31 ene. 2026

Colectivo in memoriam pasajero

La llave giró por última vez, acallando el ronco sonido del viejo motor. El caño de escape dejó escapar el humo que fue disipándose en ese momento para la eternidad.

Levantándose luego del largo recorrido, el chofer fue dirigiéndose hasta la puerta. Al salir hizo funcionar el mecanismo de cierre. Luego, tras sus pasos el silencio llenó el pasillo y los asientos que durante décadas fueron ocupados por miles de pasajeros de la línea 16-2.

De esta manera, imagino, culminado el ciclo de la empresa de transporte Unión SRL. Una más de las tantas que en los últimos años se vio obligada a colgar los motores al no poder sostener el servicio.

Como otras pocas que recorrían Asunción, en su trayecto esta línea abarcaba varias calles, sobre todo esas que si no tenías esa alternativa en el transporte público, como ir hacia al zona del Banco Central, por ejemplo, tenías (tenés) que andar a pie una buena cantidad de cuadras.

La ahora difunta 16-2 pasa a ocupar el limbo mecánico junto a otras líneas en el recuerdo, que en la década del 90 y buena parte de los inicios del 2000 formaban parte del paisaje cotidiano.

Varias de estas unidades estaban compuestas por los ómnibus chatarras. Desde lejos podías escuchar como iban llegando con su concierto de bulones, tuercas y toda la estructura metálica a punto de deshacerse en la siguiente cuadra.

Por dentro, varios de estos micros tenían sus pisos de madera, asientos de cuerina y luego de plástico, que eran una invitación a fritarse el trasero durante los 10 meses que dura el verano en este país.

Ni qué decir de las ventanas con vidrios comunes que podían estar durante meses rotos, con los pedazos colgando cual amenazante guillotina ambulante.

En Asunción y las avenidas principales de Central, estas unidades ya forman parte de un pasado reciente. Sin embargo, en el interior y sobre todo en sus compañías son todavía parte del día a día.

En este in memoriam pasajero arrancamos del olvido a las líneas17 y 3, con sus laberínticos e interminables recorridos. Si Colón hubiese usado uno de estos micros en sus expediciones no solo hubiese llegado a América, sino incluso a la misma Atlántida.

Tampoco dejemos de mencionar a las líneas 8, 24, 39, 25 y la 59. Todas estas eran el medio de locomoción para que los estudiantes pudieran llegar hasta la Facultad de Filosofía de la UNA, ubicada en el Ducado de Itá Pytã Punta.

Por supuesto que algunas eran vitales para que la juventud obrera y estudiosa pudiera volver a sus lejanos hogares, luego de las jornadas de extensión universitaria llevadas a cabo en Pinocho City.

Seguro que más de un noctámbulo extraña al 27 y 42, aún con la aparición del Búho. Ambas líneas lo salvaban a uno de la vasta soledad de las paradas compartidas con otros integrantes de la fauna que pululaba en las madrugadas.

Sobre todo, en aquellos años en que los pubs alternativos llenaban de vida Asunción. Luego fueron sumándose los que salían de las discotecas sobre la avenida Brasilia, movimiento liquidado por la ineptitud de Riera y su inútil edicto.

En este microrrelato, la memoria también aprovecha para expresar a viva voz ¡Ni olvido ni perdón! Recordando a esas jaulas giratorias, los antiguos molinetes.

Consistían en unos armatostes que parecían ideados por la misma Santa Inquisición y que al atravesarlo más de una embarazada rogaba que no se le acelerara el trabajo de parto ahí mismo en pleno pasillo micrero.

Ni qué decir como lo sufrían los niños que debían de arrastrarse hasta el piso para pasar debajo de ellos y llegaba a la escuela con el manchón negro, cual remera liberteña.

Los micros cambiaron. Muchos ya tienen aire acondicionado (cuando funcionan). Otros incluso tele. El mal servicio y la impunidad empresarial siguen. Nos quedan estos recuerdos agitándose en la mente como monedas que completaban el pasaje.

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