Transchaco, hacia la misión olvidada. Alain Keralenn, editorial Servilibro.
Julien, un joven etnólogo francés, llega al Chaco paraguayo siguiendo el rastro de una antigua misión jesuítica y un tesoro legendario.
Lo que inicia como una búsqueda académica se transforma en un viaje cargado de peligros y sorpresas, donde el idealismo del protagonismo choca con la cruda y fascinante realidad de una región donde nada es lo que parece.
Más que una aventura, Transchaco no es solo una historia de acción, es un homenaje a la complejidad de nuestra región occidental. A través de un ritmo ágil la trama nos conduce por un laberinto de intereses donde convergen menonitas ganaderos pueblos indígenas y autoridades locales.
Para el lector paraguayo, esta obra ofrece una mirada que evita los clichés y las idealizaciones.
El Chaco se presenta con toda su belleza, rudeza y misterio, actuando como un personaje que desafía a quienes se atreven a recorrerlo. Es una celebración de la diversidad humana y de las historias que laten bajo el polvo de sus caminos.
“Desde arriba, el paisaje del Chaco se apreciaba con claridad. Algunos tractores arrasaban los últimos pedazos de selva, dejando a su paso cicatrices abiertas.
El trazado de las parcelas seguía una línea recta, repetitiva, implacable. Una manta de retazos geométrica sustituida el desorden de la vegetación.
“¿Belleza? El calificativo no era exagerado. Luego de atravesar el ancho río, la llanura cambiaba de apariencia por momentos. Luego de las tierras pantanosas, donde los bovinos jugaban a ser hipopótamos, se sucedían suelos arenosos tachonados de palmeras hirsutas hasta el horizonte. De vez en cuando, las entradas de grandes estancias, señaladas con un cráneo de vaca, iban marcando la progresión. Indiferentes al paso de los vehículos, grandes aves zancudas acechaban para atrapar una rama o un insecto. Al menos en apariencia, el Chaco aun conseguía resistir al avance humano…”.