: cuando falta justicia y fraternidad, cuando la corrupción o la violencia atraviesan el tejido social, se daña la paz y se altera la armonía de la convivencia social. Necesitamos reparar las redes enredadas y rotas”.

Lea también: Cardenal califica el hambre en el país como “pecado social”

Martínez también se refirió a la deuda histórica con los pueblos indígenas, quienes “siguen clamando por tierra, salud, educación, trabajo y respeto a su dignidad de personas”.

Insistió en que “no debemos permitir que sus lenguas y tradiciones sean marginadas: son parte esencial de nuestra identidad paraguaya. El tejido de la fraternidad solo será verdadero si incluye a todos, comenzando por los más olvidados”.

Recordando a San Agustín, señaló que “la esperanza tiene dos hijos: la indignación y el coraje. La indignación porque las cosas son como son; el coraje porque no se quedarán así”. En esa línea, destacó que como paraguayos “necesitamos indignarnos ante la injusticia, pero también tener el coraje de transformarla en caminos de paz y de justicia”.

El arzobispo de Asunción hizo también hincapié en el drama del hambre infantil, al calificarlo como “el dolor más grande”.

“Un país productor de alimentos, con tierras fértiles y abundancia de recursos, pero con hijos que no acceden a una alimentación adecuada y pasan hambre”, lamentó.

Exhortó a trabajar por un Paraguay inspirado en la Ciudad de Dios, donde prevalezca la solidaridad sobre la corrupción y la indiferencia.

“Estamos llamados a trabajar por una Ciudad de Dios en Paraguay, donde ningún niño pase hambre, donde el pan llegue a todas las mesas, donde los indígenas y campesinos puedan vivir con dignidad, y donde la Justicia sea más fuerte que la corrupción y la indiferencia”.

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