La maternidad puede resultar una de las mayores experiencias en la vida de una mujer, pero al mismo tiempo es una de las etapas más desafiantes, más aún en estos tiempos de modernidad. De madres que permanecían en sus hogares para ejercer la crianza a tiempo completo y ocuparse de las labores domésticas, hoy se transita hacia el desafío de maternar sin abandonar la vida profesional.
En la actualidad, muchas madres tienen la necesidad de trabajar fuera de casa, lo que ya representa como un primer desafío cuando el hijo es pequeño. A eso se suma la falta de tiempo y la carga emocional que debe sortear para poder equilibrar el ámbito laboral con el personal.
Arami Pereyra es sicóloga, bailarina y profesora de danza. Pero desde que llegó Terzito o, como ella lo llama con mucho amor, “mi gordito”, ella es mamá a tiempo completo. Sus días arrancan bien temprano, cuando el sol aún ni se asoma desde que adoptamos el horario de verano como único en el país, y terminan alrededor de las 22:00.
Aunque cuenta con horarios laborales flexibles y con el apoyo de su pareja, la abuela y niñera, pasó por el reto de conciliar su trabajo con la maternidad; reconociendo que su tiempo lo comparte con Terzito y que la independencia que tenía antes de ser mamá se transformó.
“Esa organización que hay que tener, esa constancia, es lo que más me costó hasta ahora”, señala y cita este ejemplo: “Si tenés que estar (lista) para las tres de la tarde, tenés que empezar a prepararte a la una. O sea, casi dos horas de antelación para salir tranquila, porque todo un tema es prepararte vos, tus cosas, preparar las cosas de él y tener que salir con él. Entonces, creo que hasta ahora eso fue lo más difícil”.
El proceso de maternar implica muchos cambios para una mujer, más allá de lo físico, las hormonas y las emociones únicas que experimenta cada una al tener a sus bebés en los brazos. Durante esa metamorfosis, las mamás ven y deciden de otra manera: no se trata de renunciamientos, sino de elegir las prioridades, la paz mental y el bienestar de su familia.
“Mamá con alas”: La maternidad de una tripulante
Una situación similar vivió Zoraida Benítez cuando, hace seis años, se enteró de su embarazo. En aquel entonces, como tripulante de cabina en vuelos comerciales, tuvo que hacer una pausa para cuidar de su “pancita”, ya que se trataba de un embarazo de riesgo.
Su emprendimiento como instructora de pilates también quedó en suspenso, pero no se arrepiente de nada. Afirma que todo lo que hace es para y por su hijo, quien es el “motor de su vida, su compañerito de todos los días”.
La conciliación laboral y la maternidad fue un enorme desafío para Zora al no querer dejarle a su bebé, sobre todo considerando la complejidad del trabajo de una tripulante, que implica irse entre 12 y 15 horas o dormir fuera de la casa.
Luego de poner una pausa a su pasión de estar por el cielo, ella pudo organizarse para retomar con su trabajo sin descuidar a su hijo Lucas.
“Si yo vuelo por la mañana, a veces me despierto entre las dos o tres de la mañana para prepararme porque tengo que estar en el aeropuerto a las 05:00 o 4:35, dependiendo del vuelo. Entonces, mi marido es el encargado de llevarle al cole”, cuenta.
Cuando hace vuelos en los que puede llegar al mediodía, se encarga de buscar a Lucas del colegio y ya se ponen al día de cómo les fue en las primeras horas de la jornada. En casos de que su vuelo se demore más tiempo en arribar, Zora cuenta con una aliada clave, la que de alguna manera u otra siempre está: Su mamá.
Desde su experiencia, Zora asume con franqueza que todas las madres son distintas y que cada día constituye un desafío “para nosotras y también para ellos” (nuestros hijos o hijas).
En ese rol de madre que decidió asumir, tuvo que priorizar el tiempo y elegir un trabajo que le permitiera seguir siendo mamá presente. Sobre ese punto, mencionó que rechazó un puesto en una aerolínea con mejor remuneración, pero que implicaba estar fuera de casa mucho tiempo.
“La estabilidad laboral y la estabilidad económica tuve que dejar un poco de lado en ese momento para darle prioridad a las primeras etapas de mi hijo”, señala.
Zoraida menciona que “con amor todo se puede” y en ese sentido, coincide con Leticia Galván, que describe ese sentimiento como un propulsor para vivir la maternidad y al mismo tiempo, reconocer los propios límites.
La importancia de una red de apoyo
Leticia se desempeña como directora financiera y administrativa del Museo de Ciencias (MuCi). Actualmente, goza de su permiso de maternidad por el nacimiento de su segunda hija, Julieta, de tres meses. Su hijo mayor, Benjamín, tiene 3 años.
“Mi día a día es despertarme, me levanto muy temprano para ver todas las cosas que necesitan los niños. Ahora estoy el permiso de maternidad, pero cuando vuelva al trabajo, organizo primero todas las cosas de los niños, después miro todo lo que es para mí”, afirma.
Para ella es importante la red de apoyo con la que cuenta. “Me ayuda a ser mejor mamá, porque yo confío en el criterio de la otra persona y entonces ellos también me dan su opinión sobre las cosas que le pasa a mi hijo”.
Cuando ella fue madre primeriza, lo primero que le vino en la mente fue dejar de trabajar, sin embargo, le salió una oportunidad laboral muy importante que no quiso dejar pasar. Sin embargo, confiesa que al principio le costó mucho.
