Con un telefonazo a los ministros de la Corte, el entonces presidente de la República, en 1992, dijo textualmente: “Esto hay que parar”. Lo dijo Andrés Rodríguez, al enterarse del hallazgo de las documentaciones.
La historia de cómo pasó todo, la cuentan a detalle el entonces juez de Crimen Organizado, José Agustín Fernández, y Rosa Palau, coordinadora del Museo de la Justicia.
Todo comenzó con un hábeas data, impulsado por Martín Almada, un abogado víctima de la detención y tortura durante tres años en la época stronista.
Su lucha incansable, junto al entonces juez Fernández, logró detectar e incautar todos los documentos que hoy forman parte de los Archivos del Terror en el Museo de la Justicia, resguardado por el Poder Judicial, cuyo nombre oficial es el Archivo del Centro de Documentación y Archivo para la Defensa de los Derechos Humanos.