Los inicios en el mundo del crimen de Junior Delvalle Almeida, alias Polaco, datan del 2015 cuando era secretario de una banda criminal dedicada a asaltos a transportadoras de caudales y otros vehículos en la ruta.
En paralelo, el hombre oriundo de Caacupé, era conocido en su barrio como barbero, en el local al que llamó “Estilo’s Junior Delvalle” que funcionaba en su ciudad natal.
Manejaba camionetas de alta gama, ostentaba lujos demostrando su poder adquisitivo, lo que provocó la mirada desconfiada de sus vecinos.
En el 2015 conoció la cárcel cuando fue condenado a cinco años por robo agravado. Al salir de prisión, se reintegró a la banda y comenzó un ascenso meteórico hasta quedar como jefe de la banda, según confirmó el comisario Rolando Benítez, jefe del Departamento Contra el Crimen Organizado.
En su historial delictivo, que continuó escribiendo al salir de prisión, figura un intento de asalto a un camión blindado registrado en julio de 2026 en Yataity del Norte con enfrentamiento a tiros.
Por este hecho, y tras haber sido reconocido en el lugar, el fiscal Cristian González lo imputó por robo agravado en grado de tentativa y pidió su detención.
Junior no acudió a la llamada de los investigadores y se impartió orden de captura en su contra. Pero esta condición no le impidió pasearse por las fiestas del país, luciendo una gruesa cadena de la que pendía una enorme medalla con la forma de la letra “J”, para que todos –menos la Policía– sepan la inicial de su nombre y lo reconozcan en los bailes.
En la jineteada
El domingo 27 de setiembre, con su habitual atuendo y con un sombrero que le cubría la cabeza, llegó a una jineteada en Eusebio Ayala, Departamento de Cordillera, y fue saludado por el locutor de la fiesta con nombre y apellido.
Las cámaras de la transmisión lo captaron bailando cerca de Rebeca Martínez Aricayé y de Carolina Raquel Aguilar.
Tras un confuso incidente que se produjo en el interior de la fiesta, la investigación señala que Junior –junto a otros hombres, que serían miembros de su banda– supuestamente salió del local, cambió de vehículo y fue a buscar a las mujeres.
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Rebeca y Carolina fueron obligadas a subir a la camioneta blanca y, posteriormente, fueron ejecutadas en el cementerio de la ciudad de Eusebio Ayala, alrededor de las 05:20.
Las cámaras de seguridad instaladas en la zona captaron que las mujeres fueron embestidas por una camioneta Toyota Fortuner conducida supuestamente por Junior.
Horas después se escucharon disparos en las inmediaciones del cementerio de la ciudad, mientras dos trabajadores se preparaban para iniciar su jornada laboral.
Días después del hecho, el nombre de Junior saltó en la investigación liderada por la fiscala Norma Salinas y se pidió otra orden para detenerlo.
Desde la clandestinidad
El hombre habló primero con Monumental 1080 AM y luego con NPY, negando su participación en el crimen que conmocionó al país.
“Dicen que yo estuve en la Fortuner blanca. Yo llegué a la jineteada en mi camioneta, una Kia Sportage 2011 gris. Yo en ningún momento llegué a hablar con esta chica, en ningún momento me fui a bailar con ella, en el video se ve que yo estaba con mi pareja, con otra persona, yo no estaba en ningún momento con esta chica”, aseguró.
Este martes, luego de operativos infructuosos, la Policía logró dar con él casi de manera fortuita en Tebicuarymí, Departamento de Paraguarí. Se había despojado de los lujos y de sus costosas prendas.
Se presume que quedó sin la posibilidad de utilizar un vehículo y estuvo deambulando a pie por distintas localidades de la zona. Hasta que un vecino lo divisó esperando transporte de pasajeros a 5 kilómetros del casco urbano.
Sus pantalones estaban rotos, su remera a rayas azules y celestes estaba manchada con arena y no tenía su gruesa cadena de oro cuando agentes policiales lo abordaron y le comunicaron que estaba detenido.