13 sept 2026

El Paraguay “Nunca jamás será el patrimonio de una familia”

En un nuevo aniversario de la muerte de Carlos Antonio López, el 10 de setiembre, resulta oportuno volver la mirada hacia los acontecimientos que rodearon su sucesión. Antes de 1862, se conformaron tres congresos y dos reformas constitucionales, destinados a remover y favorecer las condiciones que podían obstaculizar la llegada de Francisco Solano López a la Presidencia.

Casa de Gobierno durante la presidencia de Carlos Antonio López.jpeg

Casa de Gobierno durante la presidencia de Carlos Antonio López. En el segundo piso sesionaron ambos congresos de 1856 y 1857. Fotografía tomada por los brasileros en 1869.

Foto: BNDigital do Brasil.

En 1854, se cumplía el plazo de diez años de la presidencia de Carlos Antonio López, por lo que el Congreso se reunió en Asunción el 14 de marzo. El mensaje de Carlos Antonio López al Congreso hacía el balance de su administración completa: Obras públicas, organización del Ejército, tribunales, rentas del Estado, relaciones exteriores, el Arsenal, el ferrocarril en construcción, la imprenta, la navegación fluvial. Era el informe obligatorio de fin de mandato; además, solicitaba alterar los artículos 1° del Título 2° y los artículos 2° y 5° del Título 4° de la ley constitutiva. Los cambios propuestos eran:

- Modificar el requisito de edad: La ley de 1844 exigía 45 años. CAL proponía reducirlo a 29 o 30 años.

- Modificar el requisito de fuero: La ley exigía “ciudadano paraguayo del fuero común”. CAL proponía admitir a candidatos “de cualquier fuero”, lo que habilitaría a un militar activo.

- Modificar el requisito de capital: La ley exigía un capital mínimo de 8.000 pesos fuertes. CAL proponía simplemente “un capital regular”, sin cifra fija.

- Otorgar al presidente la facultad de nombrar por sí un vicepresidente interino mediante pliego cerrado, sellado y depositado en la oficina del Juzgado Superior, a abrirse ante las autoridades competentes en caso de muerte súbita del presidente.

José Falcón, testigo ocular, es taxativo sobre el propósito real de estas reformas dejaba escrito:

“Esta era ya una astucia refinada, que meditaba para más tarde calzarle la Presidencia de la República a su hijo Francisco Solano López, porque, según la Ley, por la carrera militar que le hizo seguir, nunca podría serlo; por la edad, debía llevar mucho tiempo para alcanzarla”.

En la misma sesión del 14 de marzo, el Congreso aclamó a CAL para un segundo decenio. CAL rechazó la reelección invocando su quebrantada salud. La Representación Nacional insistió en que el pueblo le pedía aceptar. CAL respondió que se resignaba a obedecer al pueblo, pero no por el decenio completo: aceptaría solo tres años más, hasta el 14 de marzo de 1857. Falcón lo califica directamente de farsa comparable a las de Rosas:

“Esto parece muy semejante a aquellas farsas que usaba el gobernador Rosas con su Sala de Representantes para entronizar su despotismo”.

Con fecha 17 del mismo mes y año –tres días después de la sesión inaugural– el Congreso Nacional aprobó todos los actos del gobierno consignados en el Mensaje y emitió una resolución sobre las reformas propuestas.

Falcón transcribe el texto íntegro del acta:

“En lo que respecta a las reformas de la ley del 13 de marzo de 1844 en sus artículos 1° del Título 2° y artículos 2° y 5° del Título 4° ha tomado el Congreso en alta consideración esta grave materia y juzga convenientes y necesarias las anunciadas reformas de los artículos indicados, por las razones que ha demostrado el Gobierno; y en esta conformidad convocará un Congreso General con poderes especiales para verificar la reforma con arreglo al artículo 4° del título 10 de dicha Ley”.

Es decir, el Congreso de 1854 no aprobó directamente las reformas –no tenía poderes especiales para hacerlo–, pero las declaró “convenientes y necesarias” y comprometió al Gobierno a convocar un Congreso especial.

El Congreso General con poderes especiales se reunió en número de cien diputados el día 3 de noviembre de dicho año 1856.

