El historiador Herib Caballero Campos considera al cañón Cristiano como reliquia histórica y comenta entretelones de su origen, que marcó el espíritu nacional. Este patrimonio se volvió a poner en el centro de la escena pública luego de que medios brasileños confirmaran que el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, haya anunciado su devolución al Paraguay.
Se trata de una consecuencia de las tensiones generadas tras las declaraciones de Lula que pusieron erróneamente al Paraguay como el iniciador de la Guerra de la Triple Alianza y como el país que invadió Brasil, Argentina y Uruguay. El hecho causó reacciones de repudio tanto a nivel político como de la ciudadanía, y días después, el presidente brasileño dio la noticia, que es un reclamo histórico de más de un siglo.
Caballero comenta que en marzo de 1867, cuando llegó a Asunción el cañón Cristiano forjado en la Fundición de Hierro de Ybycuí, el periódico El Semanario escribió una crónica con la frase: “Las Iglesias de la República han hecho una ofrenda al Gefe [sic] Supremo para la defensa Nacional. Las campanas de sus torres han sido ofrecidas y descolgadas con el mayor regocijo para que en nombre de los derechos ultrajados de la Iglesia paraguaya se fundan cañones que aumente los elementos de resistencia y hagan escuchar sus ecos terribles en los campos de batalla”.
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El historiador detalla que el Cristiano fue forjado en una gran magnitud que alcanzó las 12 toneladas de peso, mientras que el cañón Criollo pesó 10 toneladas. También fueron fundidos los cañones Acá Verá y General Díaz.
“Los cañones eran el resultado del trabajo de los fundidores paraguayos, dirigidos por los ingenieros ingleses Nesbitt y Hunter, que habían sido contratados por el gobierno de Carlos Antonio López para iniciar el incipiente proceso de industrialización que comenzó con los establecimientos de la Fundición en la Rosada y el Arsenal en Asunción”, cuenta Caballero.
El mensaje presidencial, dirigido al Congreso General de 1857, mencionaba: “Se han fundido en la fábrica de hierro catorce cañones de á veinte y cuatro, un gran número de balas de todos los calibres”, recuerda el historiador.
Caballero señala que tras ser taladrado en los Arsenales de Asunción, el cañón fue trasladado al frente de guerra, a la Fortaleza de Humaitá, en la cual cumplió el rol principal de repeler los ataques de la flota de acorazados brasileños que asediaban al bastión paraguayo. Indica que las dimensiones del Cristiano permitían realizar disparos con municiones de poco más de 25 centímetros, con un alcance de cuatro kilómetros y medio.
“En julio de 1868, el mariscal Francisco Solano López ordena el abandono de dicha posición. Debido a las dimensiones y al peso de la pieza de artillería, quedó abandonada en el sitio, por lo que el cañón fue capturado por las tropas aliadas como parte de los expolios que obtuvieron al ingresar hasta la entonces inexpugnable Fortaleza de Humaitá”, relata Caballero.
El cañón Cristiano fue trasladado por las tropas brasileñas hasta Río de Janeiro en carácter de botín o trofeo de guerra, y fue instalado en el patio de los cañones del Museo Histórico de Río de Janeiro, en donde permanece hasta hoy. La reliquia histórica, junto con otras, forma parte del Patrimonio Histórico Cultural de la República del Brasil, condición que debería ser revocada por una ley federal, que fue el argumento del Gobierno brasileño para negar su entrega.
“En los últimos 80 años, el Gobierno del Brasil fue utilizando estos trofeos de guerra en las negociaciones con el Paraguay; en la década de 1940, tras la visita de Estado de Getulio Vargas, se entregó el legajo que contenía los Autos de la independencia del Paraguay, documentos que formaban parte del Archivo Nacional capturado por las tropas brasileñas en Piribebuy, y que estuvieron durante más de 100 años resguardados en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro”, menciona el historiador.
Así también, añade que en años posteriores entregaron el Libro de Oro con las firmas de las mujeres que donaron sus joyas para la defensa nacional, luego el sable de Francisco Solano López capturado en Cerro Corá y finalmente, en 1981, los 33.000 documentos del Archivo Nacional de Asunción que aún estaban en su poder.
“La devolución de los trofeos que aún permanecen en el Brasil sería una demostración de buena voluntad para concluir el proceso de reconciliación entre ambos pueblos, a 160 años del conflicto. Más de un siglo y medio son más que suficientes para que este acto se realice, para lo cual no solo se debería devolver el cañón Cristiano, sino también el cañón Presidente López que se encuentra en el mismo museo y otros objetos que se encuentran inventariados por el Gobierno del vecino país”, sostiene Caballero.
Finalmente, Caballero recuerda que Uruguay realizó la devolución de los trofeos de guerra en 1885, mientras que Argentina, en 1954, cuando entre otros numerosos trofeos devolvió los cañones Acá Verá y el Criollo.
El Uruguay condonó la deuda de guerra al Paraguay mediante un tratado suscripto entre ambos países el 20 de abril de 1883; por su parte, la Argentina condonó la deuda de guerra y los intereses acumulados el 13 de agosto de 1942, mediante la Ley 12747, mientras que el Brasil hizo lo mismo mediante un decreto del presidente Getulio Vargas del 4 de mayo de 1943, cuando la declaró inexistente, según el recuento del historiador.