24 jul. 2024

Apuntes sobre OEA y un recado personal

Mucho hemos reflexionado en estos días con amigos voluntarios presentes en la OEA sobre lo que está aconteciendo en materia de protección de los derechos fundamentales de las personas. Como testigo presencial, creo un deber redactar unas líneas sobre lo que vemos en el contexto de la Asamblea realizada en Paraguay después de 10 años.

Por un lado, hay un despliegue grande de recursos y burocracias, así como de seguridad, etc. Estar en la OEA cuesta plata al país, a los ciudadanos que pagamos impuestos, pero la OEA y sus oficinas también reciben dinero de gobiernos de otros continentes y fundaciones como la Open Society del multimillonario George Soros. Esta fundación, por ejemplo, como dice su propia página web, invierte dinero en programas y organizaciones internacionales “dirigidos a moldear las políticas públicas que promuevan la gobernanza”, para “reformas económicas, legales y sociales”. Ellos promueven varias agendas políticas de control poblacional como el aborto legal, el lobby lgbtiq+, la ideología de género que niega la identidad sexual natural, la despenalización de las drogas y otros.

Bien, en OEA no solo van las delegaciones oficiales de la Cancillería, vemos que hay unas 700 organizaciones civiles anotadas, la mayoría de las cuales son ONG que reciben financiación de fuera para adelantar y transversalizar agendas políticas de alcance social y cultural muy separadas de la realidad y de nuestros principios éticos y jurídicos nacionales, que priorizan conceptos como “derechos sexuales y reproductivos” pidiendo aborto legal y sin restricciones; género como construcción sociocultural, drogas, y ahora pusieron de moda la etiqueta “discurso de odio” para censurar las voces disidentes a su agenda de gobernanza globalista, especialmente contra cristianos.

Amigos, no es pecado “pensar diferente” y debatir ideas, pero lo que se vive dentro de la Asamblea de OEA en estos días ya no es disenso democrático nomás, sino lo contrario, más una dictadura relativista y hedonista de guantes blancos que usa el lenguaje como herramienta de poder. Son puros clichés los discursos y es vergonzoso el guiño político de OEA a plantillas impuestas por los financistas foráneos, incluso en temas jurídicos. Esta forma de proceder afecta directamente a la soberanía cultural y legal de las naciones miembro.

No vamos a superar la pobreza o la discriminación con “baño neutro”, el cual, además de irrespetuoso para las mujeres que debíamos compartir el mismo baño con varones, es solo una muestra del guiño de la organización con los poderosos lobbys. Pero también se sufre su hipocresía total porque esa “empatía con los vulnerables” se les acaba totalmente ante las graves denuncias de pobre gente disidente de Venezuela, Nicaragua y Cuba, por ejemplo, sobre la terrible situación de sus pueblos oprimidos por dictaduras genocidas. Ante esas realidades estos lobbys globalistas callan y dan la espalda a los vulnerables.

Es bueno escuchar al vicecanciller Víctor Verdún Bitar defender la posición conservadora de la Constitución, del gobierno y del pueblo de Paraguay; es bueno ver a la gente pacífica de afuera de la Conmebol, en la placita, rezando y esperando que sus gobernantes no los defrauden en temas esenciales; es bueno ver a jóvenes sanos pidiendo más libertad y democracia, pero con valores; es bueno el apoyo en las redes… Pero todo eso quedaría en el vacío, si no se actualizaran en la vida real esos valores que decimos defender. Gracias a Dios, hoy una vendedora de hortalizas conocida de mi familia me dio la clave que, en lo personal, me anima a pedir al gobierno y a OEA que no traicionen a los de abajo: Se trata de una señora sencilla, laboriosa y hoy sufriendo la pérdida de su hija fallecida, una abuela cuidando de su nietito huérfano, con total apertura a la vida, “para darle una familia” y “en nombre de Dios”, como dijo. Esto es lo que los políticos deben recordar cuando hablan en nombre de nuestro noble pueblo paraguayo y creo que, en gran medida, de toda América. Porque la realidad supera la ideología, así como el amor vence siempre.

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Luis Carlos Irala