El procedimiento interno, tal como lo relata Falcón, siguió la forma acostumbrada de estas asambleas:

“Abiertas las sesiones se nombró una comisión del seno del mismo Congreso para examinar y apreciar si estaban en debida forma los poderes presentados por los diputados, los cuales habiéndolos encontrado en buena y debida forma se presentó el proyecto de reforma de la Ley, en los términos que había propuesto el Presidente, la que sin discusión alguna fue aprobada y sancionada por Ley de la República”.

Como consecuencia de separar la magistratura judicial de la sucesión presidencial, el Poder Ejecutivo suspendió el Juzgado Superior de Apelaciones. Para suplir las instancias de los juicios, se crearon dos jueces de Segunda Instancia (uno en lo Civil y otro en lo Criminal) y se estableció un reglamento de juzgados eventuales de súplica, nulidad o injusticia notoria.

Casi todo el andamiaje legal estaba construido, solo faltaba usarlo, pero sin embargo, cuando en febrero de 1857 CAL convocó a la Representación Nacional para elegir a su sucesor y la Asamblea se reunió el 14 de marzo, lo que ocurrió fue exactamente lo contrario de lo que esa ingeniería legal parecía anticipar.

Falcón, testigo ocular, narra la sesión con detalle y la enmarca antes de describirla:

“En este Congreso Don Carlos López había mudado ya de parecer, no se encontraba más en disposición de dejar el Gobierno como lo manifestó con insistencia el año 54, aunque esto no pasaba de apariencia, en la confianza de que sus adeptos harían toda oposición para que continuase en el mando”.

CAL abrió las sesiones como presidente del Congreso, presentó su mensaje y dijo a los representantes “que podían proceder a la elección y nombramiento del que debía sustituirlo en el mando de la República, pues que debía hacerse y resolverse en aquella misma sesión, sin retirarse ninguno hasta quedar nombrado y proclamado el que fuese electo”. Pero Falcón explica que el pueblo le había creído la renuncia de 1854:

“El pueblo estaba ya aburrido de un Gobierno tan largo y despótico, aunque no era tirano, pero ya fastidiaba el absolutismo; así es que, creyéndose por primeras su fingida exposición del año 54 de dejar el Gobierno, y luego aceptar por solo tres años, se preparaban los hombres a presentar varios candidatos para la Presidencia desde que se convocó el Congreso, lo que llegado a noticia de López, que había estado muy distante de abandonar el puesto, tomó todas las precauciones que le sugería su ambición para quedarse otra vez a todo trance”.

Se propusieron candidatos:

“Don Andrés Gill, Don Vicente del Valle, Don José Berges, etcétera, y aunque merecieron alguno de ellos el voto de la mayor parte de los representantes, López, como Presidente del Congreso que tenía la fuerza, los rechazó a todos por ineptos. Un diputado, anciano honorable, el señor Laguardia, que quiso sostener con insistencia, fue echado del Congreso por López, y otros feamente reprendidos”.

Williams Stewart, que conoció personalmente a Laguardia antes de que este muriera casi centenario, recoge lo que el anciano le dijo: “Nunca perdonó a López por la forma insolente con que usurpó el poder”, y que López lo había advertido de antemano “que guardara silencio”. Tras la expulsión de Laguardia, ”quedó muda la Asamblea; por más que el Presidente, que veía palpablemente el disgusto de los Representantes de la Nación, les instaba para que hablasen, nadie quería hacerlo, porque ya se dejaba comprender que lo que quería era que lo reeligiesen otra vez a él en el mando”.

LA ESTRATEGIA DE ROSAS

Charles Washburn ofrece una versión algo distinta del mismo momento: según él, CAL había imitado la estrategia de Rosas de renunciar para ser rogado:

“Pero manejó el asunto de una manera tan torpe que su plan terminó en un fracaso ridículo. Cuando envió al Congreso el mensaje en el que afirmaba que renunciaba a ser reelegido, descuidó la precaución de comunicar confidencialmente a algún allegado que en realidad no hablaba en serio. Los congresistas, tomados por sorpresa, le creyeron y pensaron que su decisión era definitiva. Dando por sentado que el anciano pretendía que Francisco Solano fuese su sucesor, uno de los miembros lo propuso como candidato, y ya había sido elegido por unanimidad cuando el viejo se enteró de que su ingenuo Congreso lo había tomado al pie de la letra.”

