La reforma significa mayor calidad y más buses para los ciudadanos”, remarcan con frecuencia las autoridades respecto al transporte público y la tan esperada reforma. Sin embargo, el ciudadano que depende del transporte para llegar al trabajo o al estudio cada día, no está notando mejora alguna. Falta, sin duda, mayor celeridad en las acciones y las decisiones.
Desde el Viceministerio de Transporte, del Ministerio de Obras Públicas se había impulsado la Ley de Reforma del Transporte Público, normativa que ya fue promulgada y que establece el marco para la organización y el funcionamiento del sistema de transporte público metropolitano.
Según explicaron, la reforma busca mejorar la experiencia cotidiana de los ciudadanos, mediante un servicio más moderno y eficiente y aseguran que el cambio va más allá de la renovación de buses, pues plantea una nueva forma de organizar, financiar y controlar el sistema.
En términos de retórica se puede apreciar como algo positivo que, al fin un Gobierno haya dado el primer paso hacia la mejora de un servicio tan esencial para la población. No obstante, hasta el momento, la tan ansiada mejora del servicio no se ha hecho tangible para los usuarios.
Precisamente, en el estudio del Presupuesto 2027 por la Comisión Bicameral de Presupuesto surgieron críticas a la gestión del Ministerio de Obras; la cartera tendrá asignados unos G. 9,2 billones, lo que representa un crecimiento de hasta 34,2% y lo que se critica son los avances de algunas obras, así como también el aumento en el gasto para el subsidio al transporte público pese a que no se observan mejoras en el servicio.
“Una vez más vemos un presupuesto que cuando habla de subsidio, habla de deuda. No como una crítica al subsidio, pero eso debería venir con un servicio eficiente. Y, por el otro lado, acá se debe hablar de una inversión que no existe. Acá vemos un presupuesto que no apunta a la reforma. Todavía es una reforma que se aprobó, una ley que otorgó ciertas herramientas, pero no vemos avances”, expresó el diputado Raúl Benítez.
Quienes gestionan el servicio de transporte y son al mismo tiempo críticos consideran caótica la situación del transporte, y que está siendo manejada con impericia. César Ruiz Díaz, presidente del Centro de Empresarios de Transporte de Pasajeros del Área Metropolitana, Cetrapam, cuestionó la reforma del transporte público, “que se vendió con bombos y platillos”, la incorporación de 1.000 buses eléctricos; sin embargo, la realidad en las calles es que “sigue habiendo más de lo mismo”.
Mientras tanto, los usuarios por su parte, se encuentran completamente abandonados a su suerte. Entre las quejas habituales sobre las demoras y al excesivo tiempo de espera, así como también al estado de las unidades, aparecen también los lamentos por los buses que ya no ingresen a los barrios, y, en este sentido, aseguran que en las troncales que serían las arterias principales, la frecuencia de las unidades es mínima.
En un recorrido que había realizado Última Hora los pasajeros relataron que los buses internos solo circulan hasta 17:00 o 18:00, por lo que deben abonar hasta cuatro pasajes por día para llegar a sus casas o en muchos casos, afirman que deben utilizar plataformas como Bolt o Uber, por la distancia que deben caminar desde la ruta debido a que no ingresan los colectivos.
Una usuaria que reside en el barrio Pa’i Ñu de la ciudad de Ñemby había lamentado que en la calle Pratt Gill, que divide a dicha ciudad con San Lorenzo, solo circula la Línea 133, y por eso ella debe abonar hasta cuatro pasajes por día para llegar a su trabajo en el barrio Republicano de Asunción.
“Me tengo que ir todos los días hasta la parada del 31 en mi trabajo en el barrio Republicano de Asunción y pago cuatro pasajes, tengo que salir tres horas antes o si no llego tarde porque espero demasiado”.
Otra usuaria compartió que debe esperar más de media hora la Línea 167 todos los días sobre la avenida Avelino Martínez para ir a su trabajo en el microcentro de Asunción. “Tengo que salir de mi casa como a las 12:20 y en mi trabajo entro a las 14:00, si no salgo antes no encuentro, después a la noche ya no hay y a veces vuelvo en Bolt a mi casa”.
Estos testimonios de ciudadanas cansadas del pésimo servicio son la razón principal para apresurar los cambios, porque los usuarios del transporte público ya no pueden seguir padeciendo las cotidianas humillaciones en un servicio que atenta contra su calidad de vida.