“Pero gracias a la red, gracias a la gente que le cuida con amor también a mis hijos, yo puedo trabajar. Lo que puse en pausa realmente fue mi vida social, prioricé estar más con mis hijos y los amigos que aceptaban eso”, indica.
Letizia resalta que al principio la lactancia fue lo más difícil para ella, pero con el tiempo se dio cuenta que eso solo era una pequeña parte y señala que “lo realmente complejo es que cuando sos mamá y te das cuenta de todos tus límites”.
“Estar bien para cuidar bien”
Cada mujer atraviesa por desafíos distintos, porque cada bebé es un mundo aparte, único en esencia, sobre todo cuando son primerizas, los miedos son más abrumadores y se puede vivir una experiencia casi solitaria, según describe Bianca Parra Roig.
Ella es médica cirujana con una especialización en medicina integrativa que combina lo convencional con lo natural para tratar síntomas físicos derivados del estrés crónico y el estilo de vida.
Como mamá primeriza y profesional que acompaña a otras madres, reflexionó sobre la necesidad de contar con una red de apoyo, especialmente en tiempos donde las madres se sienten más agotadas y bajo la presión constante de la perfección que se imponen en las redes sociales y en la sociedad.
Bianca sostiene que pensar en el bienestar propio no constituye un acto egoísta, sino que se trata de una inversión para estar bien para tu hijo o hija.
“Uno no tiene que tener miedo de pedir ayuda”, asegura respecto a maternar.
Los grupos de contención son espacios donde se intercambian experiencias y conocimientos, además de apoyarse cuando se sienten juzgadas. Esa red puede ser tus amigas, la familia u otras mamis.
Desde un enfoque de derecho, como regalo por el Día de la Madre, todas se inclinaron por reevaluar el tiempo que se destina en los permisos tanto de maternidad como de paternidad. En Paraguay, la legislación establece para las mujeres una licencia remunerada de 126 días (cuatro meses), mientras que a los papás se les otorga solamente 2 semanas (15 días).
Por ello, las madres consultadas por Última Hora abogan por ampliar esa licencia por al menos seis meses e incluir al papá, a fin de que también pueda ejercer su derecho de paternar.
Por otra parte, algunas de ellas también se inclinaron por políticas públicas enfocadas en guarderías seguras y de calidad, donde pueda haber terapistas ocupacionales, fonoaudiólogas, profesoras formadas que pueden dar más beneficios a los hijos e hijas.
Los desafíos de maternar en Paraguay
Marcela Archinelli, docente e investigadora en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), es mamá y, desde su profesión, se enfoca en políticas de cuidado.
La experta explica que el cuidado de terceras personas o la crianza históricamente se han asignado a la mujer, un trabajo que se desvaloriza “porque no se ve”.
Cuando no se reconoce la importancia de un trabajo reproductivo, como lo es la crianza, se subvalora en términos económicos, de acuerdo con Archinelli.
Al respecto, mencionó que el mercado laboral tradicional se centra en lo productivo, mientras que las políticas de cuidado buscan que el sistema económico reconozca el trabajo reproductivo, que finalmente cuida la vida y “se supone que es lo más importante”.
Si bien Paraguay avanzó en políticas de cuidado, impulsadas desde movimientos sociales y feministas, la experta asegura que aún hay una brecha en su implementación.
“Las guarderías anexas al trabajo ya aparecen en el Código Laboral del 95 y aún hoy es algo que está distante de llevarse a la práctica en las empresas, tanto en el sector público como privado”, señala.
La conciliación laboral, que establece medidas flexibles tanto en la entrada como en la salida de los colaboradores y colaboradoras, es otra medida que pocas empresas llevan a la práctica. Además de tener un trabajo formal o informal, las mujeres se ocupan de otros roles y poco o nada se piensa en su bienestar.
“El rol de la madre es reconocido por su importancia, pero ¿qué tanta importancia le damos cuando hablamos de las políticas públicas? ¿Qué tanto estamos visibilizando ese rol? Y por otro lado, también reconocer que una mujer no solamente es una madre o el concepto de madre puede ser ampliado también”, reflexiona.
Archinelli observa como “una mala costumbre” social el estar siempre juzgando “a aquella persona que está haciendo lo mejor que puede”.
La experta también plantea el derecho de ejercer la paternidad como una forma de fomentar la corresponsabilidad en los hogares, que implica que ambos estén presentes, no solamente la mamá.
“Los dos empiezan a ser padre y madre al mismo tiempo. Entonces, ahí no hay una ventaja, que es lo que muchas veces la sociedad también nos quiere mostrar. Lo que pasa es que la mujer entre comillas tiene una ventaja. Y en realidad nosotros no tenemos una ventaja, aprendemos al mismo tiempo hombres y mujeres a ser padres o madres”, enfatizó.
Como conclusión, Archinelli considera que el reto actual es el verbo cuidar, que se conjuga en femenino (ella cuida, nosotras cuidamos), para que el cuidado sea un derecho universal compartido.
“El verbo cuidar está desarrollado como yo cuido, tú cuidas, ella cuida, nosotras cuidamos, ustedes cuidan, ellas cuidan. Está todo en femenino. Y lo que deberíamos de romper es justamente que ya no sea solamente ella o ellas, sino que sea él y ellos, que sea una cuestión mucho más equilibrada y mucho más equitativa, porque lo que buscamos justamente siempre en pos del desarrollo humano es la igualdad de condiciones”, finaliza.