Al ver esto don Carlos, tuvo que intervenir:

“Con muestras de mucha incomodidad dijo Don Carlos, ‘cómo podrá ser general del Ejército y a la vez Presidente, ¡o qué dices!, dirigiéndosele a él mismo, ¡aceptas o no!'; naturalmente el hijo, por más ganas que hubiese tenido de cargarse el bastón, con aquella demostración de su padre, no se animó a aceptar y rechazó, aunque con repugnancia”.

LA REELECCIÓN

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Fidel Maíz

Tras el rechazo de Francisco Solano López, vino un segundo silencio prolongado, hasta que otro diputado propuso la reelección de CAL, y este la aceptó inmediatamente. Falcón calcula el resultado:

“Con este un solo voto pronunciado, contra 99 de mutismo, se apresuró en levantar el acta, de que la Representación Nacional le había reelegido, con aquellas formas farsaicas que se usan en estos casos, levantando luego la sesión, puesto que ya se había asegurado por tercera vez en el mando”.

Al parecer, así, CAL quedó reelecto hasta completar el segundo decenio, es decir hasta marzo de 1864, pero no llegó. Falcón dice: “La parca inexorable descargó su terrible golpe de muerte sobre el hombre que tanto se afanaba sin duda para morir en el mando”. Murió el 10 de septiembre de 1862, y su hijo se apoderó del gobierno sin intermediarios, a pesar del artículo 2° del acta del 25 de noviembre de 1842, que Falcón transcribe literalmente:

“Nunca jamás será el patrimonio de una persona o de una familia”.

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Charles Whasburn

Cláusula que fue precisamente la que emergió como arma legal contra la candidatura de Francisco Solano en 1862; la reacción de López a esto se ofrecen tres versiones matizadas.

En la versión de Falcón, Francisco Solano simplemente, “con visibles muestras de incomodidad”, pidió silencio y sometió a votación la cuestión de “si debía considerarse como un derecho hereditario su nombramiento como presidente”; los diputados, aterrados, pues el Congreso se encontraba rodeado por el Ejército, votaron que no.

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Juan Crisóstomo Centurión

En la de Stewart, López respondió con un argumento de autoridad: “Si el Gobierno de la República fuese hereditario, no tendría necesidad de convocar al Congreso”, tras lo cual los aduladores “reprobaron unánimemente la opinión del diputado Varela”.

En el relato de Washburn, el más detallado de los tres, la respuesta provino de otro diputado, Vásquez, quien ofreció una interpretación sofística de la cláusula constitucional: la prohibición no significaba que el Congreso no pudiera elegir libremente al hijo de un ex presidente, sino únicamente que “ningún Presidente debía transmitir jamás su poder a un miembro de su familia por testamento o por decreto oficial, mientras que el Congreso podía elegir a quien le pluguiera”.

Según Washburn, Varela quedó satisfecho con esta explicación y votó a favor; sin embargo, inmediatamente después fue arrestado, sus bienes fueron confiscados y nunca volvió a salir con vida de la cárcel.

Luego en el cargo, encarceló a uno de los hombres que el padre había puesto como garante, al juez Manuel Ignacio Lezcano; en menos de dos años lanzó al Paraguay a la guerra que el padre había pasado veinte años evitando y hasta advertido:

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José Matías Falcón

* “En su lecho de muerte Carlos Antonio López a su hijo, en cuanto a que el Paraguay tenía muchos asuntos diplomáticos pendientes, y que él, Francisco Solano López, debía resolverlos con la pluma y no con la espada, ‘especialmente con Brasil”.

* Carta de Fidel Maíz a M. L. Olleros, Arroyos y Esteros, 12 de septiembre de 1905, citada en Olleros, Alberdi a la luz de sus escritos en cuanto se refieren al Paraguay.

Fuentes primarias paraguayas (memorias y testimonios de protagonistas):

José Falcón, Escritos históricos (edición, estudio introductorio y notas de Thomas L. Whigham).

Juan Crisóstomo Centurión, Memorias o reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay (edición original, cuatro tomos).

Fidel Maíz, Etapas de mi vida.

Fuentes primarias extranjeras (testimonios de residentes y diplomáticos):

Charles Ames Washburn, The History of Paraguay, with Notes of Personal Observations, and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties, vols. 1 y 2.

Jorge Federico Masterman (George Frederick Masterman), Siete años de aventuras en el Paraguay (traducción española de Seven Eventful Years in Paraguay, 1870).

Guillermo Stewart (William Stewart), Memorias del Doctor Guillermo Stewart (edición de Yolanda C. Stewart Sellitti).

Investigador.
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