14 feb. 2026

Olla a presión

El horno no está para bollos y las papas empiezan a quemar. Utilizamos una alegoría gastronómica para hacer referencia a la coyuntura actual, en que el Gobierno intenta mantenerse en pie en torno a su imagen frente a la opinión pública ante la oleada de reclamos y exigencias de sectores organizados porque los compromisos de pago ya encendieron las alarmas.

Vayamos por parte dentro de sus grandes deudas, el Estado arrastra cuantiosos pasivos frente a las farmacéuticas por la provisión de medicamentos de laboratorios nacionales al sistema de salud (cartera del ramo, Instituto de Previsión Social, entre otros) llegando a la disconformidad y a las naturales llamadas de atención por el retraso en el cumplimiento.

Se suma el sector de las empresas constructoras, que ven cómo la actual administración del país prefiere mantener los niveles de déficit fiscal 2025, para alcanzar la meta del 1,5% del PIB el año venidero, antes que ir cumpliendo con su deuda por lo menos a cuentagotas. La cartera respectiva elude responsabilidades y arma una narrativa lejana a la realidad, en que se viene notando una ralentización de obras públicas, muy necesarias para el desarrollo.

La ejecución presupuestaria de 2025 no alcanza los niveles deseados, y como no se inyectan recursos monetarios al ámbito, las firmas y consorcios afectados presionan permanentemente para el cobro del dinero, que permitirá oxigenar el sector de obras y proseguir con el biorritmo propio beneficioso para la infraestructura pública.

El programa Hambre Cero, principal caballito de batalla del Ejecutivo, también atraviesa bemoles perjudiciales entre los proveedores del Estado porque no cobran a tiempo e incluso hay amenaza de cortar la distribución de insumos, lo que es paliado (así como hacia los demás ámbitos citados), con nuevas promesas y recalendarización de abonos desde el Tesoro.

Si bien es justo mencionar que el espectro del transporte público ya está colapsado, con una verdadera mafia de empresarios detrás que sigue exigiendo al Gobierno el pago de subsidio por el boleto interurbano; se trata en definitiva de otro sector que expone quejas y lágrimas por el bicicleteo que hace el erario público, embretado por calzar los recursos para que no se disparasen los números en rojo.

Las cifras de la macro, que todavía son expuestas con orgullo y hasta con arrogancia por parte de los altos funcionarios, ya no tienen el mismo dulzor de hace unos años. La estabilidad económica, la inflación relativamente controlada y la cotización del dólar que está permitiendo un mínimo respiro al bolsillo, ya no surten los mismos efectos cuando la microeconomía busca llegar a fin de mes con algo de dinero, mientras los precios se elevan a las nubes.

Frente a la decepción (y hasta desesperación) de rubros que no le pueden cobrar al estamento público, también están los sectores menos favorecidos y que no tienen la fuerza para organizarse e ir a Mburuvicha Róga a plantarse, para que se les pueda ayudar con refinanciación o asistencia temporal, con el fin de levantar la cabeza de nuevo y no quedar ahogados.

En la vereda de enfrente se ubican los que ya están mejor, aquellos privilegiados con licitaciones amañanadas, nepobabies atornillados a jugosos sueldos estatales sin mérito alguno, familiares y amantes del poder que gozan de las mieles que brindan las binacionales y los altos cargos, sin ruborizarse.

Ante las circunstancias descritas, el Gobierno apela al mero populismo, con el fin de amainar los furibundos reclamos. Establece feriados, para que el pueblo disfrute de más días de relax, pretende transformar el calendario de vacaciones de invierno 2026 para que coincida con el Mundial de Fútbol y hasta Petropar baja el precio de sus combustibles. Simples grageas que no solucionan la cuestión de fondo, tan solo para que la olla a presión (nueva cita gastronómica) no explote de una vez.

Más contenido de esta sección